domingo, 12 de diciembre de 2010

LA BUSQUEDA DE LA FELICIDAD


Todos los seres humanos, sin excepción aspiramos a la felicidad, nadie desea sufrir. Todos queremos lo mejor para sí mismo.

A pesar de que la vida se ha vuelto físicamente cómoda y relativamente fácil, debido a los inventos modernos, el hombre no es realmente feliz, ni tampoco el mundo se ha vuelto mejor. ¿Pueden los inventos científicos hacernos realmente más felices? ¿Qué ha hecho la ciencia por nosotros? ¿Ha contribuido la ciencia a la felicidad del hombre?.  La respuesta es que no. Se han multiplicando las necesidades y los lujos humanos.  Dar satisfacción a los sentidos se ha convertido en la meta de la vida, hay corrupción en todas partes, la honestidad y la amabilidad han desaparecido, hay crueldad, injusticia y atrocidad en todos los lugares.

Esta es la edad de hierro o Kali Yuga. El deber o “dharma” ha dejado de cumplirse, la simplicidad se ha desvanecido, los hábitos y forma de vida lujosas se multiplican. A nadie asombra ya que haya desempleo en todas partes. La gente se muere de hambre. Los casos de divorcios se multiplican. Hay inquietud por doquier. Cada nación sospecha que las demás se preparan para una guerra. La vida se ha vuelto violenta y turbulenta.

El hombre desea felicidad, evita el dolor, y remueve el cielo y la tierra para obtener la felicidad que desea de los objetos sensoriales. Desconoce que esos objetos son perecederos y por eso fracasa al tratar de obtener de ellos la  felicidad.

La persona mundana está siempre sumida en la tristeza, siempre lucha por obtener algo, dinero, poder, posición etc. vive siempre en estado de ansiedad por si lo conseguirá o no; o incluso cuando al fin posee lo que tanto deseó, le atormenta terriblemente la idea de perderlo. Ninguna persona está, pues, contenta en este mundo. Nadie es feliz.

Hemos progresado en lo material, pero necesitamos algo más que los objetos externos par ser felices. Nadie nos puede proporcionar la felicidad, y no hay ningún factor externo que sea responsable de la misma. Sólo se consigue mediante nuestro desarrollo interior. La felicidad está determinada más por el estado mental que por los acontecimientos externos.

El Dalai lama en cierta ocasión dijo: " Creo que el propósito fundamental de nuestra vida es buscar la felicidad. Tanto si se tienen creencias religiosas como si no, si se cree en tal o cual religión, todos buscamos algo mejor en la vida. Así  pues, creo que el movimiento primordial de nuestra vida nos encamina en pos de la felicidad. Y estoy convencido de que se puede alcanzar la felicidad mediante el entrenamiento de la mente. Sin embargo aunque es posible alcanzar la felicidad, ésta no es algo simple, existen muchos niveles."
Si  abordamos la alegría y la felicidad tal como la entendemos desde una perspectiva mundana, comprobaremos que hay ciertos elementos clave que contribuyen a estos. La buena salud, por ejemplo, se considera un elemento necesario de una vida feliz. Otra fuente de felicidad son nuestras posesiones materiales o el grado de riqueza que acumulamos. Y también tener amistades o compañeros. Todos reconocemos que, para disfrutar de una vida plena, necesitamos de un círculo de amigos con los que podamos relacionarnos emocionalmente y en los que podamos confiar. Todos estos factores son, de hecho, fuentes de felicidad. Pero para que un individuo pueda utilizarlos plenamente con el propósito de disfrutar de una vida feliz y realizada, la clave se encuentra en el estado de ánimo.
En la actualidad hay sociedades materialmente muy desarrolladas en las que mucha gente no se siente feliz. Por debajo de la brillante superficie de opulencia hay una especie de inquietud que conduce a la frustración, a peleas innecesarias, a la dependencia de las drogas o del alcohol y, en el peor de los casos, al suicidio. No existe, pues, garantía alguna de que la riqueza pueda proporcionar, por sí sola, la alegría o la satisfacción que se buscan. Lo mismo cabe decir de los amigos. Desde el punto de vista de la cólera o el odio, hasta el amigo más íntimo parece glacial y distante.
Todo esto muestra la tremenda influencia que tiene el estado mental sobre nuestra experiencia cotidiana. Por tanto, debemos tomarnos ese factor muy seriamente. Así pues, dejando aparte la perspectiva de la práctica espiritual, incluso en los términos mundanos del disfrute de la existencia, cuanto mayor sea el nivel de calma de nuestra mente, tanto mayor será nuestra capacidad para disfrutar de una vida feliz.
Cuando se habla de un estado mental sereno, de paz mental, no debiéramos confundirlo con un estado mental insensible y apático. Tener un estado mental sereno o pacífico no significa permanecer distanciado o vacío. La paz mental o el estado de serenidad de la mente tiene sus raíces en el afecto y la compasión y supone un elevado nivel de sensibilidad y sentimiento.
El primer paso en la búsqueda de la felicidad es aprender. Primero tenemos que aprender cómo las emociones y los comportamientos negativos son nocivos y como son útiles las emociones positivas. Hay estados interiores negativos como el odio, los celos, la cólera... etc. que son nocivos y destruyen nuestro bienestar.
A través del proceso de aprendizaje mediante la auto observación de los pensamientos y emociones negativas percibimos que no sólo son malos para cada uno de nosotros, sino para la sociedad y el futuro del mundo. Mediante este análisis de nuestros estados interiores desarrollamos gradualmente la firme determinación de afrontar estas situaciones y de cambiar.
Todo lo que actualmente hacemos parece llevarnos al caos, parece llevarnos al dolor y a la infelicidad. Si miramos nuestra propia existencia vemos que nuestro vivir está siempre al borde del dolor. Antes de que podamos descubrir cual es el propósito final de la vida, que significa el dolor, la infelicidad, las guerras, los conflictos, debemos empezar por descubrirnos a nosotros mismos. Sin esa comprensión de si mismo es imposible la obtención de esa felicidad creativa, permanente, esa vivencia de algo que no es de la mente.
La felicidad proviene únicamente de la paz de la mente. Pero ésta proviene, a su vez, de un estado de mente en el que no hay deseos, ni ilusión, ni percepción de los objetos, ni pensamientos acerca de los objetos. Hay que abandonar todo deseo de placer antes de poder penetrar en el reino de la paz. La verdadera felicidad se haya dentro de uno, se haya en el Atman, es objetiva. Se manifiesta sólo cuando la mente se concentra, y permanece fija en un punto, cuado se destruyen los deseos sutiles.
La paz y la dicha no pueden hallarse en los libros, iglesias ni monasterios, solo puede lograrse cuando amanece el conocimiento del Ser. ¿Para que leer tantos libros?, el libro más grande se haya en nuestro propio corazón, hay que abrir las paginas de este libro inagotable que es la fuente de todo conocimiento.
Hay que sumergirse profundamente en el Ser y todas las dudas se desvanecerán solo permanecerán la paz y el conocimiento.
Cuado se deja de albergar deseos y pensamientos, la dicha del Ser empieza a amanecer y se empieza a experimentar la felicidad espiritual o ananda. El océano de dicha se halla en nuestro interior, y la fuente de felicidad está dentro de uno. La dicha espiritual es la felicidad más elevada, es la felicidad de la propia alma. Es la dicha trascendental, independiente de los objetos. Es constante, uniforme y eterno. Sólo el sabio la disfruta.
El placer sensual proviene de la emoción, es temporal y fútil. El placer se mezcla con el dolor. El placer depende de los nervios, la mente y los objetos. Existe un modo de poder escapar de tantos problemas y dificultades. Y éste consiste en llevar una vida de desapasionamiento, de servicio desinteresado por los demás. Debemos retornar a la naturaleza y a la vida natural, adoptar un vivir sencillo, llevar una vida trabajadora, ser honesto en el trato con los demás,  desarrollar cualidades nobles, como la compasión, la benevolencia etc. servir a la sociedad con un sentimiento afectuoso, y así reconquistaremos la felicidad que llevamos dentro, y todas las dificultades tocarán a su fin. Ésta es la forma de alcanzar el éxito, la llave maestra que abre la estancia de la felicidad celestial. 

2 comentarios:

  1. Interesante artículo

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  2. Juan Pablo04 enero, 2011

    se habla de la felicidad pero ¿realmente sabemos que es la felicidad? viendo como es la vida actual, la humanidad desconoce lo que es la felicidad solo nos preocupamos de las cosas materiales y en este articulo se comenta como debemos buscar la felicidad.
    saludos

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