sábado, 18 de junio de 2011

CUENTOS BUDISTAS

El vacío de la mente

Subhuti, discípulo de Buda, descubrió de pronto la riqueza y fecundidad del vaciamiento de sí, cuando cayó en la cuenta de que ninguna cosa es permanente ni satisfactoria y de que todas las cosas están vacías de «yo». Y con este talante de divino vaciamiento se sentó, arrobado, a la sombra de un árbol, y de repente empezaron a llover flores alrededor de él.

Y los dioses le susurraron: «Estamos embelesados con tus sublimes enseñanzas sobre el vaciamiento».
«¡Pero si yo no he dicho una sola palabra acerca del vaciamiento...!»
«Es cierto», le replicaron los dioses, «ni tú has hablado del vaciamiento ni nosotros te hemos oído hablar de él. Ese es el verdadero vaciamiento». Y la lluvia de flores siguió cayendo.

Los cuatro monjes

Cuatro monjes decidieron caminar juntos en silencio durante un mes. El primer día, todo fue estupendamente  pero, pasado el primer día, uno de los monjes dijo: «Estoy dudando si he cerrado la puerta de mi celda antes de salir del monasterio».
Y dijo otro de ellos: «¡Estúpido! ¡Habíamos decidido guardar silencio durante un mes, y vienes tú a romperlo con esa tontería!».
Entonces dijo el tercero: «¿Y tú, qué? ¡También tú acabas de romperlo! »
Y el cuarto monje dijo: «¡A Dios gracias, yo soy el único que aún no ha hablado!»

La Serenidad del Maestro

El pueblo se vio sacudido por un terremoto, y al Maestro le complació comprobar la impresión que produjo en sus discípulos la falta de miedo que él había demostrado.
Cuando, unos días más tarde, le preguntaron qué significaba vencer el miedo, él les hizo recordar su propio ejemplo: «¿No visteis cómo, cuando todos corrían aterrorizados de un lado para otro, yo seguí tranquilamente sentado bebiendo agua? ¿Y acaso alguno de vosotros vio que mi mano temblara mientras sostenía el vaso?»
No, dijo un discípulo, «Pero no era agua lo que bebíais, señor, sino salsa de soja».

EL AJO

--- Tomado de "Plantas sagradas" por el Dr. Arnold Krumm-Heller ---

La publicación de este artículo no pretende sustituir, en ningún caso, la necesidad de un diagnóstico y tratamiento médico. El cuidado de la salud así como los resultados obtenidos con la posible aplicación de los sistemas aquí descritos es responsabilidad única del lector.

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Ajo común (Allium sativum), es una planta sobradamente conocida, de raíz bulbosa, compuesta de seis a doce bulbos reunidos en su base por medio de una película delgada y cuyo conjunto forma la cabeza de ajos.
Son tantas las Leyendas que circulan alrededor de esta planta, que apenas si vamos a rozar algunas; pero basta que abramos un Libro Sagrado para encontrar este vegetal en todas partes rodeado de misterio y de propiedades excepcionales, bien conocidas ya por los antiguos.

Entre los Griegos, aquellos que comían ajos, no podían entrar en los Templos consagrados a la Diosa Cibeles. Virgilio habla del ajo, como útil a los segadores para aumentar o reparar sus fuerzas debilitadas, mientras que otro poeta lo recomienda a los mismos para evitar que fueren dañados por las serpientes. Galeno le llama la Triaca de los Labradores. Raspail, el Alcanfor del Pobre, y Plinio lo mira, desde luego, como útil a la salud.

Plutarco, al hablar de Isis y Osiris, menciona que los sacerdotes comían con cierta repugnancia el Ajo, pero estaban obligados a ello porque les servía de purificador y por lo tanto era planta sagrada... En los ritos egipcios ponían el ajo en relación con el semen y decían que sólo estaba dedicado a los que querían engendrar, mas no a aquellos que observaban la castidad como un voto. La Biblia cita esta planta con frecuencia como predilecta de los judíos, quienes sintieron nostalgia por ella al llegar a la Tierra Prometida.

Alfonso de Castilla fundó en 1368 una Orden que obligaba a los caballeros afiliados a comer ajos una vez al mes, y eran expulsados de la Orden aquellos que no cumplían este requisito. En los Estados Unidos hay una secta que adora a esta planta con carácter religioso, y asegura que la redención de la Humanidad no puede venir sin el consumo de ajos... Sudamérica cuenta tamién con una porción de leyendas que vamos a dejar de mencionar, para irnos ya a hechos más concretos.

Cuando en España, hace años, tenían los reclutas que presentarse al reconocimiento de quintas, eran rechazados muchos de ellos por encontrarlos con fiebre o aumento de temperatura, ante el temor de tener un tuberculoso delante. Esto duró algún  tiempo, hasta que se descubrió que las fiebres se las producían los reclutas poniéndose un ajo en el ano.

Hoy la ciencia conoce que la fiebre no es más que un proceso curativo provocado por las fuerzas del organismo, contra la invasión de una enfermedad, y los naturistas despiertan esas crisis curativas mediante los baños de Kuhne para lograr tales efectos. Pero si conocieran las propiedades del ajo, obtendrían de manera más sencilla el mismo proceso.

Los Antiguos, que no sabían de microbios, creyeron siempre que la enfermedad era el producto de Espíritus Malignos, y con ciertos olores trataban de ahuyentarlos. Uno de los que consideraban más poderosos, era el Ajo. Estudios modernísimos han comprobado que en todo esto existía una gran parte de verdad, por cuanto muchos microbios se mueren al solo contacto con el olor a Ajos.

Estando nosotros en el Laboratorio del famoso sifilógrafo Dr. Wassermann, autor de la célebre reacción, observamos con excelentes microscopios, el maldito espiroqueto pálido de esta enfermedad, que puesto en reacción con varios productos, para nada se resentía... Sin embargo, en contacto con el Ajo, las bacterias morían todas. Hay que tener en cuenta que la Sífilis era una de las enfermedades que ya preocupó a los gobernantes y sacerdotes de los pueblos antiguos, cuyos efectos temían verdaderamente y a cuya curación atendían utilizando esta Planta. Esto mismo lo hemos encontrado en muchos manuscritos antiguos y, sobre todo, entre los mexicanos de remotas edades, quienes curaban sus enfermedades con ajos y baños de Sol.

Nosotros hemos hecho ya las comprobaciones necesarias, y sería muy conveniente que nuestros lectores propagaran este medio de curación para que retornara la tranquilidad a muchos desgraciados. Nuestras curaciones ascienden a miles de casos cuya reacción, durante años, ha sido siempre negativa. Luego, estos individuos han tenido hijos que consiguieron engendrar perfectamente sanos.

El tratamiento de ajo, consiste en tomarlo en ayunas, a mediodía y por la noche, bien con leche, con pan, molidos, cocidos y aun en todas formas con tal de saturarse bien. A veces, en casos difíciles, convendría ayunar unos días y no comer más que ajos. La curación generalmente es segura.

Con ajos se expulsa la lombriz Solitaria y se evita el tifus. Personas que cada mes se deciden a comer un día bastantes ajos, limpian perfectamente el intestino.

Nosotros nos hemos ocupado en estudiar años enteros los efectos de esta planta, y vemos que merece por su importancia un libro aparte que es necesario escribirlo un día. Por ahora sólo nos limitaremos a recomendarla en gran manera y a llamar la atención sobre la esencia de incalculable valor que los Rosa Cruces preparan.

sábado, 11 de junio de 2011

NECESIDAD DE CAMBIAR LA FORMA DE PENSAR

Necesidad de cambiar la forma de pensar.
Bien, mis caros hermanos, ante todo es necesario conocer las leyes del Trabajo Esotérico Gnóstico, si es que en realidad de verdad queremos un cambio radical y definitivo.
En nombre de la verdad diremos, que si por alguna parte hemos de empezar a trabajar sobre sí mismos, tiene que ser en relación con la mente y con el sentimiento.
Sería absurdo empezar a trabajar con el centro motor, por ejemplo, que como ustedes ya saben se relaciona con los hábitos, costumbres y acciones de tal órgano o de tal centro; obviamente esto sería como empezar con un fakirismo absurdo. Y a propósito de fakires, en la India hay fakires que por ejemplo, levantan un brazo en alto y lo sostienen por tiempo indefinido, hasta que llega a quedar rígido. Hay otros que permanecen firmes en un sólo lugar durante 20 y 30 años, hasta convertirse en verdaderas estatuas. Mas después de todo, ¿qué es lo que ganan esos fakires? Desarrollar un poco la fuerza de la voluntad y eso es todo. No podemos pensar que ellos vayan a crear el Cuerpo de la Voluntad Consciente, es claro que no.
No se puede crear ningún Cuerpo fuera de la Novena Esfera. Si fuera posible crear algún Cuerpo en ausencia de la Novena Esfera, nosotros hubiéramos nacido pues, del aire o de las aguas de algún lago o entre una roca, no seríamos hijos de un hombre y de una mujer, pero somos hijos en verdad, de un hombre y de una mujer. Entonces, la Creación se realiza en la Novena Esfera, eso es obvio.
Así pues ningún Fakir podría crear el Cuerpo de la Voluntad Consciente lejos de la Novena Esfera. Nada ganan pues los que se dedican al fakirismo, excepto que desarrollan un poco la fuerza de la voluntad y eso es todo. Empezar pues con el centro motor sería absurdo, aún más, empezar a trabajar con el centro sexual sin tener una información correcta del Cuerpo de Doctrina Gnóstico, pues es absurdo, porque el que empieza en esas condiciones no sabe lo que está haciendo, no tiene conciencia clara del Trabajo en la Forja de los Cíclopes, puede caer –es obvio–, en gravísimos errores.
Recordemos que primero es el centro intelectual, segundo el emocional, tercero el motor, cuarto el instintivo, quinto el sexual. Existen también el sexto que es la Emoción Superior, y el séptimo que es el Mental Superior. Pero si no empezáramos en realidad de verdad con los centros inferiores de la máquina orgánica, caeríamos en el error.
Antes que todo, en estos estudios debemos empezar con los centros intelectual y emocional. Necesitamos en verdad cambiar nuestra forma de pensar, de lo contrario marcharemos por el camino del error.
¿De qué serviría, por ejemplo, que ustedes asistieran a estas cátedras y no cambiaran su forma de pensar? Aquí se les dan muchos ejercicios esotéricos, se les orienta doctrinariamente, pero si ustedes no cambian su forma de pensar, ¿de qué les sirve todo lo que aquí se les dé?
Se les dice que hay que disolver el Ego, se les dice que hay que sacrificarse por la humanidad, se les dice que si crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, etc., pero si ustedes continúan pensando como antes, con los mismos hábitos mentales de otros tiempos, ¿de qué sirve todo lo que estén escuchando aquí? Se les dice que tienen que desintegrar el Ego pero ustedes continúan con sus viejos hábitos mentales, con sus formas y sistemas caducos de pensar, entonces, ¿de qué les sirve la información que se les está dando?
En las Sagradas Escrituras se habla muy claramente y precisamente –muy cerca de Juan el Bautista– sobre aquello del “vino viejo y el vino nuevo”. Nadie echaría, por ejemplo –dice el Cristo– “vino nuevo en odre viejo”, porque los odres viejos se romperían. Así pues, que para el vino nuevo se necesitan odres nuevos. También dice el Gran Kabir Jesús que a nadie se le ocurriría remendar o poner remiendos en ropa vieja con pedazos, dijéramos, de ropa nueva. “Verbigracia”, por ejemplo, romper un traje nuevo para remendar uno viejo, eso sería absurdo, ¿verdad?
Así también esta nueva Enseñanza es como el vino nuevo, necesita odre nuevo. ¿Cuál es este odre? Pues la mente. Si no abandonamos las formas caducas de pensar, si seguimos pensando en los hábitos que antes teníamos, sencillamente estamos perdiendo el tiempo.
Se necesita cambiar la forma de pensar. Para vino nuevo, odre nuevo se necesita. Así pues, necesitamos cambiar  completamente nuestra forma de pensar a fin de recibir esta Enseñanza: ese es el punto grave de la cuestión. Porque si recibimos esta Enseñanza y la añadimos a la forma que teníamos de pensar antes, a nuestros viejos hábitos mentales, pues nada estamos haciendo, nos estamos engañando a sí mismos.
Querer  enganchar “el carro” de la Enseñanza Gnóstica a nuestro viejo “carro”, todo dañado por el tiempo, lleno de basuras e inmundicias, es engañarnos a sí mismos.
Se trata antes que todo de preparar el recipiente para recibir el vino de la Enseñanza Gnóstica, ese recipiente es la mente. Sólo así, con un recipiente nuevo, transformado, con un recipiente verdaderamente magnífico se puede recibirse el vino de la Enseñanza Gnóstica. Y esto es lo que quiero que todos los hermanos vayan comprendiendo.
Necesitamos que las emociones negativas sean eliminadas de nosotros, porque esas emociones negativas, pues no permiten un cambio de fondo. Es imposible transformarnos si aún poseemos dentro de nosotros emociones negativas. Nosotros tenemos que erradicar de nuestro corazón las emociones de tipo negativo, que son verdaderamente perjudiciales en todo sentido. Una persona que se deja llevar por emociones negativas, se vuelve mentirosa en un ciento por ciento.
Ya les había a ustedes contado en mi pasada cátedra el caso de un señor XX que actualmente se encuentra –podríamos decir– al borde de la muerte. Este buen hombre vino a tener pues una embolia cerebral, motivo muy claro: –lo repito–, alguien le mal informó que su hermana había sido víctima de un fraude. Tal informe fue después examinado y resultó falso, mas éste que ama a su hermana, creyó pues en esa infundia difamante y la tomó tan en pecho que le dio una embolia cerebral. En estos momentos se encuentra al borde de la muerte, vean ustedes ese caso. De manera que entonces las emociones negativas vienen a llevarnos al fracaso. Su hermana aún sigue convencida de que fue víctima de un fraude y es obvio que calumnia a un inocente, pero ella está segura de que fue víctima. Personalmente examiné el caso y me di cuenta que ella misma se estaba auto-engañando, se estaba mintiendo a sí misma víctima de las emociones negativas y a su vez calumniando a otro de forma inconsciente. De manera que les dije a ustedes –y hoy repito–, que  las emociones negativas lo tornan a uno mentiroso. Observen ustedes las gentes como mienten, llevadas por las emociones negativas, lanzan juicios falsos y luego se arrepienten. Pero es tarde, ya los lanzaron entre tanto.
Así pues, debemos eliminar de nuestra naturaleza las emociones negativas. La mentira ciertamente es una conexión falsa, lo normal es que la Energía del Padre, la vida del Anciano de los Días, es decir, de nuestro Ser Interior Profundo fluya a través de la Organización Cósmica interior hasta llegar a la mente. Pero si nosotros hacemos una conexión falsa, entonces ya no puede fluir esa Energía. Es como si se cortara el alambre eléctrico, la energía eléctrica entonces no llegaría al foco, o a los focos que nos iluminan.
Así pues, la mentira –ya les dije y repito–, es una conexión falsa. Por lo común cuando uno se llena de emociones negativas, se torna mentiroso. Esa es la realidad de los hechos. Si  nosotros verdaderamente comprendemos todo esto, y empezamos por cambiar nuestra forma de pensar y de sentir, bien pronto esto se reflejará en nuestras acciones.
Una vez que uno ha cambiado su forma de pensar y sentir y actuar, entonces está perfectamente listo para empezar a Trabajar en con Misterios del Sexo.  Y ese es el error de algunos misioneros, que las gentes comiencen de una vez a Trabajar con el Maithuna en la Novena Esfera sin conocer siquiera el Cuerpo de Doctrina. Pues esto es absurdo, porque las gentes que no han cambiado su forma de pensar, que continúan con sus mismos hábitos, las gentes que tienen su misma forma de sentir, que son víctimas  de las emociones negativas, pues no comprenden estos Misterios del Sexo y los profanan. Por eso es que Paracelso insiste en que primero que todo, hay que conocer la Ciencia, para luego entrar a Trabajar en la Novena Esfera y tiene razón en esto Felipe Teofasto Bombastro de Honeinghen, Aureola  Paracelso.
Empecemos pues por cambiar nuestra forma de pensar y de sentir. Muchos reciben aquí enseñanzas esotéricas pero si continúan pensando como antes, como pensaban hace 20 años, ¿qué sucede entonces? Estamos perdiendo el tiempo. Si se le da a las gentes las Enseñanzas para que se auto-realicen, para que cambien y continúan pensando como antes, obviamente se marcha muy mal.
Conozco hermanitos gnósticos que tienen 20 y 30 años de estar en las Enseñanzas Gnósticas. Y todavía piensan como pensaban cuando tenían 20 ó 30 años de edad. Muy ilustrados, sí, manejan muy bien las ideas pero si uno les examina detenidamente su vida, todas sus costumbres, verá que son las mismas que tenían antes. Conozco hermanos hasta muy juiciosos, misioneros y todo que platican muy bien sobre la Gnosis, que manejan el Cuerpo de Doctrina en forma extraordinaria, pero los he estado observando y resulta que actúan como cuando no eran gnósticos. Actúan como actuaban 30 años atrás, tienen las costumbres viejas que tenían cuando nada sabían de estos Estudios, continúan con esas mismas viejas costumbres. ¿Qué están haciendo esos hermanos, entonces? Obviamente se están auto- engañando miserablemente, eso es obvio.                   
Así pues, hemos de empezar por cambiar la forma de pensar y después la forma de sentir, poner el vino nuevo, el Vino Gnóstico en odres nuevos, no en odres viejos.
Una  mente decrépita, llena de hábitos viejos, de hábitos de hace 20 y 30 años atrás, no está preparada para recibir el vino de la Gnosis. Una mente así necesita forzosamente pasar por un cambio total, de lo contrario pues, se está perdiendo el tiempo miserablemente.
Con todo esto ¿qué es lo que queremos saber? Pues despertar Conciencia ¿verdad? Esa es la verdad, eso es lo que queremos, despertar.
En el mundo oriental no se ignora que la gente está dormida, nadie lo ignora, pero en el mundo occidental la gente cree que está despierta y sin embargo, hacen cosas que no quieren hacer. Se lanzan a la guerra cuando no quieren ir a la guerra, pero siempre van aunque no quieran, ¿por qué? Porque están hipnotizados. Ustedes saben que a un sujeto hipnotizado, por ejemplo, le ordenamos que vaya a matar a alguien, va y lo mata. Eso ya está previsto en el Código Penal de todos los países de la Tierra. Así también sucede con las gentes de todas las latitudes, están hipnotizadas pero creen que están despiertas.
Si se les dice que ha llegado la hora de ir a la guerra, van a la guerra, no quieren ir, pero van. ¿Por qué?: están hipnotizadas y el hipnotizado, hipnotizado está; eso es gravísimo, tremendamente cierto. ¿Que necesitamos salir del sueño hipnótico? Eso es verdad, pero a ver ¿cómo salimos del sueño hipnótico. Si estamos contentos con nuestros  hábitos mentales, con nuestros sistemas de razonar, con nuestros hábitos sentimentales, con nuestros distintos hábitos o costumbres adquiridas, por la herencia y por la familia, entonces aunque estemos escuchando aquí en esta sala las Enseñanzas, sencillamente, estamos perdiendo el tiempo.
Pregúntense ustedes a sí mismos, ¿para qué han venido? ¿Con qué objeto están ustedes reunidos en esta sala? Si están aquí reunidos por mera curiosidad, pues vale más que no hubieran venido. Si de verdad les salió el anhelo de cambiar, pero continúan muy contentos con sus viejas normas de pensar, sencillamente se están auto-engañando.
Si ustedes quieren enganchar el “carro” de la Gnosis a su viejo tren carcomido por el tiempo y podridos hasta el tuétano de los huesos, pues, están haciendo un juego muy tonto, que a nada les conduce. Así pues, no nos engañemos a sí mismos. Si ustedes quieren cambiar, seamos serios y empecemos por cambiar nuestra forma de pensar.
Cada cual tiene una forma de pensar y cada cual cree que su forma de pensar es la más correcta, pero en realidad de verdad, las dispersas formas de pensar de cada cual o de todos en conjunto, de correcto no tienen nada puesto que están hipnotizados. ¿Cómo puede pensar correcto una persona que está hipnotizada? Pero ustedes ¿creen qué están pensando correctamente? He ahí su error.
Sus hábitos mentales no sirven. Si es que quieren cambiar, bueno aquí tienen la Enseñanza nueva, aquí tienen el vino de la Gnosis. Pero por  favor, traigan odres nuevos para ese vino, no odres viejos; porque el vino nuevo rompe los odres viejos.
Me interesa darles la Enseñanza a los hermanos, pero darla seriamente, y por eso les invito a cambiar su forma de pensar.
¿Han reflexionado acaso ustedes en lo que es la Conciencia? ¿En que podrían comparar la Conciencia? O sea hagan un poco de luz, que me dirijo hacia una parte o hacia otra, eso es obvio.
La Conciencia debemos aprender a colocarla donde debe ser colocada. Donde esté nuestra Conciencia, allí estaremos nosotros. Ustedes que me escuchan en estos momentos, ¿están seguros de que la Conciencia  de cada uno está aquí? Si está aquí, me place, pero, ¿estamos seguros de que está aquí? Puede ser que esté en este momento en la casa, puede ser que esté en la cantina, puede ser que esté en el supermercado y que aquí tan sólo aquí estemos viendo la personalidad de fachada de tal o cual hermano.
Así pues, donde está la Conciencia, ahí estamos nosotros. La Conciencia es algo que hay que aprender a colocar inteligentemente donde debe ser colocada. Si colocamos nuestra Conciencia en una cantina, se procesará en virtud de la cantina y si la colocamos nosotros en una casa de citas, se procesará allí y si la colocamos nosotros en un mercado, tendremos un buen mercadero o un mal mercadero. Donde quiera esté la Conciencia, allí estaremos nosotros.
La Conciencia está desgraciadamente embotellada. Y un “yo” de Lujuria podrá llevar nuestra Conciencia pues, a una casa de citas. Un “yo”  de  borrachera, se la podrá cargar para una cantina; un “yo”  codicioso se la llevará por allá, para algún mercado; un “yo” asesino se la llevará por allá a la casa de algún enemigo, etc. ¿A ustedes les parece acaso correcto no saber manejar la Conciencia?
Tengo entendido que es absurdo llevarla a lugares donde no debe estar, eso es obvio. Desgraciadamente, repito, nuestra Conciencia actualmente está enfrascada, sí, embotellada entre distintos elementos inhumanos que en nuestro interior cargamos.
Necesitamos quebrar todos esos elementos dentro de los cuales se haya embotellada la Conciencia. Pero díganme, ¿haríamos eso si no cambiáramos nuestra forma de pensar, si estamos contentísimos con nuestros viejos hábitos caducos y extemporáneos que tenemos en la mente? ¿Nos preocuparíamos acaso, por despertar la Conciencia? Es claro que no.
Si se quiere cambiar, vamos a cambiar desde ahora mismo, a cambiar nuestros hábitos mentales, nuestra forma de pensar. Cuando uno cambia de verdad, origina cambios interiores. Cuando uno recambia su forma de pensar, puede entonces pensar en cambiar totalmente en su interior.
Pero si uno no cambia en su forma de pensar, aquí en esta mente y siguen existiendo los viejos hábitos extemporáneos, ¿cómo puede uno decir que va a provocar un cambio en su Conciencia interior? Eso no es posible, sería contradictorio que pensáramos una cosa e hiciéramos otra, realmente no es posible. Así que necesitamos hacernos dueños de nuestra propia Conciencia, colocarla donde debe colocarse, ubicarla donde debe ubicarse, aprenderla a poner en un lugar...
...Los diversos agregados psíquicos que nosotros tenemos en modo alguno son dignos. Lo único digno, lo único real lo único que vale la pena en nosotros es la Conciencia, pero esta dormida, no la sabemos manejar, los agregados psíquicos se la llevan para donde ellos quieren. Nosotros realmente no sabemos usarla y eso es verdaderamente lamentable. Si queremos un cambio, pero un cambio de fondo, debemos también ir aprendiendo a saber qué cosa es eso que se llama Conciencia.
En el Mundo Oriental se nos ha dicho de que antes de que nazca en nosotros el Bodhisatwa debe surgir en nosotros el Bodhisita. Pero bueno, ante todo, ¿qué cosa es eso que se llama Bodhisatwa? Algunos de ustedes sabrán y otros no sabrán.
La Blavatsky dice que un Maestro que se posea los Cuerpos Causal, Mental, Astral y Físico es un Bodhisatwa. El Alma Humana o Alma Causal, vestida con tales Cuerpos es un Bodhisatwa. Ella hace plena distinción entre Maestro es sí que es Atman-Budhi, o sea el Intimo y la Alma-Conciencia y el Bodhisatwa que el Alma Humana, revestida con los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser.
Pero el Budismo del Mahayana o Mahayanico, es más exigente. No reconocen como Bodhisatwa sino a aquellos que se han sacrificado por la humanidad a través de sucesivos Mahanvantaras.
Hay dos clases –dice el Budismo Mahayánico–, de Seres. Los unos, por ejemplo, serían los Budhas Pratyecas y los aspirantes a Budhas Pratyecas que son los Zarabacas. Estos no se sacrifican por la humanidad jamás, nunca. Luchan sí, por cambiar y cambian, pero nunca dan su vida por sus hermanos, y claro, jamás tampoco encarnan al Cristo Intimo. Los otros son los Bodhisatwas, verdaderamente. Aquellos que han renunciado a la felicidad del Nirvana por Amor a la humanidad, aquellos que en distintos Mahanvantaras han entregado su sangre por al humanidad, que pudiendo vivir felices en el Nirvana, han renunciado a cualquier felicidad por sus hermanos en la Tierra. Son ellos los únicos que verdaderamente pueden encarnar al Cristo.
Pero bueno, volvamos a esto del Bodhisita. ¿Qué cosa es el Bodhisita? Es la Conciencia ya despierta, desarrollada, convertida en el  Embrión Aureo. Es la verdadera Armadura Argentada que nos puede proteger de las potencias de las tinieblas, que nos da la sapiencia, la experiencia.
Antes de que surja un Bodhisatwa dentro del interior de alguien, surge el Bodhisita; es decir, la Conciencia despierta y desarrollada. Vean ustedes cuanto vale pues, ese don que se llama Conciencia. Es lástima que la humanidad tuviera la Conciencia enfrascada entre el Ego, y es claro, que mientras las gentes continúen pensando como piensan, sintiendo como sienten y con sus mismas viejas costumbres rancias, no podrán despertar la Conciencia, continuará ésta hipnotizada. Y en secuencia o como corolario diremos que nunca surgirá en gente así el Bodhisita.
Cuando el Bodhisita, que es la Conciencia desarrollada y despierta, surge en uno, en el aspirante, entonces pronto aparece el Bodhisatwa. Obviamente el Bodhisatwa se va formando dentro del clima psicológico del Bodhisita. Es grandioso el Bodhisita.
En realidad, de verdad, mis caros hermanos, es grande cuando uno verdaderamente cambia su forma de pensar, porque entonces, y sólo entonces, trabajará para despertar la Conciencia. Entonces, y sólo entonces hará un Trabajo serio que lo conduzca al nacimiento  del Bodhisita, antes no es posible.
Vivimos en un mundo desgraciadamente doloroso, todos ustedes están llenos de dolor, de sufrimientos. Felicidad no existe en este mundo, no es posible. Mientras haya Ego, tiene que haber dolor.
Mientras continuemos con nuestra forma rancia de pensar no podremos ser dichosos. Mientras seamos víctimas de las emociones negativas, cualquier género de felicidad se hace imposible. Nosotros necesitamos en verdad, llegar a la Felicidad.
No podríamos nosotros, conseguir tal logro si no despertáramos la Conciencia. Y nunca despertaríamos la Conciencia si continuáramos con la forma que tenemos actualmente de pensar. Así  pues, primero miremos cómo estamos pensando, cambiemos esa forma anticuada del pensamiento y preparemos nosotros odres nuevos, para el Vino nuevo que es la Gnosis, y así trabajaremos de verdad, pero seriamente.
Este mundo en sí mismo, es el producto de la ley de la originación, este mundo se sostiene con las Leyes de Causa y Efecto, que son las Leyes del Karma. También se les llama, Leyes de Acción  y Consecuencia, tal acción, tal consecuencia. Este es un mundo bastante complejo, es un mundo de asociaciones, combinaciones múltiples y dualismo incesante, lucha de los opuestos, etc. En estas circunstancias no es posible que exista en este mundo la Felicidad.
Cada uno de nosotros tiene que pagar su Karma, estamos llenos de deudas. Ese Karma obviamente nos trae mucho dolor, mucha amargura, no somos dichosos.
Muchos piensan que podríamos llegar a la felicidad a través de la mecánica de la evolución. Es un concepto falso, porque la mecánica es mecánica. La Ley de la Evolución, y también la de la Involución, constituyen el eje mecánico de esta maquinaria que se llama Naturaleza.
Hay evolución en el grano que germina, en la planta que se desarrolla, y, al fin, da frutos. Hay involución en la planta que ya entra en decrepitud y por último, se convierte en un montón de leños. Hay evolución en el niño que se forma en el claustro materno, en la criatura que nace, que crece, que se desarrolla y vive a la luz del sol. Más también existe la involución en el ser humano que envejece, decrece, entra en decrepitud y al fin, muere. Eso es completamente mecánico.
Mecánica es la Ley del Karma también, en cierto sentido, en el sentido causativo, mirada a la luz de las doce Nidanas, así es mecánica. Nosotros necesitamos libertarnos, precisamente, de la Ley del Karma; necesitamos libertarnos de ese movimiento mecánico de la Naturaleza. Necesitamos hacernos libres, y esto no será  mediante la evolución mecánica.
Cualquier evolución mecánica se procesa de acuerdo con las leyes de Causa y Efecto, la Ley de las Asociaciones, de las Combinaciones Mutuas, etc. Lo que es mecánico es mecánico. Nosotros necesitamos libertarnos de la Ley de la Evolución y también de la Ley de la Involución, necesitamos dar el gran salto para caer en el Vacío Iluminador.
Obviamente, existe pues, una antítesis entre la Teoría de la Relatividad que predicara un Einstein y el Vacío Iluminador. Lo relativo es relativo, la maquinaria de la relatividad funciona con la Ley de los Opuestos, con el dualismo, etc. En la lucha de las antítesis hay dolor y eso no es felicidad. Si queremos la auténtica felicidad debemos salirnos de la mecánica ésta de la relatividad. Dar el gran salto –repito–, para caer entre el seno del Vacío Iluminador.
Yo experimenté el Vacío Iluminador en mi mocedad. Apenas si tendría algunos 18 años de edad, cuando pude dar el gran salto, pasar más allá del tiempo y vivenciar eso que no es del tiempo, eso que podríamos llamar la experiencia del Prajña Paramita en su más crudo realismo. No está de más enfatizarles a ustedes la noticia de que tal vivencia pudo ser repetida tres veces. Supe entonces lo que era el Sunyata, lo pude vivir.
En el Vacío Iluminador no existe dualismo conceptual de ninguna especie; la maquinaria de la Relatividad no funcionaría en el Vacío Iluminador, la Ley de las Mutuas Combinaciones y Asociaciones Mecánicas no es posible en el Vacío Iluminador. Toda la teoría de la Relatividad de Einstein quedaría destruida en el Vacío Iluminador.
Indubitablemente la experiencia del Vacío Iluminador sólo es posible en estado de Samadhi, o como si dijera también el estado de Prajña Paramita...
En el Vacío Iluminador no existen formas de ninguna especie. Podría decirse que allí pasa uno más allá del Universo y de los Dioses. En el Vacío Iluminador podría haber una respuesta correcta a aquello de que “Si todo el Universo se reduce a la Unidad, ¿a qué se reduciría la Unidad?”
Tal respuesta no es posible para la mente lógica, o por lo menos con la mente que funciona de acuerdo con la lógica formal. En el Vacío Iluminador no es necesaria tal respuesta sino que admite una realidad potente en sí misma. “Todas las cosas se reducen hacia la Unidad, la Unidad también se reduce a todas las cosas” Entonces se penetra en ese estado de Maha-Samadhi dijéramos, se vive en todas las cosas desprovisto de todo, y esto, de por sí, ya es grandioso, sublime e inefable.
El Vacío Iluminador sólo es posible mediante el gran salto y a condición de haber pasado por la Aniquilación Budhista total, de lo contrario no sería posible.
En aquella época aún no había pasado yo por la Aniquilación Budhista, y obviamente, a medida que me acercaba a la Gran Realidad, la Conciencia se expandía en forma desmesurada. Es obvio que en esta situación, no habiendo pasado por la Aniquilación Budhista, sentí indecible terror, motivo por el cual regresé al Universo de la Relatividad de Einstein. Repito, tres veces experimenté con el Vacío Iluminador, y supe en el Sunyata –experiencia trascendental vivida–, que hay más allá del Vacío, algo, ¿qué? Eso que se llama Talidad, la Gran Realidad, lo supe con una intuición de tipo trascendental, porque en el terreno de la Intuición, o dentro del Mundo de la Intuicionalidad, hay distintos grados de Intuición. Incuestionablemente, el más elevado grado Intuicional es el de las mentes filosófico-religiosas o filosófico-místicas, es el tipo de Intuición que corresponde al Prajña Paramita.
Tal facultad pues, me permitió saber que más allá del Mundo del Vacío Iluminador, está la Gran Realidad.
Bien, quiero afirmarles a ustedes en forma enfática que este camino  de la Gnosis conduce a la Gran Realidad. La Gran Realidad o la Talidad, Sunyatá, Prajña Paramita, está más allá del Universo de la Relatividad; es decir, más allá de la mecánica ésta de la Relatividad, y más allá, mucho más allá, del Vacío Iluminador. Es decir, la Talidad trasciende a estos dos opuestos que yo llamaría: Mecánica de la Relatividad y Vacío Iluminador. No es el Vacío Iluminador la última palabra, es la antesala de Talidad, es decir, de la Gran Realidad.
Estoy hablándoles a ustedes no en forma meramente teórica. En pasados Mahamvantaras experimenté la Talidad y como quiera que la conozco, tengo que dar de ello vivo testimonio, lo importante para nosotros es pasar por una suprema aniquilación, a fin de que la Conciencia, convertida en Bodhisita, y totalmente despierta, pueda dar el gran salto para caer entre el Vacío Iluminador, un paso más y llegaremos a la Talidad, pero, cómo les digo: tenemos que empezar por cambiar nuestra forma de pensar para trabajar correctamente sobre sí mismos, desintegrando realmente los elementos psíquicos indeseables que llevamos dentro, no podríamos concebir nosotros el Despertar de la Conciencia, y desarrollo del Bodhisita, si antes no cambiaramos nuestra forma de pensar.
Es necesario saber meditar, comprender lo que es la Técnica de la Meditación. El objeto de la Meditación es muy simple, ¿qué es lo que queremos nosotros a través de la Meditación? Tranquilidad, parecería muy superfluo lo que estamos diciendo, ustedes podrían objetarme que podríamos tranquilizarnos con una botella de vino, ¿no? Eso es claro, podrían objetarme también que podríamos tranquilizarnos oyendo una sinfonía de Beethoveen, eso podrían ustedes decirme, pero en realidad de verdad, conseguir la tranquilidad, es lo más difícil que ustedes imaginar puedan.
Nadie podría tener tranquilidad mental, tener su mente en santa paz, si no ha eliminado de su centro intelectual el pensar caduco y extemporáneo que carga. Nadie podría tener paz en su corazón, sino hubiese eliminado de sí mismo previamente, las emociones negativas y perjudiciales.
Así que cuando un gnóstico, un Arhat Gnóstico se sumerge en meditación, busca tranquilidad, en esos instantes se propone trabajar sobre algún elemento inhumano que haya descubierto en sí mismo, mediante la auto-observación.
Posiblemente descubrió la ira, bueno, se dedicará entonces a comprender el agregado psíquico de la ira, hasta volverlo polvo, con la ayuda de su Divina Madre Kundalini, que deberá invocar, para que le auxilie; o tal vez descubrió que tiene el agregado psíquico del odio,  entonces se propondrá a desintegrar tal agregado para que surja en su reemplazo el Amor.
A medida que uno vaya desintegrando todos esos agregados psíquicos inhumanos que cargamos en nuestro interior, la Conciencia irá despertando.
Mucho se habla en la Gnosis sobre el Sexo, pero debemos primero cambiar nuestra forma de pensar para que tengamos una rica información, para que nos hagamos más conscientes de la Enseñanza. Sólo así trabajaremos con éxito en la Fragua Encendida de Vulcano.
No queremos en modo alguno esta noche eludir los Misterios Sexuales, es bueno que ustedes entiendan que el camino que conduce a la Talidad, es –y subrayo esto completamente– absolutamente sexual, y esto hay que entenderlo. Incuestionablemente, un soltero o una soltera pueden disolver a base de mucha comprensión un 50% de agregados psíquicos, siempre y cuando se apele a la Divina Madre Kundalini durante la Meditación, pero hay elementos psíquicos muy pesados, que corresponden al mundo de las 96 leyes, estos no se desintegran sino exclusivamente con el molinillo eléctrico de los físicos, con la swástica en movimiento, que genera determinado tipo de electricidad sexual trascendente.
Obviamente pues, la mujer serpiente, o sea, la princesa Kundalini, la Divina Madre Cósmica es reforzada mediante ese tipo de electricidad, y entonces puede con su poder eléctrico desintegrar atómicamente los elementos psíquicos más pesados, en los cuales está embotellada la Conciencia. Así poco a poco, llega el instante en que la Conciencia queda completamente liberada, despierta, lista para dar el gran salto y caer en el Vacío Iluminador, que es la antesala de la Gran Realidad.
En este mundo se nos ha criticado demasiado porque ponemos énfasis en el sexo. Muchos suponen que hay muchos caminos que puedan conducir a la Gran Realidad, obviamente que cada cual es muy libre de pensar como quiera, pero en nombre de la verdad, por experiencia mística directa, acumulada en el fondo de mi Conciencia, a través de sucesivos Mahamvantaras, puedo decirles que el camino que conduce directamente a la Gran Realidad, a la Talidad, más allá del Vacío Iluminador y de la mecánica de la Relatividad, es absolutamente sexual, en un ciento por ciento.
Quienes disienten en esta cuestión, revelan con ese proceder psicológico desconocimiento de la cruda realidad. Es obvio que quien ha tenido verdadera experiencia en estas cuestiones a través de sucesivos Mahamvantaras, sabe muy bien que así es, y que no es posible escaparse definitivamente de la mecánica ésta de la Relatividad por otra puerta o por otro camino que no sea el directo, el que lleva a la Gran Realidad.
Sunyata es un término budista muy interesante, que nos indica perfectamente la experiencia mística, vívida, del que no solamente ha experimentado el Vacío Iluminador...
...repito, dentro del terreno estrictamente místico o budista, disiento con muchos místicos o budistas ortodoxos, que ponen el Vacío Iluminador como el máximo. Nosotros los gnósticos vamos más allá de la mecánica de la Relatividad, más allá de esta maquinaria de la Teoría de la Relatividad de un Einstein, fundamentada en el dualismo conceptual, y también mucho más allá del Vacío Iluminador, nosotros queremos la Gran Realidad, la experiencia vívida, Sunyata, la vívida experiencia de los Prajña-Paramitas.
Gracias a Dios tenemos nosotros en nuestro interior la Conciencia, es precisamente el don más precioso, lástima que esté enfrascada en el Ego, pero si conseguimos libertar a la Conciencia, entonces estaremos listos para el gran salto, para el salto supremo.
Una Conciencia libertada es una Conciencia que puede sumergirse entre la Gran Realidad de la vida libre en su movimiento. Esta Gran Realidad es felicidad inagotable, más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente, es una felicidad imposible de describir con palabras. Todos queremos la felicidad, y no tenemos la felicidad, necesitamos ser felices, pero no es posible ser felices en un mundo de combinaciones, no es posible ser felices dentro de esta maquinaria de la Relatividad.
Recuerden ustedes que el Ego es tiempo, que el Ego es un libro de muchos tomos y que está expuesto a las Leyes de Causa y Efecto. Es hora de que pensemos en libertarnos del Karma, libertarnos de este mundo doloroso, de esta maquinaria tan infernal. Es hora de que pensemos nosotros en la dicha verdadera de la Gran Realidad, por eso les invito esta noche a cambiar su forma de pensar, porque si ustedes cambian, podrán trabajar sobre sí mismos, para libertar la Conciencia; pero si ustedes no cambian su forma de pensar, si solamente quieren esta Doctrina para engancharla a su tren, un carro más enganchado a un tren viejo, decrépito y degenerado, pues están perdiendo el tiempo.
 Yo quiero, pero la felicidad para ustedes, la verdadera dicha del Ser, así mis caros hermanos hasta aquí la plática de esta noche, sin embargo hay algo que debo añadir antes de cerrar esta plática, necesitamos que ustedes aprendan a meditar profundamente, que sepan meditar. Cuando uno ha conseguido, pues, una verdadera concentración llega a una verdadera dicha.
Vean ustedes si yo no hubiera tenido la experiencia del Vacío Iluminador allá en mi mocedad, no estaría hablándoles ahora en la forma en la que les estoy hablando, esa experiencia vívida jamás se borró de mi Conciencia, ni de mi mente, ni de mi corazón. Es posible que en un Samadhi de estos, es decir, en una práctica de meditación profunda pueda la Conciencia de un ser humano escaparse de entre el Ego, para experimentar la dicha del Vacío Iluminador. Es obvio que si lo consigue, trabajará con gusto sobre sí mismo, trabajará con ardor, porque habrá experimentado ciertamente en ausencia del Ego eso que es la Verdad, Eso que no es del tiempo, Eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente.
Aquí, les he enseñado una forma sencilla de meditar, porque hay un tipo de meditación que está dedicado a la auto-exploración del Ego, con el propósito de desintegrarlo, de volverlo cenizas. Pero hay también otro tipo de meditación que tiene por objeto llegar un día a la experiencia de lo Real, ojalá lo lograran ustedes, para que se sintieran animados interiormente y trabajaran sobre sí mismos. Sin embargo conceptúo que es necesario tener algún mantram que les sirva.
Un mantram que les voy a dar esta noche es muy sencillo, ya les di una palabra de ese mantram, en una pasada plática y ustedes los recordarán: “Gate”, pero esta noche les voy a dar completas las palabras de todo el patrón: “Gate, Gate, Paragate, Parasamgate, Bodhi, Suaja”.
En las grabadoras tiene que haber quedado grabado y también en los corazones, repito: “Gate, Gate, Paragate, Parasamgate, Bodhi, Suaja”. Ese mantram se pronuncia suavemente, o con la mente y el corazón. Puede también usarse como verbo silenciado, porque hay dos tipos de verbo: verbo articulado y verbo silenciado. El verbo silenciado es poderoso, se relaja el cuerpo totalmente y después de relajado, se entrega totalmente a su Dios Interior Profundo, sin pensar en nada, únicamente recitando con la mente y el corazón el mantram completo: “Gate, Gate, Paragate, Parasamgate, Bodhi, Suaja”.
La meditación debe ser muy honda, muy profunda, los ojos cerrados, el cuerpo relajado, entregados completamente a su Dios Interior. Ni un solo pensamiento se debe admitir en esos instantes. La entrega a su Dios, debe ser total, y solamente el mantram debe resonar en su corazón. Este mantram entiendo que abre el ojo de Dagma, este mantram profundo, un día los llevará a ustedes a experimentar en ausencia del Ego el Vacío Iluminador. Entonces sabrán lo que es el Sunyata, entonces entenderán ustedes lo que es el Prajñá Paramita.
Perseverancia es lo que se necesita. Con este mantram podrán ustedes llegar muy lejos, conviene experimentar la Gran Realidad alguna vez en la vida, porque así se llena uno de ánimo para la lucha contra sí mismo, esa es la ventaja del Sunyata, esa es la ventaja más grande que existe en relación con la experiencia de lo Real. Y para que esta noche se aproveche la meditación y el mantram como es debido, vamos a entrar un rato en meditación con el mantram, ruego a todos los hermanos pues, entrar en la meditación.
Samael Aun Weor

EL CONOCIMIENTO DE SI MISMO

Quien de verdad quiera conocer los mundos internos del planeta Tierra o del Sistema Solar o de la Galaxia en que vivimos, debe conocer previamente su mundo íntimo, su vida interior, particular, sus propios mundos internos. “Hombre, conócete a ti mismo, y conocerás al Universo y a los dioses”.
Samael Aun Weor.
 
Introducción
La experiencia gnóstica permite, al devoto sincero, conocerse y auto-realizarse íntimamente.
Entiéndase por “auto-realización” el armonioso desarrollo de todas las infinitas posibilidades humanas.
No se trata de datos intelectuales caprichosamente repartidos, ni de mera palabrería insubstancial de charla ambigua; todo lo que en estos párrafos estamos diciendo, tradúzcase como experiencia auténtica, vivida, real...

Conocerse a sí mismo es haber logrado la identificación con el propio Ser Divinal. Saberse idéntico con el Pneuma o Espíritu, experimentar directamente la identificación entre lo conocido y lo cognoscente, es eso lo que podemos y debemos definir como “auto-Gnosis”.

Ostensiblemente, esta develación extraordinaria nos invita a morir en sí mismos, a fin de que el Ser se manifieste en nosotros.
Samael Aun Weor

El Conocimiento de Sí Mismo.

Vamos a platicar un poco sobre las inquietudes del Espíritu; ante todo se necesita comprensión creadora.
Lo fundamental en la vida es llegar realmente a conocerse a sí mismo: ¿de dónde venimos, hacia dónde vamos, cuál es el objetivo de la existencia, para qué vivimos? etc., etc., etc. Ciertamente, aquella frase que se puso en el frontispicio del Templo de Delfos es axiomática: “Homo nosce te ipsum” “Hombre, conócete a ti mismo... y conocerás el Universo y a los Dioses...”. Conocerse a sí mismo, es lo fundamental; todos creen conocerse a sí mismos,  cuando realmente no se conocen. Así que, es necesario llegar al pleno conocimiento de sí mismos; esto requiere incesante auto-observación, necesitamos vernos tal cual somos.

Desafortunadamente, las gentes admiten fácilmente que tienen un cuerpo físico, más cuesta trabajo que comprendan su propia psicología, que la acepten en forma cruda, real. El cuerpo físico aceptan que lo tienen porque pueden verlo, palparlo, mas su psicología es un poco distinta, un poco diferente. Ciertamente, como no pueden ver su propia psiquis, como no pueden tocarla, palparla, para ellos es algo vago que no entienden. Cuando alguna persona comienza a observarse a sí misma, es señal inequívoca de que tiene intenciones de cambiar; cuando alguien se observa a sí mismo, cuando se mira a sí mismo, nos está indicando que se está volviendo diferente a los demás.

Es de  los distintos eventos de la existencia de donde podemos nosotros sacar el material psíquico, necesario para el despertar de la Conciencia. En relación con las personas, ya sea en la casa, ya sea en la calle, en el campo, en la escuela, en la fábrica, etc., los defectos que llevamos escondidos afloran espontáneamente, y si estamos alertas y vigilantes, como el vigía en época de guerra, entonces los vemos; defecto descubierto, debe ser comprendido íntegramente, en todos los niveles de la mente.

Si pasamos, por ejemplo, por una escena de ira, tendremos que comprender todo lo que sucedió. Supongamos que tuvimos una pequeña riña; tal vez llegamos a algún almacén, pedimos algo y el empleado nos trajo otra cosa que nosotros no habíamos pedido; entonces nos irritamos ligeramente... “Señor, –le decimos– pero si yo he pedido esta cosa y usted me trae tal otra; ¿no se da cuenta usted que estoy de afán, que no puedo perder el tiempo?” He allí una pequeña riña, un pequeño disgusto; es obvio que necesitamos comprender qué fue lo que pasó.

Si llegamos a la casa, debemos de inmediato concentrarnos, profundamente, en el hecho sucedido, y si ahondamos en los motivos profundos que nos hicieron actuar de esa manera, y en esa forma regañar al empleado, o al mozo, porque no nos trajo lo que habíamos pedido, venimos a descubrir nuestra propia auto–importancia, es decir, nos hemos venido a creer muy importantes. Obviamente ha habido en nosotros eso que se llama “engreimiento”, “orgullo”, “irritabilidad”.

He allí la impaciencia, he allí varios defectos. La impaciencia es un defecto, el engreimiento es otro defecto; la auto-importancia, sentirnos muy importantes, es otro defecto; el orgullo, sentirnos muy grandes y ver con desprecio al mozo que nos está sirviendo, he allí otro defecto. Todos esos defectos nos hicieron comportar en forma inarmónica.

De paso hemos descubierto varios “yoes” que deben ser trabajados, comprendidos; habrá de estudiarse a fondo lo que es el “yo” del engreimiento, habrá que comprenderlo totalmente, habrá de analizársele, habrá de estudiarse a fondo lo que es el “yo” del orgullo; habrá de estudiarse a fondo lo que es el “yo” de la auto-importancia; habrá de estudiarse a fondo lo que es el “yo” de la falta de paciencia, lo que es el “yo” de la ira. En un grupo de “yoes”, cada uno debe ser comprendido, analizado, estudiado por separado.

Tenemos que aceptar que detrás de ese pequeño e insignificante suceso, se esconde un grupo de “yoes”, y que éstos, naturalmente, están activos. Hay que estudiarlos por separado; dentro de cada uno de ellos está embotellada la Esencia, es decir, la Conciencia; entonces hay que desintegrarlos, aniquilarlos, reducirlos a polvareda cósmica. Para desintegrarlos, tendremos que concentrarnos en la Divina Madre Kundalini, suplicándole, rogándole que los reduzca a polvo; pero primero hay que comprender el defecto –supongamos la ira–, y luego, después de haberlo comprendido, rogarle a la Divina Madre que lo elimine; lo mismo después de comprender la impaciencia, después de comprender la auto-importancia, etc., suplicarle a Ella que elimine tal error.

¿Por qué nos creemos importantes, si nosotros no somos más que míseros gusanos del lodo de la tierra? ¿En qué basamos nuestra auto-importancia, en qué la fundamentamos? Pues realmente no hay basamento para nuestra auto-importancia, porque nada somos; cada uno de nosotros no es más que un vil gusano del lodo de la tierra... ¿Qué somos ante el Infinito, ante la Galaxia en que vivimos, ante esos millones de mundos que pueblan el espacio sin fin? ¿Para qué sentirnos auto-importantes? Así, analizando cada uno de nuestros defectos, los vamos comprendiendo, y defecto que vayamos comprendiendo, debe ser eliminado con la ayuda de la Divina Madre Kundalini. Es obvio que habrá que suplicarle a Ella, habrá que rogarle elimine el defecto que uno vaya comprendiendo.

En una escena toman parte varios “yoes”. Pongamos otra escena, una de celos por ejemplo; incuestionablemente, es grave que en una escena de celos entren también varios “yoes”. Si un hombre encuentra de pronto a su mujer hablando con otro hombre, en forma muy quedita, ¿qué le hará sentir eso? Sentirá celos, posiblemente sí, y le formará pelea a la mujer. Es claro que si observamos esa escena, veremos que allí hubo celos, ira, amor propio, varios “yoes”: el “yo” del amor propio se sintió herido, los celos entraron en actividad, la ira también.

 Cualquier escena, cualquier acontecimiento, cualquier evento, debe servirnos de base para el auto-descubrimiento; en cualquier evento, venimos a descubrir que tenemos dentro de nosotros mismos varios “yoes”, eso es obvio. Por todos estos motivos, se necesita que nosotros estemos alertas y vigilantes, como el vigía en época de guerra; es indispensable el estado de alerta-percepción, de alerta-novedad. Si no procedemos en esa forma, la Conciencia continuará metida dentro de los “agregados psíquicos” que en nuestro interior cargamos, y no despertaríamos jamás.

Tenemos que comprender que estamos dormidos; si la gente estuviera despierta, podría ver, tocar, palpar las grandes realidades de los mundos superiores. Si las gentes estuvieran despiertas, recordarían sus existencias pasadas, si las gentes estuvieran despiertas, verían la Tierra tal como realmente es. Ustedes no están viendo la Tierra tal como es; las gentes de la Lemuria si veían el mundo como es; sabían que el mundo tiene nueve dimensiones –por todo, diríamos– y siete fundamentales. Veían el mundo en forma multidimensional; en el fuego percibían a las “salamandras” o criaturas del fuego; en las aguas percibían a las criaturas acuáticas, a las “ondinas”; en el aire, eran claros para ellos los “silfos”, y dentro del elemento tierra veían a los “gnomos”. Cuando levantaban los ojos hacia el infinito, podían percibir a otras humanidades planetarias; los planetas del espacio eran visibles para los antiguos, en forma distinta, pues veían el aura de los planetas y también podían percibir a los Genios Planetarios. Pero cuando la Conciencia humana quedó enfrascada dentro de todos esos “yoes” o “agregados psíquicos” que constituyen el “mí mismo”, el Ego, entonces se durmió; ahora se procesa en virtud de su propio condicionamiento.

En tiempos de la Lemuria, cualquier persona podía ver, por lo menos, la mitad de un “Holtapamnas”; un “Holtapamnas” equivale a cinco millones y medio de tonalidades del color. Cuando la Conciencia quedó metida entre el Ego, los sentidos degeneraron; en la Atlántida ya tan sólo se podía percibir un tercio de las tonalidades del color, y ahora apenas si se perciben los siete colores del espectro solar y unas pocas tonalidades.

Las gentes de la Lemuria eran diferentes; para ellos las montañas tenían alta vida espiritual; los ríos, para ellos, eran el cuerpo de los Dioses; la Tierra entera era perceptible para ellos, en forma diferente; eran otro tipo de gentes diferentes, distintas. Ahora la humanidad, desgraciadamente, ha involucionado espantosamente. Por estos tiempos, la humanidad está en un estado de caducidad, y si no nos preocupamos nosotros por auto-descubrirnos, por conocernos mejor, continuaremos con la Conciencia dormida, metida entre todos los “yoes” que llevamos en nuestro interior.

Los psicólogos normalmente, creen que tenemos un solo “yo” y nada más. En la Gnosis se piensa diferente; en la Gnosis sabemos que la ira es un “yo”, que la codicia es otro “yo”, que la lujuria es otro “yo”, que la envidia es otro “yo”, que el orgullo es otro “yo”, que la gula es otro “yo”, etc., etc., etc. Virgilio, el poeta de Mantua, el autor de “La Eneida”, decía que “aunque tuviéramos mil lenguas para hablar y paladar de acero, no alcanzaríamos nosotros a enumerarlos cabalmente” (son tantos).

¿Y dónde vamos a descubrirlos? Solamente en el terreno de la vida práctica se hace posible el auto-descubrimiento. Cualquier escena callejera es suficiente para saber cuántos “yoes” entraron en actividad. Cualquiera que entre en acción, hay necesidad de trabajarlo para comprenderlo y desintegrarlo; sólo por ese camino se hace posible liberar la Conciencia; sólo por ese camino es posible el despertar.

A nosotros nos debe interesar primero que todo, el despertar, porque mientras continuemos así como estamos, dormidos, ¿qué podemos saber de los Misterios de la Vida y de la Muerte? ¿Qué podemos saber de lo Real, de la Verdad? Para poder uno llegar a conocer a fondo los Misterios de la Vida y de la Muerte, se necesita indispensablemente despertar. Es posible despertar si uno se lo propone; mas no es posible despertar si la Conciencia continúa embotellada entre todos esos “yoes”.

Vivimos dentro de un mecanismo bastante complicado; la vida se ha vuelto profundamente mecanicista, en un ciento por ciento. La Ley de Recurrencia existe, todo se repite... La vida podríamos compararla con una rueda que está girando incesantemente sobre sí misma: pasan los acontecimientos una y otra vez, siempre repitiéndose; en realidad de verdad, nunca hay una solución final para los problemas; cada cual carga sus problemas, pero la solución final en realidad de verdad no existe, y si hubiera una solución final para los problemas que uno tiene en la vida, esto significaría que la vida no sería vida, sino muerte. Así pues, la solución final no se conoce.

Gira la rueda de la vida, siempre pasan los mismos acontecimientos, repitiéndose en forma más o menos modificada, más o menos alta o baja, pero repitiéndose. Llegar a la solución final, impedir que la repetición de eventos o circunstancias prosiga, es algo más que imposible. Entonces, lo único que tenemos nosotros que aprender, es saber como vamos a reaccionar frente a las diversas circunstancias de la vida. Si reaccionamos siempre en la misma forma, si siempre reaccionamos con violencia, si siempre reaccionamos con lujuria, si siempre reaccionamos con codicia frente a los diversos hechos que se repiten una y otra vez en cada existencia, pues no cambiaríamos nunca, porque los acontecimientos que ustedes están viviendo actualmente, ya los vivieron en la pasada existencia.

Esto significa que por ejemplo, si ahora están ustedes sentados, escuchándome (no sería aquí mismo, en esta casa, pero sí en cualquier otro lugar de la ciudad), también estuvieron sentados, escuchándome, en la pasada existencia, y yo estuve hablándoles; es decir, siempre esta rueda de la vida está girando, y los acontecimientos que van pasando son siempre los mismos. Así, pues, es imposible impedir que los acontecimientos dejen de repetirse; lo único que podemos hacer es cambiar nuestra actitud hacia los acontecimientos de la vida. Si nosotros aprendemos a no reaccionar ante ningún impacto proveniente del mundo exterior; si aprendemos a ser serenos, apacibles, entonces sucederá que podremos evitar que los acontecimientos produzcan en nosotros los mismos resultados.

A fin de que comprendan mejor mis palabras, vamos a relatar un acontecimiento que cité en mi libro titulado: “El Misterio del Aureo Florecer”, sobre aquella existencia en la cual me llamé Juan Conrado, tercer gran señor de la Provincia de Granada, en la antigua España de la época de la Inquisición, cuando el inquisidor Torquemada hacía desastres en toda Europa y quemaba viva a la gente en la hoguera. Ciertamente, yo había llegado a él con el propósito de pedir una amonestación cristiana para alguien. Tratábase de un conde que me zahería constantemente con sus palabras, que hacía mofa de mí, etc.

En aquella época andaba yo de “Bodhisatwa caído”, y por cierto que no era una mansa oveja; el Ego estaba bien vivo, pero yo quería evitar un nuevo duelo, no por temor, sino porque ya estaba cansado de tantos duelos, pues tenía fama de ser un gran espadachín. Me llegué muy temprano a las puertas del Palacio de la Inquisición; un fraile, un “monje azul” que estaba a la puerta, me dice: “¡Qué milagro de verle a usted por aquí, señor Marqués!”. “Muchas gracias, su Reverencia”, –le dije–; “vengo a solicitar una audiencia con el señor inquisidor, Monseñor Tomás de Torquemada”...”¡Imposible!”, –dijo–; hoy hay muchas audiencias; sin embargo, voy a tratar de conseguir para usted la audiencia”. “Muchas gracias, su Reverencia”, le dije por adaptarme, naturalmente, a todos los convenios de aquella época. En realidad de verdad tenía uno que adaptarse, porque  de lo contrario se le ponía la cosa grave. En todo caso, el “monje azul” desapareció como por encanto; yo aguardé pacientemente a que regresara. Al fin regresó; ya de regreso, me dice: “Está concedida para usted la audiencia, señor Marqués; puede pasar”.

Pasé, atravesé un patio y un gran salón que estaba en tinieblas; pasé a otro salón que estaba también en profundas tinieblas, y por último a un tercer salón que estaba iluminado por una lámpara. La lámpara se hallaba sobre una mesa, y ante la mesa estaba sentado el inquisidor, don Tomás de Torquemada... ¡Nada menos que el gran inquisidor! ; un ser, pues, cruel. Sobre su pecho llevaba una gran cruz; se encontraba en un estado aparentemente beatífico, con las manos puestas sobre el pecho. Al verlo, yo no hice otra cosa que saludarlo con todas las reverencias de la época.

Me dijo: “Siéntese usted, señor Marqués; ¿qué le trae por aquí?”

Entonces le dije: “Vengo a solicitar una amonestación cristiana para el Conde Don Fulano de Tal y tal y tal (con cincuenta mil nombres y apellidos), que lanza sus sátiras contra mí, se mofa, se burla, y yo no tengo ganas de otro duelo más; quiero evitar un nuevo duelo”... “¡Oh, no se preocupe usted, señor Marqués”, –me respondió– “ya tenemos muchas quejas contra ese condesito, aquí en la Casa Inquisitorial; vamos a hacerlo aprehender, lo llevaremos a la torre del martirio, le meteremos los pies entre carbones encendidos, para quemarle bien los pies, para que sufra; le levantaremos las uñas de las manos, le echaremos plomo derretido en las uñas, lo torturaremos, y después lo llevaremos a la plaza pública y lo quemaremos vivo”.

Bueno, yo no había pensado ir tan lejos; únicamente iba a pedir una amonestación cristiana. Claro, quedé perplejo al escuchar a Torquemada hablando en esa forma, con las manos puestas sobre el pecho, en una actitud beatífica. Aquello me causó horror; no pude menos que manifestar mi descontento, y le dije: “¡Usted es un perverso, yo no he venido a pedirle que queme vivo a nadie, ni que venga usted a torturar a nadie; únicamente he venido a pedirle una amonestación cristiana, y eso es todo; ahora se dará cuenta usted por qué no estoy de acuerdo con su secta!” En fin, pronuncié otras tantas palabras, lancé algunos tantos gritos que por ahora me reservo, en un lenguaje un poquito altisonante, motivo más que suficiente como para que aquel alto dignatario de la Inquisición me dijera; “¿Con que ésas tenemos, señor Marqués?”

Hizo sonar una campana y aparecieron unos cuantos caballeros, armados hasta los dientes. Se levantó airoso y ordenó a los caballeros aquéllos diciendo: “¡Prended a ese hombre!”. “¡Un momento, caballeros –les dije–; recordad las reglas de la caballería!” (En aquélla época, las reglas de la caballería eran respetabilísimas para todo el mundo). “¡Dadme una espada y me batiré con cada uno de vosotros!”. Un caballero me entrega la espada, yo la recibo; luego da un paso atrás y me dice: “¡En guardia!” –le respondí– “¡Siempre estoy!”, y nos trabamos en dura lid. No se oían sino los golpes de las espadas; parecía que esas espadas, al golpearse una contra otra, lanzaran chispas. Aquél caballero era muy hábil en la esgrima, pues manejaba las armas a la maravilla, pero yo tampoco era una mansa oveja; ¡claro está que no! Total que el duelo fue muy bravo; sólo me faltaba hacer uso de mi mejor estocada para salir victorioso, pero los otros caballeros que estaban viendo el asunto, se dieron cuenta que su compañero “se iba derecho al panteón”, y claro, me cayeron en pandilla, me atacaron con una furia terrible, y eran muchos.

Me defendí como pude, saltaba sobre las mesas, utilizaba los muebles como escudo; en fin, hice maravillas para tratar de sobrevivir, para defenderme, más llegó un momento en que el brazo derecho se cansó, ya no podía con el peso de la espada, y dije: “Han ganado ustedes por sorpresa, porque me han caído en pandilla, eso no es de caballeros; si queréis la espada, aquí está...” Entonces el señor inquisidor ordenó: “¡A la hoguera!”, y en fin, no fue difícil quemarme vivo. Allí tenían un poco de leña, al pie de un poste de acero; me encadenaron a aquél poste, prendieron fuego a la leña, y a los pocos segundos estaba yo allí, ardiendo, como tea encendida. Sentí un gran dolor, veía como mi cuerpo físico se quemaba, hasta quedar reducido todo a cenizas; sentí que aquel dolor supremo se convertía en felicidad; entendí que más allá del dolor, mucho más allá del dolor, existe la felicidad.

El dolor humano, por muy grave que sea, tiene un límite; una lluvia bienhechora comenzó a caer sobre mi cabeza; sentí que me aliviaba, di un paso y vi que podía dar otro; total, salí de aquel palacio caminando despacito, despacito, y era que ya había desencarnado; mi cuerpo físico pereció en la hoguera de la Inquisición.

Hoy por ejemplo, al repetirse un evento de esos en mi vida, estoy seguro que ya no iría a una hoguera, ni a un paredón, ni a algo parecido, o por el estilo, ¿por qué? Porque al no tener ya esos “yoes” de la ira, de la impaciencia, escucharía al inquisidor serenamente, impasiblemente; comprendería el estado en que él se encuentra, guardaría un silencio total, ninguna reacción saldría de mí. Como resultado, no pasaría nada, eso es claro; podría salir tranquilo, sin problemas. De manera que los problemas, en realidad de verdad, los forma el Ego. Si en aquella ocasión yo no hubiera reaccionado en esa forma contra el “Santo Oficio” –como así se le llamaba–, contra la Inquisición, contra el “monje azul”, etc., etc., etc., pues es obvio que no habría desencarnado en esa forma. Esto no significa cobardía, sino que sencillamente, habría permanecido sereno, impasible; luego habría dado la espalda y me habría retirado sin problemas. Desgraciadamente tenía un Ego muy desarrollado, y esos son los problemas que forma el Ego. Cuando uno no tiene Ego, esos problemas no suceden; puede que la circunstancia se repita, pero ya no sucede igual y no vienen esos problemas.

La cruda realidad de los hechos es que los eventos pueden estarse repitiendo, pero lo que nosotros tenemos que hacer es modificar nuestra actitud hacia los eventos; si nuestra actitud es negativa, nos crearemos gravísimos problemas, eso es obvio... Necesitamos cambiar nuestra actitud hacia la existencia, pero uno no puede cambiar su actitud hacia la vida si no elimina aquéllos elementos perjudiciales que lleva en la psiquis. La ira, por ejemplo, ¿cuántos problemas le trae a uno? La lujuria, ¿cuántos problemas le trae a uno la lujuria? Los celos, ¿cuán nefastos son? La envidia, ¿cuántos inconvenientes le proporciona a uno? Uno tiene que cambiar su actitud frente a las distintas circunstancias de la vida; éstas se repiten con uno o sin uno, pero se repiten. Lo importante es que uno cambie su actitud hacia las distintas circunstancias de la vida, es decir, necesitamos auto-conocernos profundamente; si nos auto-conocemos, descubrimos nuestros errores, y si los descubrimos, los eliminamos, y si los eliminamos, despertamos, y si despertamos, venimos a conocer los Misterios de la Vida y de la Muerte, venimos a experimentar Eso que no es del tiempo, Eso que es la Verdad.

 Pero mientras nosotros continuemos con la Conciencia embotellada entre el Ego, entre el “yo” o entre los “yoes”, obviamente no sabremos nada de los Misterios de la Vida y de la Muerte, no podremos así experimentar lo Real, viviremos en la ignorancia. Se hace pues, urgente e inaplazable cumplir con la máxima de Tales de Mileto: “Nosce te ipsum”; “conócete a ti mismo”. Todas las leyes de la Naturaleza están dentro de uno mismo, si uno no las descubre dentro de sí mismo, tampoco las puede descubrir fuera de sí mismo. Así, pues, dentro de uno está el Universo (“el hombre está contenido en el Universo, y el Universo está  contenido en el hombre”); si no descubrimos al Universo dentro de sí mismos, no lo podremos descubrir fuera de nosotros mismos, eso es obvio. Existen en nosotros posibilidades extraordinarias, pero ante todo debemos partir del principio “Nosce te ipsum”.

La falsa personalidad, por ejemplo, es óbice para la verdadera felicidad; todo ser humano tiene una falsa personalidad que está formada por el engreimiento, por la vanidad, por el orgullo, por el temor, por el egoísmo, por la ira, por la auto-importancia, por el auto-sentimentalismo, etc. La falsa personalidad es verdaderamente problemática, porque está dominada por ese tipo de “yoes” que he enumerado. Mientras uno posea la falsa personalidad, en modo alguno podrá conocer la real felicidad, ¿cómo la conocería? Si uno quiere ser feliz, y todos tenemos derecho a la felicidad, tiene que empezar por eliminar la falsa personalidad; pero para eliminar la falsa personalidad, tiene uno que eliminar los “yoes” que la caracterizan, los que he enumerado. Eliminando esos “yoes”, entonces todo cambia: se crea en nuestra Conciencia un Centro de Gravedad continuo, y deviene un estado de felicidad extraordinaria. Debemos tener en cuenta todo esto, si es que realmente anhelamos ser felices algún día.

Incuestionablemente, lo más importante en la vida práctica, viene a ser precisamente cristalizar en la humana Personalidad, eso que se llama “Alma”. ¿Qué es lo que se entiende por Alma? Todo ese conjunto de poderes, fuerzas, virtudes, facultades, etc., del Ser. Si uno elimina por ejemplo el defecto o el “yo” de la ira, en su reemplazo cristalizará, en nuestra humana persona, la virtud de la serenidad; si uno elimina el defecto del egoísmo, en su reemplazo, en nuestra humana persona cristaliza la virtud maravillosa del altruismo; si uno elimina el defecto de la lujuria, en su reemplazo cristaliza en nuestra persona la virtud extraordinaria de la castidad; si uno elimina de su naturaleza íntima el odio, en su reemplazo cristalizará en nuestra personalidad el Amor; si uno elimina el defecto de la envidia, en su reemplazo cristalizará, en la humana personalidad, la alegría por el bien ajeno, la filantropía, etc.

Así que, es necesario comprender que hay que eliminar los “elementos indeseables” de nuestra psiquis, para cristalizar en nuestra humana persona eso que se llama Alma: un conjunto de fuerzas, de atributos, de virtudes, de poderes anímicos, etc. Sin embargo, he de decir que no todo es intelecto; el intelecto es útil cuando está al servicio del Espíritu, pero no todo es intelecto.

Incuestionablemente, debemos pasar por grandes crisis emocionales, si es que queremos nosotros cristalizar Alma en sí mismos. Si “el agua no hierve a cien grados”, no cristaliza lo que hay que cristalizar y no se elimina lo que se debe eliminar. Así también, si no pasamos previamente por graves crisis emocionales, no cristalizará en nosotros eso que se llama “Alma”, no se eliminará eso que se debe eliminar. Así ha sido siempre, cuando el Alma cristaliza completamente en uno mismo, hasta el cuerpo físico se convierte en Alma.
Jesús de Nazaret, el Gran Kabir, habló claro sobre esto y dijo: “en paciencia poseeréis vuestras Almas”. Las gentes no poseen su Alma, el Alma los posee; el Alma de cada persona sufre, cargando con un fardo abrumador –la personalidad–. Poseer Alma es algo muy distinto, pero escrito está que “en paciencia poseeréis vuestras Almas”.

Hay “yoes” muy difíciles de eliminar, defectos terribles, “yoes” que están en relación con la Ley del Karma; cuando se llega a eso, parece como si nos detuviéramos en el avance, ¡y obviamente que sí nos detenemos! Mas con infinita paciencia, al fin se consigue la eliminación de esos “yoes”. La paciencia y la serenidad son facultades extraordinarias o virtudes magníficas, necesarias para avanzar por este camino de la transformación radical. En mi libro “Las Tres Montañas”, hablo precisamente de la paciencia y de la serenidad.

Un día, estando en un Monasterio, un grupo de hermanos aguardábamos impacientemente al Abad, al Hierofante; mas éste tardaba, pasaban las horas y éste tardaba, todos estaban preocupados. Habían allí algunos Maestros, muy respetabilísimos, pero llenos de impaciencia. Paseaban por el salón, iban y venían, se halaban el cabello, se halaban las barbas, impacientes; yo permanecía sereno, tranquilo, pacientemente aguardaba; únicamente me causaban curiosidad estos hermanitos impacientes. Al fin, después de varias horas se presentó el Maestro, y dirigiéndose a todos les dijo: “a ustedes les faltan dos virtudes que este hermano tiene”, y me señaló a mi. Luego, dirigiéndose a mi, me dijo: “Dígales usted, hermano, cuales son esas dos virtudes”. Entonces yo me puse de pie y dije: “hay que saber ser pacientes, hay que saber ser serenos”... Todos quedaron perplejos, enseguida el Maestro trajo una naranja, que es símbolo de esperanza, y me la entregó aprobándome, quedé aprobado para entrar a la Segunda Montaña, que es la de la Resurrección; los otros, los impacientes, quedaron aplazados.

Se me citó después en otro monasterio para firmar algunos papeles que tenía que firmar, y así lo hice; más tarde concurrí a ese monasterio, firmé los papeles y se me entregaron ciertas instrucciones esotéricas. Se me admitió en los estudios de la Segunda Montaña, y aquéllos compañeros, a estas horas, todavía están luchando por lograr la paciencia y la serenidad, pues no la tienen.

Vean ustedes lo importante que es ser paciente y ser sereno. Así, cuando uno está trabajando en la disolución del “yo”, y por nada de la vida consigue disolverlo porque se ha vuelto muy difícil –pues hay “yoes” así, que se relacionan con el karma–, no le queda a uno más remedio que multiplicar la paciencia y la serenidad, hasta triunfar. Pero muchos son impacientes, quieren eliminar tal o cual “yo” de inmediato, sin pagar el precio correspondiente, y eso es absurdo. En el trabajo sobre uno mismo, es necesario multiplicar la paciencia hasta el infinito y la serenidad hasta el colmo de los colmos; quien no sabe tener paciencia, quien no sabe ser sereno, fracasa en el camino esotérico.

Obsérvense ustedes en la vida práctica: ¿son pacientes, saben permanecer serenos en el momento preciso? Si no tienen esas dos virtudes, pues hay que trabajar para conseguirlas. ¿Cómo? Eliminando los “yoes” de la impaciencia y eliminando los “yoes” de la falta de serenidad. El enojo, los “yoes” del enojo, que son los que no permiten la serenidad.

¿Qué es lo que buscamos nosotros a la larga con todo esto? Cambiar, pero cambiar totalmente, porque así como estamos, incuestionablemente lo único que hacemos es sufrir, amargarnos la vida. También cualquiera puede hacernos sufrir a nosotros, basta que nos toquen una fibra del corazón para que ya estemos sufriendo. Si nos dicen una palabra dura, sufrimos; si nos dan unas palmaditas en el hombro y nos dicen unas palabras dulces, nos alegramos; así somos de débiles: no tenemos poder sobre nuestros procesos psicológicos, cualquiera puede manejar nuestra psiquis. ¿Quieren ver ustedes a una persona enojada? Díganle una palabra dura y la verán enojada, y si quieren verla contenta, denle una palmadita en el hombro, díganle unas palabras dulces y ya cambiará, y estará contenta. ¡Qué fácil es, cualquiera juega con la psiquis de los demás, qué débiles son estas criaturas!

Se trata pues, de cambiar, de que todo esto que tenemos nosotros de débiles sea eliminado; hasta nuestra misma identidad personal debe perderse para nosotros mismos. Esto quiere decir que el cambio debe ser tan radical, que hasta nuestra misma identidad personal: “yo soy fulano de tal, etc.,” debe perderse para sí mismos. Llegará el día en que no encontraremos nuestra misma identidad personal; si se trata de convertirnos en algo distinto, en algo diferente, obviamente hasta la misma identidad personal debe perderse.
Necesitamos convertirnos en criaturas distintas, en criaturas felices, en seres dichosos, pues tenemos derecho a la felicidad; pero si no nos esforzamos, ¿cómo vamos a cambiar, de que manera? ¡He allí lo grave!

Lo más importante es no identificarse con las circunstancias de la existencia. La vida es como una película, y es de hecho una película que tiene un principio y tiene un fin. Distintas escenas van pasando por la pantalla de la mente, y el error más grave de nosotros consiste en identificarnos con esas escenas. ¿Por qué? Porque pasan, sencillamente porque pasan; son escenas de una gran película, y al fin pasan. Afortunadamente, en el camino de mi vida acepté siempre eso como lema: no identificarse uno con las diferentes circunstancias de la vida.

Me vienen a la memoria, dijéramos, casos de la niñez. Como quiera que mis padres terrenales se habían divorciado, nos tocaba a nosotros los hermanos de una gran familia, sufrir. Habíamos quedado con el jefe de la familia y se nos prohibía visitar a nuestra madre terrenal; sin embargo, nosotros no éramos tan ingratos como para poder olvidarla. Me escapaba siempre de mi casa con un hermanito menor que me seguía; íbamos a visitarla y luego regresábamos a casa, mas mi hermanito sufría mucho, pues al regreso se cansaba porque era muy pequeño, y yo tenía que llevarlo entonces sobre mis espaldas (¡qué tan pequeño estaría!), y lloraba él amargamente y decía: “Ahora, al regresar a casa, papá nos va a azotar, nos va a dar de azotes y de palos”. Yo le respondía diciéndole: “Todo pasa, acuérdate que todo pasa”... Cuando llegábamos a la casa, ciertamente nos aguardaba nuestro padre terrenal, lleno de grande ira, y nos daba latigazos. Posteriormente nos internábamos en nuestra recámara a dormir; pero ya al acostarnos, le decía yo a mi hermano: “¿Te fijas?, ya pasó; ¿te convenciste de que todo eso ya pasó?”.

Un día de esos tantos nuestro padre alcanzó a oír cuando yo le decía a mi hermano: “todo pasa, eso ya pasó” y claro, mi padre que era bastante iracundo, empuñó de nuevo el látigo terrible que traía, y penetró en la recámara de nosotros diciendo: “¿Con que todo pasa, sinvergüenzas?”, y luego otra azotaina más terrible nos dio, retirándose después, al parecer muy tranquilo por habernos azotado. Ya que él se retiró, un poco más quedito le dije a mi hermano: “¿te fijas?, eso también ya pasó”... Es decir, nunca me identificaba con esas escenas, tomé como lema en la vida jamás identificarme con las circunstancias, con los eventos, con los acontecimientos, pues sé que esos acontecimientos, que esas escenas van pasando. Tanto que uno se preocupa porque tiene un problemazo, que no sabe cómo resolver, y después ya pasa y viene otra escena completamente distinta; entonces, ¿para qué se preocupó? Si tenía que pasar, ¿con qué objeto se preocupó?

Cuando uno se identifica con los distintos eventos de la vida, comete muchos errores. Si uno se identifica con una copa de licor que le están ofreciendo un grupo de amigos embriagados, pues termina borracho; si uno se identifica con una persona del sexo opuesto en un momento dado, resulta fornicando, y si uno se identifica con un insultador que lo está hiriendo a uno con sus palabras, resulta también insultando.

¿A ustedes les parece muy cuerdo que nosotros, que somos gentes aparentemente serias, resultáramos insultando? ¿Ustedes creen que eso estaría bien? Si uno se identifica con una escena, por ejemplo de sentimentalismo llorón, donde todos están llorando amargamente, pues uno resulta también con sus “buenas lagrimitas”. ¿Ustedes creen que eso estaría correcto, que otros nos pongan a llorar así, porque les dio la gana? Esto que les estoy diciendo, es indispensable, si es que ustedes quieren auto-descubrirse; es indispensable,  porque si uno se identifica completamente con una escena, quiere decir que se ha olvidado de sí mismo, se ha olvidado del trabajo que está haciendo, y entonces está perdiendo el tiempo miserablemente. Las gentes se olvidan completamente de sí mismas, se olvidan de su propio Ser Interior Profundo; por eso se identifican con las circunstancias.

Normalmente las gentes andan dormidas por eso: porque están identificadas con las circunstancias que las rodean, y cada cual tiene su “cancioncita psicológica”, como dije por allí, en mi libro “Psicología Revolucionaria”. De pronto se encuentra uno a alguien que le dice: “yo, en la vida, tuve que hacer esto, y esto, y esto; me robaron, fui un hombre rico, tuve dinero y me estafaron; un fulano de tal fue el malvado que me estafó” –total, canta su “canción psicológica”–. Diez años más tarde se encuentra uno a ese mismo sujeto, y vuelve a cantarle su misma “canción”; veinte años después se lo encuentra uno, y vuelve a cantarle su misma “canción”; esa es su “canción psicológica”: quedó identificado con ese evento para el resto de su vida, y en esas circunstancias, ¿cómo va uno a disolver el Ego, de qué manera, si lo está fortificando? Al identificarse así, lo fortifica, fortifica a los “yoes”.

Si uno se identifica con una trifulca, resulta también dando puñetazos. Me viene a la memoria el caso de un boxeador, de un campeón peleando contra otro en los Estados Unidos; al final todos los espectadores terminaron dándose golpes unos contra otros, perfectamente locos; todos dándose puñetazos, unos contra otros, todos resultaron boxeadores.

Observen ustedes lo que es la identificación. He visto de pronto a una dama, mirando una película donde los actores lloran. Bueno, lloran fingiendo, claro está, pero aquella dama que está contemplando la película, resulta llorando también, con una angustia espantosa. Vean ustedes lo que es la identificación: ¿Qué ha hecho esa pobre mujer? Que se ha identificado con esa película; se ha creado, al identificarse con el héroe de la película, o con la heroína, un nuevo “yo”. Ha creado dentro de sí misma a ese nuevo “yo” que le ha robado parte de su Conciencia; de manera que esa persona, si estaba dormida, ahora sigue más dormida. ¿Por qué? Por la identificación, eso es obvio.

Me viene a la memoria, en estos momentos, un caso insólito. En cierta ocasión se me ocurrió ir a un cine, hace muchísimos años. La película era muy romántica; allí aparecía una pareja de enamorados que se querían y se adoraban. Bueno, y yo muy interesado en ver al par de enamorados: ¡esas poses, esas palabras; qué miradas, qué cosas, y yo encantado mirándolos! Al fin terminó la tal película esa, y muy tranquilo me fui para la casa. Ya estando en casa, sentí sueño; me acosté y entonces esa noche fui a dar al mundo de la mente. Allí me encontré una mujer como aquélla que yo había admirado en la película; estaba “hasta guapita”, estaba frente a mí tal mujer. Me senté con ella en una mesa para tomar algunos refrescos, y entonces vinieron las dulces palabras, muy semejantes a las de la película, por cierto. Conclusión: no llegué hasta la cópula química ni nada por el estilo, pero no faltaron los besos, los abrazos, las caricias, las ternuras, y cincuenta mil cosas por el estilo.

Les estoy narrando una historia sucedida hace veinte años, no es de ahora, porque ahora no voy a los cines, pero en aquella época si iba a algún cine; me parecía que era una diversión muy sana –así creía yo–. Ya al llegar al Mundo Astral, me encontré dentro de un gran Templo, y pude verificar que un Maestro me había estado analizando; claro, en mi interior me dije: “¡metí la pata!”. Me retiré unos cuantos pasos, para aguardar o ver qué sucedía, y de pronto el Maestro aquél me envía un papel con el Guardián del Templo. El Guardián me lo entregó, leí el papel que decía: “Retírese usted inmediatamente de este Templo, pero con INRI” (con INRI es conservando el Fuego, puesto que no había propiamente fornicado, no pasaba de las ternuras). Total que entonces dije yo: “ni modo, esto está muy grave”. Muy despacio salí, avancé por el corredor de la nave central, y antes de salir fuera del Templo, en un reclinatorio me arrodillé humildemente, pidiendo compasión, pidiendo que tuvieran un poquito de piedad con mi insignificante persona, que sí había estado “metiendo la pata”. Así estaba yo, en mis plegarias y oraciones, cuando de pronto viene el Guardián nuevamente hacia mí, y me dice, ya en forma más terrible: “¡Se le ha ordenado a usted que se retire!”. Cuando le dije que quería yo hablar con el Maestro para exponerle mis razones, entonces me respondió: “El Maestro ahora está ocupado; está examinando otras Efigies del Mundo Mental”.

Allí fue cuando vine a darme cuenta que con lo que yo había estado, era una efigie mental creada por mí mismo, la había creado en pleno cine; esa efigie había tomado vida propia en el Mundo Mental, era una mujer exactamente igual a la actriz que había visto en la película. Total, en mi pobre mente la había reproducido, y ahora en el Mundo de la Mente, me había encontrado cara a cara con la tal efigie creada por mí mismo. El Maestro continuaba examinando otras efigies de otros Iniciados; no me quedó más remedio que salir del Templo. Volví a mi cuerpo físico; durante todo el día siguiente estuve muy triste, lamentando haber ido al cine. “¡Qué metida de pata, –dije–  no he debido haber ido!”. Vean a lo que fui yo: a crear una ¡efigie mental!

Pedí perdón cincuenta millones de veces al Cristo, al Cristo Intimo; porque dije: “El es el único que podrá perdonarme este metidón de pata”. A la noche siguiente pedí de todo corazón que “me repitieran la prueba, que me sentía capaz de salir victorioso; no más ternuras ni más caricias para esa efigie mental, etc.” Y ciertamente, me concedieron la repetición de la prueba; me llevaron en Cuerpo Mental al mismo lugar, a la misma mesa; volví a encontrarme otra vez con la “dama de los ensueños”, la actriz que había visto en la pantalla. Ya iban a empezar las ternuras nuevamente, y me acordé de la cuestión. Inmediatamente desenvainé la espada flamígera y dije: “¡Conmigo tú no puedes,  tú no eres más que una forma mental creada por mi propia mente!” Y allí mismo hice uso de la espada flamígera  y volví pedazos esa efigie mental, la volví polvo.

Pasado eso, entonces fui nuevamente llamado al Templo Astral, y entré al Templo Astral, esta vez victorioso, triunfante; me recibieron con mucha música, mucha fiesta; nuevamente, después, vinieron las instrucciones, diciéndoseme “que no volviera a los cines, porque podía perder la espada”. Me llevaron, en Astral, a mostrarme lo que son los cines, que están llenos de efigies mentales, las efigies que dejan los espectadores. Todo lo que uno está viendo allí, en pantalla, sobre todo cuando es morboso, se reproduce en la mente de las gentes: las mismas figuras, las mismas formas; los que salen, dejan multitud de formas mentales en esos antros de la magia negra.

Conclusión: se me dijo que “en vez de estar yendo a los cines, repasara mis existencias anteriores, que es más útil que estar yendo a esos cines”. Yo cumplí la orden, y es claro que dejé de ir a los cines. Pero, ¿qué fue lo que me perjudicó? Pues haberme identificado con aquélla película que estaban dando; me pareció tan hermosa la dama aquélla, en aquella época, que yo mismo llegué a sentirme un galán, no el de la pantalla, sino yo. Resultado: fracaso. Esto sucedió hace 20 años, o pongan 22, pero no se me ha olvidado.

Uno nunca debe identificarse con nada de lo que vea en la vida; las circunstancias, los eventos desagradables, pasan, todo pasa. Deben aprovecharse las circunstancias para estudiarse, para observarse uno a sí mismo; en vez de estar identificados con las circunstancias desagradables, debe estar uno estudiándose a sí mismo: ¿tengo ira, tengo celos, tengo odio? ¿Qué estoy sintiendo en este momento, frente a esto que me está sucediendo? Así es como se aprovecha el “yo”, sabiendo uno no identificarse, sabiendo sacar partido de todo. No olviden ustedes que las peores adversidades le ofrecen a uno las mejores oportunidades para el auto-descubrimiento.

Cuando uno se identifica con las circunstancias desagradables, comete errores, se complica la vida y se forma problemas. Todas las gentes están llenas de problemas porque se identifican con lo que les sucede, con lo que les está pasando, con lo que están viviendo; por eso es que están, todos, llenos de problemas. Pero si uno no se identifica con nada de lo que le esté sucediendo, si dice “todo pasa, todo pasa, esta es una escena que pasa”, y no se identifica con ella, pues tampoco se complica la vida. Pero a la gente le encanta complicarse la vida; si alguien les hiere con una palabra dura, reaccionan con violencia. A todos les gusta complicarse la existencia, y mientras se reacciona con violencia, pues peor, por que más dura se le pone la cuestión, más trabajoso se vuelve todo. Aprovechemos las circunstancias desagradables de la vida para el auto-descubrimiento, así sabremos qué clase de defectos psicológicos poseemos. Tomemos la vida como un “gimnasio psicológico”; si así procedemos, entonces podremos auto-descubrirnos.

Hasta aquí mis palabras de esta noche.