sábado, 22 de octubre de 2011

CULTIVAR LA VOCACIÓN


Reflexionando acerca de nuestros quehaceres diarios, podemos observar que los hábitos que nos caracterizan: “horas de comer, descansar, pasear..., incluso de meditar”, son huecos que resultan en función de lo que verdaderamente nos motiva a levantarnos todos los días a una hora determinada, y así encarrilamos la jornada hasta la hora del sueño. 

Este factor, que tanto conforma nuestro modo de vida, es el trabajo, las obligaciones a realizar cada día para conseguir un dinero o cubrir las necesidades básicas de pan, abrigo y refugio.

Sin embargo, es en esos huecos diarios o en los fines de semana, donde buscamos la felicidad, las ilusiones, hasta la filosofía y el sentido de la vida. Buscamos la calidad de vida en los momentos de descanso y ocio.

Puestos a reflexionar, descubrimos en estos planteamientos una gran contradicción y absurdo, puesto que en este trabajo de todos los días, gastamos la mayor parte de nuestro tiempo y energía, con más penas que alegrías, poniendo la esperanza en que, luego, en esos momentos, encontraremos la recompensa y el tiempo para uno mismo.

Podríamos observar que, en ese primer gran bloque de tiempo y trabajo, buscamos un fin material sin apenas más esperanza, esperando encontrarnos y alimentar el aspecto psíquico, espiritual en el tiempo que nos quede libre.

Pero, ¿Por qué clasificar nuestro tiempo y limitar el gusto por la vida a ciertos momentos y circunstancias? Realmente, ¿No empiezan todos los días, como el sol que amanece, de una forma igualmente nueva? ¿No son todos los minutos y segundos igual de preciosos?

Podemos buscar orientación en los libros del  Maestro Samael Aun Weor. En este caso, encontraremos ciertas respuestas en el libro titulado "Educación Fundamental".

De esta forma, podemos plantearnos nuestra situación actual desde la educación que desde pequeños hemos recibido, y recordar los días de colegio; allí, cientos de estudiantes sin saber por qué, con un inculcado y confuso objetivo de ser algo en la vida, estudiábamos múltiples asignaturas, nos íbamos llenando de información, y aunque a veces nos preguntábamos si nos serviría de algo en la vida práctica, decididamente lo importante para todos, profesores, padres y estudiantes, era pasar curso.

Y así, íbamos olvidando pequeñas inquietudes e ideales infantiles y, mirándonos en el espejo de los mayores, nos formábamos fantasías de lo que podríamos conseguir en la vida con esa preparación intelectual. De tal forma que, si al terminar los estudios, conseguimos el ansiado empleo o rol social, lo único a lo que realmente llegamos es, a repetir la misma historia de siempre, ser un oficinista como todos, un fontanero como todos, una ama de casa como todas, un abogado como todos... que de forma mecánica cumplen su trabajo, se casan, tienen hijos, ríen, sufren, etc. Discurriendo por viejos y estrechos carriles, como piezas automáticas de la maquinaria social.

De hecho, descubrimos muchas quejas, disgustos y ambiciones secretas en la realización de nuestro trabajo, pero no hacemos nada porque esa situación cambie, tendemos a cierta resignación y miedo como para preguntarnos ¿PARA QUÉ SERVIRÉ YO?, ¿cuáles son mis aptitudes?

Es decir, no nos decidimos a indagar por lo que podría ser nuestra vocación, por que nuestro trabajo adquiera un sentido que responda no sólo a unas necesidades materiales, sino también a una necesidad interior, íntima que sea la verdadera causa y motor de nuestro trabajo.

Si observamos a nuestro alrededor las distintas escenas que se suceden e incluso imaginamos a las personas en sus actividades en cualquier parte del mundo, concluiremos en que lo importante no reside en el prestigio o dinero a obtener, en que todo trabajo por humilde que sea es bello, en que todos los trabajos son necesarios en la vida social, pues no todos nacimos para ingenieros, ministros...

Lo importante es saber para qué sirve cada cual. Trabajando en aquello que realmente nos gusta lo desempeñaríamos con alegría, porque nos agrada, porque habría algo de amor en lo que hacemos. Estaríamos motivados a trabajar o/y estudiar con el propósito de ser útiles al prójimo, CON EL ANHELO DE SERVIR MEJOR.

Por desgracia, vemos que, se estudia por ambición, por temor a la vida, a la pobreza, etc., dando pie a que estudiantes tales se conviertan, sutil o groseramente, legal o ilegalmente, en bribones, humanos sin ética; con justificaciones para utilizar la profesión y el poder en forma destructiva para sus semejantes, por ejemplo con la idea de sálvese quien pueda, o utilizando los conocimientos para ponerse por encima de sus compañeros y tenerlos a su servicio, es decir, la profesión y las responsabilidades se aprovechan en función de la auto-consideración, la auto-importancia, etc.

Vemos que, en lugar del sentido de la cooperación desinteresada (considerado como valor idealista y no práctico), impera el batallar de la competencia egoísta y de la corrupción moral.

Formamos parte de una humanidad totalmente desequilibrada hacia el culto a lo material, en nuestra mente, en nuestro corazón, nos inclinamos hacia el dinero y sus derivados.

Podemos recordar una advertencia que ya diera Jesucristo, y es que no podemos servir a dos señores a la vez.

También el Maestro Samael nos indica la necesidad de llegar a la síntesis intelectual y a la síntesis espiritual, a saber caminar en la vía horizontal y en la vía vertical, y para ello hemos de aprender a definirnos de instante en instante por el SER, esforzándonos por tener una ética en la vida cotidiana, equilibrándonos y practicando el Recto Pensar, Sentir y Obrar.

En ocasiones, nos vemos queriendo basar los actos de la vida en los ideales, teorías, buscando cierto altruismo, mas por lo general si estudiamos las consecuencias y las causas de dichos sentimientos y pensamientos descubrimos que se mueven por alguna escala de valores impuesta o auto-impuesta, basada en la comparación, en la recompensa y hasta en una envidia disfrazada y justificada con nobles pensamientos y palabras. Nos falta lo Real.

Dentro de los idealistas, encontramos muchos vagabundos que suponen equivocadamente que Paz es poder vivir sin trabajar, muy tranquilamente y sin esfuerzo alguno, en un mundo lleno de fantasías románticas maravillosas.

Todo ser humano tiene que servir para algo en la vida, lo difícil es saber para qué. Ciertamente, quien conoce su vocación o se cuestiona por encontrar y desarrollar el sentido vocacional, sea cual sea la profesión y lugar que ocupe, sufre un cambio tremendo, ya no busca el éxito, poco le interesa el dinero, la fama, la gratitud su placer está entonces en la dicha que le proporciona el haber RESPONDIDO A UN LLAMADO INTIMO, de su propia Esencia Interior.

Estas orientaciones, dadas por un verdadero Maestro, uno podría querer convertirlas en un ideal dentro de una psicología y valores a los que ya hemos hecho referencia, pero ha de observarse bien, para no llevarnos a un auto-engaño, pues también nos dice que el sentido vocacional nada tiene que ver con el Yo, pues aunque parezca extraño el YO ABORRECE A NUESTRA PROPIA VOCACIÓN, porque el Yo solamente apetece jugosas entradas de dinero, posición, fama, etc.

El sentido vocacional lleva al hombre a acometer, con desinterés verdadero, las más tremendas empresas a costa de toda clase de sufrimientos y calvarios (calumnias, traiciones...). Es por lo tanto apenas normal que el Yo aborrezca la verdadera vocación.

El buscar y desarrollar el sentido vocacional en aquello que nos ocupa, nos llevaría a comenzar a vivir con verdadera rectitud y amor.

Y cuando nuestra “Vocación” corresponde totalmente al puesto en que nos desenvolvemos, entonces nuestro trabajo se convierte en un verdadero apostolado, y lejos de producirnos codicia, aburrimiento o deseos de cambiar de oficio, nos traería dicha verdadera, aún cuando tengamos que soportar pacientemente las circunstancias más adversas.

Ciertamente, que es en nuestra vida normal y cotidiana donde hemos de aprender; en nuestro nivel, en nuestra realidad de cualquier instante del día podemos esforzarnos por dar cabida, expresión a ese llamado íntimo y real.

Si aprendiéramos a estar abiertos a la vida, sin miedos, sin ambiciones, podríamos ver las oportunidades que nos ofrece y descubrir, seguramente en algún momento critico que nos reclame un replanteamiento, un inmediato remedio a lo que se nos presenta desde esa chispa vocacional a seguir.

Tenemos el caso de Gandhi que ejercía como un abogado cualquiera, cuando con motivo de un atentado contra los derechos de los hindúes en el África del Sur, hizo cancelar su pasaje de regreso a la India y se quedó a defender la causa de sus compatriotas. Una necesidad momentánea le encaminó hacia la vocación de toda su vida.

El modo en que una persona encuentre su vocación, puede darse por una de estas tres vías: 

1) El Auto-descubrimiento de una capacidad especial, 
2) La visión de una necesidad urgente especial y, 
3) La muy rara dirección de los padres y maestros.

Sin duda que necesitamos revisar y plantearnos nuestra forma de vida de manera profunda, dando lugar a que nuestras inquietudes se expresen no sólo a nivel intelectual, sino que cogiendo confianza en nosotros mismos hemos de darnos una oportunidad en el plano de la vida práctica. Porque es relativamente fácil ver la superficialidad de esta sociedad en que nos movemos, pero nos cuesta más aceptar que ese sea también nuestro nivel, que estamos contagiados y que participamos de los mismos temores y aspiraciones que todos: la posición social, familiar, material... inmersos y fascinados por el progreso tecnológico de hoy en día que, nos ofrece mil y una posibilidades para resolver problemas y pesadas tareas, sin darnos cuenta de que, a su vez, introduce en el individuo y en la sociedad multitud de problemas más amplios y profundos.

La mayor necesidad, el problema más urgente de cada individuo, de cada persona es comprender la vida en su forma integral, unitotal, porque sólo así, estamos en condiciones de poder resolver satisfactoriamente todos nuestros íntimos problemas particulares.

Se trata de no abandonarnos a la inconsciencia, a no apuntarnos por costumbre a lo de “Raimundo y todo el mundo”, pues tenemos la capacidad de hacer conciencia de nuestra vida; poco a poco, podemos ir revalorizando todos los momentos de cada día, muy especialmente aquellos dedicados a las tareas cotidianas y profesionales en los que con tanta facilidad dejamos que el aburrimiento, las prisas, el miedo, la ambición, la pereza..., primen sobre la honradez, la alegría de ser útiles y otros tantos valores a descubrir en nosotros mismos.

Curiosamente, a lo largo de nuestra existencia, la vida nos va trayendo a todos, ricos, pobres, blancos o negros, a un nivel o a otro, las mismas asignaturas (familia, amor, trabajo, salud...), y todos tenemos nuestros problemas y nuestros límites a superar en esta escuela de la vida. En esta sociedad hedonista, podemos creer que los momentos más preciosos son los que uno se dedica a sí, los más placenteros, en los que no se nos exige, y así si como de pequeños, nuestra esperanza de felicidad se centra en “la hora del recreo”, poco o nada vamos a aprender.

Plantearnos el sentido de nuestra existencia, el ser o no ser, no de forma abstracta sino en forma concreta, puede llevarnos a comprender que cada segundo es totalmente nuevo, que con cada persona, con cada circunstancia, en nuestro trabajo, hemos de aprender de la vida, con un objetivo claro: buscar y hacer el bien, ser útiles a nuestros semejantes y al Ser.

Tal vez, cada instante de inercia, en el que expresemos cierta apertura, cierto anhelo interior que nos pone en el camino del recto pensar, recto sentir y recto obrar, es un instante perdido; y así atrapados en nuestras tareas y ensoñaciones, se nos pasan rápidamente los días, las semanas... sin darnos cuenta, inconscientes de que se nos escapa la vida.

Sólo reflexionar no basta, hay que ser consecuente, muy especialmente con respecto a las obligaciones y trabajo cotidiano, con lo que es el sentido vocacional de ser útiles, de amar lo que hacemos, para intentar superar la dualidad en que nos movemos y en función de la cual reaccionamos: disgusto-gusto, fácil-difícil, grato-ingrato, simpático-antipático... 

Llegar a anteponer el dar al recibir, el acto desinteresado al interesado, la palabra dura para con uno a para con los demás, la alegría interior del deber cumplido al placer de la comodidad.

Una vocación innata para las mujeres suele ser el de ser madre, y esto lo podemos concretar en muchos detalles, por ejemplo cuando incluso ya hemos salido de casa, y la alegría que tiene cuando nos juntamos a comer, a pesar del trabajo que en realidad les supone, ellas se esfuerzan sin quejas y con cariño.

Otros ejemplos en los que se refleja el desinterés y las ganas de ser útiles, de profundizar en una Ética desde un puesto o profesión determinados:

- un enterrador que tiene una pequeña oración hacia el Alma del difunto, y con más compasión si nadie acompaña al cuerpo.

- un juez que escucha a ambas partes con igual imparcialidad y respeto.

- una secretaria teniendo dignidad y carácter profesional ante el jefe o compañeros.

- una ama de casa que se dedica a su hogar, manteniendo unida la familia sin generar comparaciones o dependencias.

- un agricultor forestal reduciendo al máximo los productos químicos en sus cosechas y viveros, pues alimentarán y oxigenarán a sus semejantes.

- un soldado que con serenidad ayuda a los civiles en catástrofes como incendios, inundaciones...

LAS ESCUELAS GNÓSTICAS



La Gnosis no es una doctrina nueva , sino que se trata de la antigua Sabiduría que se pierde en la noche de los tiempos. A través del estudio de esta sublime enseñanza se comprende que, entre otras cosas, la Gnosis es la fuente original de toda forma religiosa.

Si investigamos el cristianismo se entiende fácilmente que, en sus orígenes, es una religión emanada de esta Sabiduría Inmortal. “Esta es la Gnosis de Jesús de Nazareth, la Gnosis de los Esenios, de los Peratas, la Gnosis de la primitiva y verdadera Iglesia Cristiana, que sale al encuentro en esta Era de Acuario.”

La formación y doctrina de Jesús

Jesús de Nazareth perteneció a la secta de los Esenios, estudió la sabiduría hebraica y tuvo, durante su infancia, a los maestros rabinos: Elchanam y Jehosuah Ben Perachiah.

Jesús, en esta desconocida etapa de su vida, a parte de adquirir profundos conocimientos del Zohar, el Talmud y de la Torah, realizó numerosos viajes por Europa, perteneció a una Escuela de Misterios del Mediterráneo y estudió en la pirámide egipcia de Kefrén, además de viajar por Caldea, Persia, India y el Tíbet.

Ciertamente, fueron tremendos los conocimientos que adquirió a través de sus numerosos viajes y en las diferentes escuelas mistéricas de su época. Y fue posteriormente cuando regresó a su tierra para cumplir la misión más grandiosa de los siglos: abrir públicamente el sendero de la Iniciación para todos los seres humanos.

Hasta entonces, la Gnosis, la Santa Doctrina Crística, se conservaba en secreto dentro de los Misterios Iniciáticos de Egipto, Troya, Roma, Cartago, Eleusis, etc. En estas escuelas sólo podían ingresar a la Iniciación los sacerdotes de las castas privilegiadas. Allí se impartían las enseñanzas por medio de representaciones teatrales en las que se narraban antiguas leyendas divinas y dramas religiosos, uno de los cuales era el “Drama del Cristo Cósmico”.

Jesús representó el drama de la Pasión Crística en los templos y más tarde lo vivió dolorosamente, de forma pública, sobre las viejas calzadas de Jerusalén, la ciudad querida de los Profetas. De esta forma se abrieron las puertas del templo a todos los seres humanos.

Por lo tanto, la doctrina que el Gran Kabir Jesús enseñó, no la sacó de su propia cosecha sino que es una doctrina cósmica que existió antes de él y seguirá existiendo siempre. El gran hecho de Jesús fue haberla enseñado en forma alegórica, o simbólica, en el mundo físico para que la gente la comprenda.

Así, actualmente, algunos autores llegan a entender este hecho, como John Robertson que dice: “El relato evangélico acerca de los sufrimientos de Jesús, leído con atención, produce una impresión algo extraña: como si no fuera una obra literaria sino una representación teatral... Algo así como la escenificación de un acto ritual.”

En los siglos siguientes, las Escuelas de Misterios cerraron en el mundo físico, mas la síntesis de la sabiduría que atesoraban quedó reflejada en la doctrina de Jesús.

La renovación religiosa

Hace veinte siglos, con Jesús el Cristo, se originó una renovación espiritual, apareció una nueva forma religiosa, el cristianismo; pero lo cierto es que los principios religiosos eran los mismos que siempre habían existido. En el fondo, todas las religiones atesoran el mismo conocimiento: la Verdad.

Si hacemos un estudio comparativo de las religiones de todas las épocas observamos que las formas religiosas se han ido sucediendo unas a otras a través de miles de años y que contienen, siempre, los mismos principios inmutables de la Verdad.

Por ello no es de extrañar que, bajo el nombre de “cristianismo”, se formara nuevamente la organización clerical con los mismos atributos, ceremonias, mitras y liturgias de religiones anteriores. La forma religiosa grecorromana se degeneró y murió pero sus principios continuaron con el cristianismo.

En los últimos tiempos de las religiones que precedieron al cristianismo, ya las gentes se reían de los mitrados y los sacerdotes andaban vagabundos por las calles convertidos en titiriteros o pedigüeños, muchos se hacían pasar por adivinos y eran apedreados en las calles. Las multitudes no respetaban esas formas religiosas y en consecuencia desaparecieron.

Es entonces cuando los Eternos Principios Religiosos se revisten con nuevas formas para iniciar una nueva Era con Jesús el Cristo. Así nació el cristianismo.

Se puede asegurar que la obra de Jesús fue una necesidad de la época porque la antigua forma religiosa de los romanos iba hacia su completa degeneración y muerte. Pero lo que Jesús fundó fue la Iglesia Gnóstica no la Iglesia Católica que es una desviación, una rama desprendida de la Santa Gnosis.

La Gnosis en el primitivo cristianismo

Al investigar en el naciente y primitivo cristianismo se descubre la base gnóstica con la que se formó. 

Clemente de Alejandría
La Historia nos explica de las grandes dificultades por las que pasó el cristianismo primitivo. Dificultades externas con persecuciones, catacumbas, martirios y luchas internas entre las distintas corrientes, pensadores y centros cristianos.
A partir del siglo IV se impuso la secta Católica Romana y ésta rechazó y consideró heréticas las anteriores, las primeras formas del cristianismo, y se aleja de la primigenia y original que es el Cristianismo Gnóstico.

La Gnosis, en los primeros tiempos de la Era cristiana, fue aceptada y valorada muy positivamente, quedando testimonio de ello en textos evangélicos, Hechos de los Apóstoles, escritos de los Padres de la Iglesia, etc.

Irineo
Se puede observar como el término “Gnosis” aparece traducido como “conocimiento” o “sabiduría” en muchos versículos de los Evangelios: “Os ha sido dado conocer los misterios del reino de los Cielos” (Lucas 8,10). “A vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído de mi Padre os lo he dado a conocer” (Juan 15,15). “...Y esta es la Vida Eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero” (Juan 17,3). Etc.

Respecto a los primeros Padres de la Iglesia (Ireneo, Orígenes, Clemente de Alejandría, etc.) la idea tan extendida de que fueron enemigos de la Gnosis, es totalmente falsa. Al estudiar sus textos se evidencia, con sorpresa, que unas veces hablan muy bien de la Gnosis y otras veces parecen atacarla.

Orígenes
Entonces se comprende que éstos lo que predicaron fue la verdadera Gnosis y atacaron la que se había falsificado y adulterado por algunos neocristianos desviados. A continuación se exponen algunas frases donde esto queda recogido:

“La verdadera Gnosis es la doctrina de los apóstoles”. Ireneo (Adversus haereses, IV, 33. Pág. 67).

“El verdadero objeto de la fe es la Gnosis”. Clemente de Alejandría (Stromata, II.11).

“Creer es aceptar el credo, mientras que la Gnosis equivale a conocer a Dios por vía mística, constituyendo el perfeccionamiento o último estadio de la vida de la fe”. Orígenes (Comentarium in Joanem. X. 3,7- Pág.14,373)

Causa original por la que se marginó a la Gnosis

Al pasar el tiempo, parte de los primeros cristianos, rechazaron la Gnosis porque sólo llegaron a conocer una parte simbólica, cargada de mitos y leyendas que calificaron de fantasía, y empezaron a negar que Jesús y sus discípulos tuvieran verdaderas enseñanzas esotéricas.

Pero al analizar los hechos se comprueba que, desde siempre, todas las religiones, incluido el judaísmo, transmitían parte de sus doctrinas sólo a individuos seleccionados a través de ritos sagrados, objetos simbólicos, juramento de silencio, formación de castas privilegiadas, etc. 

También el Nuevo Testamento está lleno de elementos esotéricos (ritos antiguos, símbolos, parábolas, mantrams, milagros, etc.). Por ejemplo en el Evangelio de Marcos (4,10) se explica la diferencia entre las enseñanzas que Jesús daba en público y las que daba a sus discípulos más cercanos:

“Cuando se quedó solo, le preguntaron los que estaban en torno suyo con los doce acerca de las parábolas; y Él les dijo: A vosotros os ha sido dado a conocer el reino de Dios, pero a los otros de fuera todo se les dice en parábolas para que mirando, miren y no vean; Oyendo, oigan y no entiendan...”

También, los primeros Padres de la Iglesia hablan en sus escritos de la tradición esotérica del cristianismo: 

-Orígenes (en Com. Math. XIV,2): “Los evangelistas mantuvieron oculta (Apokryphan) la explicación que Jesús daba de la mayor parte de las parábolas”.

-Clemente de Alejandría (Stromata 13,2;15,2) explica que existen unas enseñanzas reservadas a unos pocos, transmitidas oralmente y que constituían la tradición gnóstica: “A Santiago el Justo, a Juan y a Pedro, confió el Señor, después de su resurrección, la Gnosis; éstos la comunicaron a los demás apóstoles y los otros apóstoles la confiaron a los setenta, uno de los cuales era Bernabé” (Hist. Eccl. II 1,3-4. Eusebio de Cesarea)

Así fue como, después de varias generaciones de cristianos, el rechazo al esoterismo provocó que, en adelante, la Gnosis cristiana y la enseñanza esotérica sobrevivieran disimuladas y al margen de las instituciones oficiales de la dogmática ortodoxia romana.

Origen del Gnosticismo

Hoy, ninguna persona culta caería, como antaño, en el error simplista de hacer surgir las corrientes gnósticas de alguna exclusiva latitud espiritual. Es obvio que el gnosticismo es anterior a la predicación del Evangelio y que los principios gnósticos aparecen, casi mágicamente, en todas las grandes filosofías y religiones antiguas ya que la Gnosis es el Divino Saber que los Dioses de la Aurora revelaron a los hombres. Por lo tanto, la Gnosis, es un funcionalismo muy natural de la Conciencia, una “Philosophia perennis et Universalis”.

Principales Grupos Gnósticos Cristianos del s. I y II

Según Krumm-Heller, estas sectas y escuelas, lucharon para que el naciente cristianismo conservara todos los misterios de las antiguas religiones. A pesar de que la Iglesia Católica, a lo largo de la historia, los calificó de herejes y ha querido olvidarlos, hoy vuelven a resurgir las investigaciones sacando a la luz aspectos que habían permanecido escondidos y que nos ayudan a comprender el verdadero esoterismo de la doctrina cristiana gnóstica.

LOS ESENIOS

Esta secta judía existía ya en el siglo II a.C. y sobre la etimología del nombre, Filón da dos orígenes posibles, uno del griego “Oisoi” (los santos) y otro del hebreo “Has´îm” (los silenciosos).

Hasta hace unas décadas se hablaba del “gran enigma de los esenios” ya que los únicos datos que se conocían se encontraban en algunos escritos de Filón, Flavio Josefo y Plinio el Viejo. Pero, cuando en 1947, aparecieron los manuscritos de Qumran, se pudo identificar a los miembros de la secta del Mar Muerto con los esenios por las coincidencias entre los textos descubiertos y la documentación existente aportada por los autores antes citados. Los esenios, ante todo, fueron sabios, en el sentido más completo de la palabra.

De las investigaciones hechas sobre estos documentos se puede extraer que los esenios conocieron la sabiduría antigua y se dedicaron a trabajar sobre sí mismos desde un punto de vista psicológico, es decir, se dedicaron a la “Muerte del Yo” hasta conseguir el despertar de la Conciencia, practicando la alkimia sexual y conociendo que la alkimia del amor es la fuerza maravillosa que despierta los poderes místicos del hombre. También conocían la doctrina de la resurrección de los muertos que Jesús enseñó y demostró a la Humanidad.

Entre los rituales que practicaban destaca el del “Ágape Sagrado” que, posteriormente, el gran Maestro Jesús celebró con sus apóstoles en la Última Cena. Por lo que, es obvio que Jesús, el Divino Rabí de Galilea, fue miembro activo de esta casta de místicos que jamás se cortaban el cabello y estudió en el convento que tenían a orillas del Mar Muerto.

El sistema de enseñanza adoptado por Jesús fue el de los esenios y es lógico que Marcos, el gran gnóstico evangelista, perteneciera también a esta secta y cuidara especialmente el ritual de la “Santa Unción”.

Tanto los estudiosos de la Historia, como algunos Maestros Gnósticos, nos ratifican que los esenios fueron gnósticos al cien por cien y que sus rituales gnósticos fueron los rituales primitivos de los antiguos cristianos.

LOS NAZARENOS

Inicialmente, se llamó así a la nueva secta judía seguidores de Jesús, el nazareno. Palabra derivada de “nazar” (Hombre de nariz recta; Jesús, en lugar de la típica nariz curvada de tipo judío, tenía la nariz recta pues por parte de padre era de raza blanca céltica).

La doctrina del nazareno nos invita a la formación de nuestro Cristo Interior. Pablo de Tarso, gnóstico nazareno, predicó esta enseñanza cuando llegó encadenado a Roma y la difundió por muchos puntos del Imperio Romano.

Estudiando cuidadosamente a Pablo, se observa que raramente alude al Cristo histórico sino que se refiere al Cristo Interior, el que debe surgir del fondo de nuestro Espíritu, de nuestra Alma.

Pensar que el Cristo Cósmico es solamente un individuo sagrado llamado Jesuá Ben Pandirá, que se conoció hace dos mil años y que enseñó la doctrina de los gnósticos, realmente no es comprender a fondo los Misterios Crísticos. Se sabe por la enseñanza gnóstica que el Cristo es una fuerza cósmica que se encarna en todo individuo debidamente preparado, como lo fue Jesús, y que inútilmente habría nacido, muerto y resucitado Jesús sino naciera, muriera y resucitara en nosotros también. Esta es la doctrina, la naturaleza del “Salvator Salvandus”.

La Gnosis, a través de los tres factores de la revolución de la Conciencia, enseña todas las claves para comprender al Cristo, para celebrar, algún día, la “Navidad del Corazón”.

El Maestro Huiracocha (Krumm-Heller), en su libro “La Iglesia Gnóstica”, explica que los esenios tenían como objeto sagrado un cáliz en el cual tomaban una mezcla de vino y agua y que jamás faltaba sobre los altares el símbolo de la serpiente.

Los nazarenos también eran conocidos como bautistas, sabeanos y cristianos de San Juan. Los gnósticos bautistas aseguraban que el verdadero Mesías era Juan y que Jesús tan sólo era un iniciado que quiso seguirlo, por lo que surgieron disputas entre bautistas, esenios y otros grupos. 

El error de tales gentes consistía en la absurda creencia de que el Kabir Jesús no era el Hijo de Dios sino sencillamente un profeta que quiso seguir a Juan.

Orígenes explicaba: “existen algunos que dicen de Juan el Bautista que él era el Ungido (Christus)”(Vol. II Pág.150). “Cuando las concepciones de los gnósticos, que veían en Jesús el Logos y el Ungido, empezaron a ganar terreno, los primitivos cristianos se separaron de los nazarenos porque acusaban a Jesús de pervertir las doctrinas de Juan y de cambiar por otro, el bautismo del Jordán” (Codex Nazarenus II, Pág.109).

No está de más aseverar, con gran énfasis, el hecho transcendental de que el Bautista era también un “Christus”.

PERATAS o PERATICENOS

Se les considera como una de las escuelas o sectas de la Gnosis de los primeros siglos. El conocimiento que se tiene de ellos es a través de los “Philosophumena” o “Refutación de todas las herejías”, libros atribuidos a Hipólito, aunque suelen agruparse entre las obras de Orígenes. En estos libros se explica que el nombre de “peratas” se debía a que eran los únicos que podían pasar (“perasai”) a través de la corrupción de la época.

La doctrina de los peratas, leída a la “letra muerta”, resulta algo caótico y fantástico por estar llena de simbolismos y mitos. Por medio de autores como Krumm-Heller, sabemos que estos gnósticos eran de una alta moral y conocían los grandes secretos de la Naturaleza.
Su doctrina se basaba en la división del mundo en un trío: la primera parte de esa tríada es la Perfección o “Dios Causa”, la segunda es el mundo Astral y la última el mundo físico o visible. Desde el mundo superior se esparce toda semilla para que fructifique en el mundo físico y entre ambos mundos existe un mediador, el Crestos, por cuyo auxilio es posible llegar a la perfección.

Este mito recuerda a muchos otros, como el utilizado por Platón o por la Kábala hebraica que explica el origen de la vida en los Mundos Superiores pasando por diferentes esferas hasta llegar al mundo físico y desde el que se necesita de la Gnosis y del auxilio divinal para reconquistar aquel mundo o estado superior del que caímos.

Los peratas cantaban a la belleza y decían que su secreto está en lo “masculino-femenino” que, aprovechado debidamente, nos mantiene siempre jóvenes. Afirmaban que existen dos formas de nacimientos, del primero salen hombres condenados a muerte y del segundo, de la concepción del Espíritu Santo, salen ángeles, por lo que consideraban que el deber del hombre es evitar la concepción carnal y lograr la espiritual. El paso del hombre carnal al espiritual lo relacionaban con el paso del pueblo de Israel por el Mar Rojo, a la vez que daban gran importancia a la continuación del pasaje bíblico donde Moisés mostraba a su pueblo la serpiente sobre una vara.

Es decir, los peratas, enseñaban a sus adeptos los Misterios de la Serpiente, que ha de ascender por el canal medular de todo iniciado mediante el Gran Arcano A.Z.F.


NAASENOS

Este grupo es una variante de las sectas gnósticas en los siglos I y II, toman su nombre de la palabra hebrea “Nahas” que significa serpiente. En griego, serpiente es “ophis, por eso los naasenos griegos se llamaban “ophitas”.

Esta secta tuvo una considerable importancia en los primeros siglos de nuestra Era. Adoraban a la serpiente y por este motivo se les consideró heréticos. En sus escritos describen al hombre como un trío de cuerpo, alma y espíritu. Resulta interesante que, en esta época tan materialista, la antigua sabiduría nos recuerde cual es nuestra verdadera identidad: aquello que no tiene fin, el Alma, el Espíritu. Hoy en día, es la Gnosis de Samael y Litelantes la que nos enseña a tomar conciencia y a desarrollar las facultades del Alma, para venerar el verdadero Espíritu, a nuestro Dios interior.

Los naasenos tomaron la forma de su culto de los egipcios, representando a Hermes con el título de “dador de la razón” ya que éste comunicaba los misterios alquímicos.

Conocían el poder del sonido y lo empleaban en la magia sacra. El antiquísimo mantram “Kawlakaw-Sawlasaw-Zeesar” era pronunciado secretamente (Kawlakaw hace vibrar el hombre espíritu, Sawlasaw hace vibrar la humana personalidad y Zeesar hace vibrar el astral del hombre). 

Eran grandes astrólogos y representaron al dragón (reflexión del Logos) en una constelación (Draco). Este dragón en su aspecto superior es el “Aja” hindú, el Prometeo griego o el Lucifer cristiano; el mismo Logos, el “nacido por sí”. Todo Hierofante (Maestro autorrealizado) es un verdadero Dragón de la Sabiduría.

SETIANOS

Secta ofítica del siglo II de la Era cristiana. Las referencias más antiguas de este grupo se encuentran en los escritos de Hipólito y Epifanio.

Los setianos rendían culto a la Sabiduría Divina. Los tres hijos de Eva (Caín, Abel y Set), formaban una tríada; donde Caín representaba a la “carne”, Abel era el “mediador”, y Set el Dios de la Sabiduría.
Además afirmaban que Cristo y Set eran lo mismo, puesto que ambos eran Hijos de la Sabiduría.
Hipólito

En el libro bíblico del Génesis encontramos referencias que pueden aclarar estos aspectos:

“Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set: Porque Dios (dijo ella) me ha dado otro descendiente en lugar de Abel, a quien mató Caín” (Génesis 4, 25).

Caín se alejó de la presencia del Señor y al desaparecer Abel, quien representa al hombre justo, es sustituido por Set que da lugar a la descendencia de hombres cumplidores de la Ley de Dios.

Los setianos adoraban la Gran Luz. Decían que el Sol, en sus emanaciones, era sustancia divina, la cual forma nido en nosotros y constituye la serpiente. Ciertamente, el Cristo sin la serpiente nada podría hacer, por ello el Señor de Perfección, el Logoi íntimo de cada cual, desciende de su elevada esfera y se hace hijo de la Divina Madre Kundalini, la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes, por obra y gracia del tercer Logos.

En su doctrina, explicaban que el hombre sólo debía temer a la Oscuridad y que la Luz, aprisionada por las Tinieblas, trata de liberarse. Esta lucha entre la luz y las tinieblas es una constante en las antiguas tradiciones gnósticas y podemos comprobar en nuestras vidas, la necesidad que tenemos de liberar la Luz de la Conciencia, embotellada en el Ego.

Los setianos representaban, en los misterios, a la Luz por un anciano; y a la Oscuridad por una mujer joven y hermosa. Los poetas, en sus odas, cantaban esa persecución...

Esta secta gnóstica tenía, como objeto sagrado, un cáliz (el Santo Grial) en el cual bebían una mezcla de vino y agua. Tampoco faltaba sobre el altar el símbolo sagrado de la serpiente y “el discurso de Set” era su libro sagrado.

JUSTINIANOS

Grupo gnóstico formado por Justino, mártir nacido en Samaria y del cual se dice que se convirtió al cristianismo en el año 130, tras pasar por diversas escuelas (pitagórica, aristotélica, platónica...).

En sus enseñanzas, afirmaba que las verdades que aparecen en la filosofía pagana, tienen su plena expresión en el cristianismo. Escribió varias obras, muy censuradas y cambiadas por la Iglesia Católica según Krumm-Heller. Por ser gnóstico, la Iglesia Católica quemó muchas de sus verdaderas obras y reformó otras sustituyendo nombres, por lo que evidentemente, la imagen que la Iglesia Católica ofrece de Justino, no tiene nada que ver con la realidad histórica de éste.

Fue el autor del “Apocalipsis de Baruc”, que dista mucho de ser el que actualmente se conoce (el verdadero está en poder de varias sociedades secretas). Según Justino, Baruc fue el Ángel que inició a Jesús en los Sagrados Misterios.

Justino fue un gran iniciado y su fama llegó a ser universal. No pudiendo la Iglesia Católica, dada su fama, dejar de explotar su nombre, guardó sus verdaderos libros y le atribuyó otros bien distintos que jamás hubiera escrito.

En su escuela, se solicitaba a sus discípulos un juramento tremendo, por el que se obligaban a no revelar jamás cuanto les era enseñado sobre los grandes Misterios. Obviamente, Justino participaba y hacía partícipes a sus discípulos más avanzados de la tradición esotérica gnóstica.

VALENTINIANOS

Valentín fue un gran Maestro de la Gnosis y fundó la escuela gnóstica más conocida del siglo II. Los valentinianos fueron gentes dedicadas a los estudios del esoterismo crístico en todos sus aspectos.

Valentín, alcanzó gran fama en su época y fueron muy grandes sus luchas por mantener la pureza de la Gnosis Cristiana. Sostuvo que Jesús fue gnóstico, en toda la extensión de la palabra y que la Iglesia Católica no podía interpretar las escrituras porque le faltaba la clave gnóstica.

La Iglesia Católica terminó excomulgándolo por hereje. Según Krumm-Heller, la herejía consistía en poseer un conocimiento muy profundo y trascendente, junto con sus acreditadas virtudes; especialmente sus grandes poderes como mago, despertaron los celos y la ira de sus adversarios.

Sus libros fueron adulterados con el fin de velar su verdadera doctrina.
Lo más conocido entre las enseñanzas de esta escuela es el llamado “Mito de Valentín” que sirve como modelo de mito, y queda plasmado, de una forma más o menos manifiesta, en todo sistema gnóstico definido.

El “mito de Valentín” nos muestra a los treinta Aeones Pleromáticos surgiendo misteriosos de entre el Espacio Abstracto Absoluto por emanaciones sucesivas y ordenadas en parejas perfectas. Es decir, del Absoluto emanan, en parejas perfectas, los creadores del Universo. Estos Cosmocratores son andróginos perfectos que emanan del “Agnostos-Theos”, del Dios desconocido que es el Absoluto. Éstos son los Elohim de la Biblia que vienen a construir el Universo (“Elohim” se traduce como “Dios” en las variadas versiones que existen de la Biblia, aunque la traducción correcta sería “dioses y diosas” por ser un término femenino con terminación plural masculina: “Y el espíritu de los principios masculino y femenino se cernía sobre la superficie de lo informe y la creación tuvo lugar”).

En esta escuela gnóstica también se estudiaron y analizaron cuidadosamente los misterios del sexo. Los valentinianos conocieron el secreto lemúrico, sublimaron la energía creadora y lograron el desarrollo de ciertas posibilidades psíquicas que se hallan latentes en la raza humana. Ciertamente, Valentín fue un gran Iluminado, un gran Maestro en el sentido más completo de la palabra.

CARPOCRATIANOS

Escuela fundada por Carpócrates en Alejandría, a principios del siglo II. 

Carpócrates, fue un filósofo griego, autor de un sistema místico-gnóstico con mezcla de elementos de la doctrina platónica y la Doctrina Gnóstica, en el que se habla muy profundamente de la Mónada o Principio de Vida, que da forma a todo mundo, organismo, microorganismo, etc. 

En sus predicaciones, Carpócrates, aseguraba que Jesús había desarrollado la clarividencia, de tal manera, que podía recordar todo lo visto y vivido por él en otros mundos y en otros cielos. Esto se corresponde con lo que Jesús le dice a Nicodemo refiriéndose a que él (Jesús) sólo habla de las cosas terrenales o celestiales que ha visto y que los hombres no alcanzamos a ver ni a comprender. “En verdad, en verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos y de lo que hemos visto damos testimonio. Si hablándoos de cosas terrenas no creéis, ¿cómo creeríais si os hablase de cosas celestiales?” (Juan 3, 11-12).

Krumm-Heller especifica que este filósofo griego fundó las primeras escuelas místicas (conventos) del gnosticismo. Algunos de estos conventos carpocratianos se establecieron en la Península Ibérica en los primeros siglos.

Carpócrates fue un verdadero mago, enseñando ampliamente en sus conventos la magia ceremonial. Algunas sociedades secretas aún conservan conocimientos muy trascendentes de este Maestro y todavía se siguen utilizando sus fórmulas para la preparación de medicamentos.

Como conclusión se podría decir que en todas las sectas cristianas primitivas, se observa que brilló resplandeciente la Gnosis, la doctrina de la síntesis. En todas ellas se estudió profundamente la doctrina esotérica del Cristo, de la Magia Sexual y de la disolución del Yo. Se deduce de todo esto que, si los sacerdotes del cristianismo no se hubieran apartado de la Gnosis primitiva, el cristianismo de estos veinte siglos hubiera sido muy diferente.

jueves, 6 de octubre de 2011

ASANAS: POSTURAS SAGRADAS

Desde la antigüedad las orillas del río Ganges y las cuevas del Sagrado Himalaya han sido el escenario de miles de yoguis que se retiraron de la vida cotidiana y se adentraron en la mística y la abstinencia con la finalidad de experimentar el Samadhí y de irrumpir en el vacío iluminador. 

En Occidente, todos asociamos el yoga con un cierta gimnasia oriental, a través de cuyas posturas o asanas se consiguen grandes beneficios físicos y mentales. En realidad, el yoga es algo mucho más serio y profundo, y la cuestión de las posturas o asanas no es sino un punto dentro de la sagrada ciencia del yoga. Por tanto, practicar asanas sin profundizar en los demás aspectos del yoga resulta algo demasiado superficial e incompleto. Sin embargo, si verdaderamente queremos profundizar en la ciencia de la meditación debemos coger lo mejor del yoga y, en este contexto, el estudio y práctica de las asanas resulta imprescindible y trascendental.

El Maestro Samael resalta en su obra muchas veces la importancia de las asanas, especialmente cuando habla de la meditación y del tantra yoga. Como veremos los pasos que el yoga marca son los mismos que el Maestro señala para orientarnos en la ciencia de la meditación, las exóticas palabras con las que el Maestro define los diferentes estadios de la meditación vamos a encontrarlas en todo su esplendor y con todo lujo de detalles en el yoga de hace miles de años. 

La antiquísima sabiduría de la India explica que los estadios del yoga son ocho; yama, niyama, asana, pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhí.

Todos ellos se hallan integrados pero, por una cuestión de conveniencia pedagógica, se estudia cada componente como toda una ciencia en sí. 

Así como un árbol tiene raíces, tronco, ramas, hojas, corteza, savia, flores y frutos, y cada uno de estos componentes posee una identidad separada, pero cada componente no puede constituir él solo un árbol. Lo mismo ocurre con el yoga. Al igual que todas las partes reunidas conforman un árbol, así también los ocho estadios reunidos forman el yoga. 

Hablando en terminos metaforicos, se prodría decir que los principios universales de yama son las raíces, y las disciplinas individuales de niyama conforman el tronco. Las asanas son como varias ramas extendiéndose en distintas direcciones. El pranayama, que ventila el cuerpo con energía, es como las hojas que ventilan todo el árbol. Pratyahara evita que la energía de los sentidos fluya al exterior, igual que la corteza protege el árbol para que no se pudra. Dharana es la savia del árbol que mantiene firme el cuerpo y el intelecto. Dhyana es la flor que al madurar se convierte en el fruto que es el samadhí. 

A través de los ocho estadios del yoga el sadhaka (aspirante espiritual) desarrolla la comprensión y la sabiduría, dentro de su conciencia. Va avanzando paso a paso desde lo conocido, su cuerpo, hasta lo desconocido, el Espíritu, pasando por el puente que es el Alma.

La ciencia del yoga es una doctrina sistemática de enseñar al ser humano a ir con meticulosidad y eficacia en pos del encuentro con la divinidad que se halla en su interior. Desentraña al hombre desde su cuerpo hasta su interior. Avanza pasando del cuerpo a los nervios, y de los nervios a los sentidos. Desde los sentidos se adentra en la mente, controladora de las emociones. Desde la mente penetra en el intelecto, que guía la razón. Desde el intelecto, su senda conduce a la voluntad, y de ahí a la conciencia (chitta). La última fase va de la conciencia a su realm Ser, Atman.

Así, el yoga conduce al sadhaka (chela o discípulo) desde la ignorancia al conocimiento, desde la oscuridad a la luz y desde la muerte a la inmortalidad. 

Filosofía del yoga

El gran sabio hindú Patanjali es el exponente más antiguo de la filosofía del yoga y su obra ha sido el referente para los posteriores tratados de yoga. Se le considera como uno de los avataras del Señor. En el "Yanavalkia Smriti" deja atrever que fue Hiranyagarbha el maestro original del yoga. Es decir, que Patanjali fue sólo quien compiló o explicó los preceptos, las doctrinas y las enseñanzas yóguicas. 

En estas enseñanzas se define al yoga como un esfuerzo consciente y prolongado hacia la auto-perfección. El propósito del yoga son muchos, pero en especial es el de aquietar la mente para que ésta pueda reflejar sin ninguna distorsión al Atman que se halla presente en cada ser vivo. 

Los grandes Iniciados de la ciencia del yoga explican y recomiendan lo siguiente: 

"El yoga refrena los sentidos y controla la mente”

“Es necesario meditar regularmente”. 

“Es prudente observa y buscar dentro del interior de uno mismo”. 

“Tratemos de eliminar los defectos. Éste es el más difícil y verdadero sadhana o práctica espiritual". 

“La oración y la meditación son los grandes pilares de la religión.”

“La vida de servicio desinteresado y de sacrificio, acompañada de oración y meditación, constituye la forma más elevada de religión.”

En la practica de la ciencia del yoga, el progreso interno se produce principalmente de un modo gradual, silencioso e imperceptible, como el suave abrir del capullo que se convierte en flor durante las horas de la noche. Por lo tanto no es bueno el desanimo ni deprimirse con la idea de que no se estas progresando. 

Si se practica el yoga de la meditación, se tendrá un cuerpo y una mente sana y la voz será dulce, no ofensiva, el rostro será brillante y reflejarán la serenidad del Alma en su estado de libre acción. Los ojos se volverán brillantes y se permanecerá siempre calmado, tranquilo y pausado. Se estará siempre alegre, contento, sin miedo y desapasionado. 

Si se practica el yoga no se sentirá atracción por las cosas del mundo, a las cuales los humanos damos tanta importancia. Las cosas que antes nos molestaban no lo harán ya más, Tendremos una mente imperturbable.

Seremos capaz de llevar a cabo la introspección sin interferencias mentales egoicas. Tendremos una mente firme, aguda y sutil. Anhelaremos dedicarnos más a la meditación y la oración. Experimentaremos ver luces e imágenes, captaremos olores con cierto sabor divinos. 

La idea de que todas las formas son formas del Señor se arraigará en nosotros más y más. Sentiremos en todas partes la presencia de Dios. Tendremos una postura o asana muy firme que nos permitirá estar largo tiempo en la misma posición recibiendo la energía sublime del “prana”. Desarrollaremos un deseo ardiente de dedicarnos al servicio desinteresado por la humanidad."

Asanas 

Como nos dicen, en la meditación conseguir una buena asana es un punto fundamental. De acuerdo con el "Yoga Sastras", existen 84.000 asanas, de las cuales destacan 84. Asana significa postura. Las asanas pueden dividirse ampliamente en dos grupos principales: posturas de meditación y culturales. 

Algunos autores enseñan que las posturas básicas de meditación son cuatro o cinco, generalmente citan la postura del loto o padmasana, siddhasana, swastikasana, sukhasana y la conocida como vajrasana, la cual pueden utilizar aquellas personas incapaces de servirse de las cuatro principales. 

Estas posturas son las apropiadas cuando los estudiantes se sientan para los ejercicios de respiración y meditación. Uno tiene que ser capaz de sentarse en cualquiera de estas posturas de meditación durante una o dos horas sin moverse. 

En primer lugar, con ellas se consigue una posición erecta de la espina dorsal, se mantiene a ésta en su natural curvatura. En segundo lugar, acostumbrando al cuerpo a permanecer sentado durante largos períodos sin movimiento, se reduce al mínimo su proceso metabólico.
Esto va a contribuir notablemente a serenar la mente. Más aún, una espina dorsal derecha ayuda a los estudiantes a concentrarse, porque en la posición recta hay flujo estable de la corriente nerviosa o corriente de energía a través del cuerpo. Cuanto más quieta es la postura, más fácil resulta concentrarse y enfocar la mente en un solo punto. 

Seleccionada la postura que se prefiera, se empieza con quince minutos. Se aumenta gradualmente hasta una hora o dos. Se mantiene siempre la cabeza, el cuello y tronco formando una línea recta. Los beneficios de la postura dependen de la comodidad con que se realicen y para ello se necesita cierta flexibilidad que se adquiere con la continua repetición de la postura. El meditador debe esforzarse en mejorar poco a poco su asana e incluso antes de ponerse con ella a meditar la practicará en cualquier momento del día, mientras lee, escribe... preocupándose por mejorar cada movimiento. Sentarse en la asana cuantas veces sea posible es lo más adecuado. 

Sentarse

Ya tenemos una idea general y ciertas claves para empezar a meditar. Lo importante es empezar a practicar, entonces experimentaremos ciertos beneficios y no pocas dificultades que harán que abandonemos o empecemos a revisar este tema desde el principio poniendo más atención en muchos detalles básicos que se nos habían pasado desapercibidos. Comprenderemos porque la postura o asana es uno de los ocho puntos básicos, y toda una ciencia, dentro de la sabiduría yóguica y de la meditación.

Empezaremos a reconocer que sentarse para la meditación es toda una ciencia y un arte cuyo objetivo, muy importante, es permanecer inmóvil y derecho, con la espina dorsal recta, de manera que nuestro cuerpo descanse relajado pero firme y alerta. 

Todo el que lo haya intentado, sabe lo difícil que resulta algo tan simple como mantenerse sentado inmóvil y relajado. A los pocos minutos nuestra mente se distrae con pensamientos variados y la posición nos es molesta, nos movemos cada poco. 

Por tanto no es de extrañar la importancia que en el Zen dan al zazen. El ejercicio básico del Zen consiste en sentarse en relajación y dejar que se aquiete la mente. A eso se le llama zazen (“za" = sentarse). El zazen es algo así como permitir que un vaso de agua arcillosa se vaya aclarando. El agua se hará más clara por sí sola si dejamos de removerla durante un tiempo. La calma interior requiere quietud. En particular, los practicantes del Zen han descubierto que la mejor manera de controlar la mente es controlando el cuerpo. Cuando el cuerpo está completamente inmóvil la mente también se va aquietando.
El zazen formal se hace en postura sentada. Budha llegó a la Iluminación mientras estaba sentado. De las cuatro posturas, yacente, sentados, de pie y en movimiento, se considera la postura sentada como la más apropiada porque podemos permanecer quietos y vigilantes durante un periodo prolongado sin que ello nos fatigue. La espina dorsal erguida permite un estado de vigilancia y facilita que la energía fluya a través del cuerpo. La postura tradicional, la de loto completo, en la que cada pie se apoya sobre el muslo de la pierna contraria, es muy estable y equilibrada. 

Cuando alguien comienza a sentarse a meditar, al principio, y aunque tan sólo lo haga durante quince o veinte minutos, se encuentra con todo tipo de incomodidades físicas que producen distracción. Y a eso se añade el hecho de que la mente parece incapaz de permanecer concentrada en una sola cosa. Cuando nos quedamos quietos y vigilantes, la mente tiende a reaccionar, tratando al máximo de volver a conquistar una posición predominante y de control, entonces el practicante ha de limitarse a seguir quieto y a observarla con desapego. 

Con toda la importancia que tiene, el trabajar tan sólo con la mente no es suficiente. Antes debemos saber trabajar y dominar el cuerpo. Debemos aprender las posturas de meditación que son las más cómodas y eficaces para este fin. Si no adoptamos la postura correcta, uno podrá ignorar las quejas corporales hasta un punto, sin embargo, con frecuencia la incomodidad física demandará nuestra atención antes de que hayamos podido concentrarnos y, a menos que hagamos algo al respecto, no seremos capaces de continuar con nuestra práctica. Además, si no existe firmeza y quietud en la postura no se puede realizar correctamente ninguna técnica de respiración rítmica (pranayamas). Uno se da cuenta de que sólo cuando se ejecutan correctamente las asanas, la respiración pranayámica se instala fácilmente.

La mayoría de los occidentales, al principio, encontramos difícil sentarnos con las piernas cruzadas, y en las clases de meditación para principiantes rara vez se trata el tema de la postura con detenimiento. Esto hace que se desarrollen ciertos malos hábitos que luego costarán corregir y que nos van a incapacitar para proseguir con éxito los siguientes pasos de relajación de la mente, concentración, etc. Cuando nos sentemos a meditar, debemos aprender, como punto inicial, a dirigir la atención al cuerpo físico, hacia la asana, ésta es la primera base necesaria y el punto de partida para la práctica de meditación. No es posible meditar sólo con la mente. El cuerpo y la mente conforman una sola unidad. La toma de conciencia de nuestro cuerpo nos ayuda a desarrollar una buena postura física, ésta, a su vez, nos ayuda a que entremos en el mundo de la meditación. 

Características de una buena postura de meditación

Una buena postura de meditación es la que proporciona la mejor posición posible para la relajación física y la concentración de la mente. En dicha posición, debemos ser capaces de sentarnos completamente quietos por tanto tiempo como deseemos. Para relajarnos por completo, el sistema corporal deberá ser capaz de funcionar con un mínimo gasto de energía, al mismo tiempo, la mente tendrá que estar alerta y serena, para lo que es mejor mantener el cuerpo vertical. La posición sentada es la mejor, ya que el esfuerzo que las piernas realizan es mínimo. Los brazos y las piernas deberán encontrarse equilibrados, para evitar cualquier tipo de tensión.
Para meditar podemos sentarnos en una silla normal, sin embargo, es más fácil pasar un tiempo considerable inmóvil sentándonos en el suelo con las piernas recogidas cerca del tronco; esto minimiza el gasto de energía de los músculos y facilita la circulación sanguínea.

Los problemas con la postura

El problema que surge más frecuente al sentamos en una postura, en particular por un periodo largo de tiempo, es la incomodidad física. Tarde o temprano empiezan a dolernos las rodillas, o comenzarnos a sentir punzadas en el cuello y la espalda. Dichas molestias, en un principio, pueden estar relacionadas con la falta de práctica por no estar acostumbrados a sentamos quietos en el suelo. Sin embargo con frecuencia la causa de los dolores es simplemente la tensión, dado que los músculos se encuentran tensos o estirados cuando deberían estar relajados. Dicha tensión puede deberse a una postura mal equilibrada, que pone demasiada presión en ciertas áreas, o puede tener sus causas en nuestro estado emocional y mental. Por ello, todo meditador debe tener siempre en cuenta, durante todo el día, los dos primeros pasos de la meditación: yama y niyama. Sino cuando nos sentemos a meditar nuestro estado físico, mental y emocional estará demasiado alterado, disperso o lleno de mil y un preocupaciones que nos estorbaran continuamente. 

De todas formas, si simplemente mantenemos el cuerpo más erguido, sin encorvar la espalda, relajando el cuello y la cabeza, hallaremos que podremos mejorar nuestro estado mental. La relación entre el cuerpo y la mente, o entre la postura y las emociones también tiene un lado positivo: un estado emocional agradable naturalmente se reflejará favorablemente en la forma en que nos sentamos y movemos y viceversa. Así que al ejercitarnos con una asana, nuestro caos mental inicial se calma, tenemos mayor claridad, empezamos a sentir más ligero el cuerpo y más relajados y las constantes incomodidades que nos distraen se reducen gradualmente. Entonces nuestra espalda empezará a enderezarse, nuestro pecho a abrirse y nuestros brazos y hombros a relajarse. Es importante que por lo menos nos demos cuenta hasta que grado nuestro cuerpo normalmente se encuentra tenso y hasta qué grado esto nos influye. Una espalda más derecha y un pecho más abierto nos harán sentir más naturales y comenzaremos a adquirir un conocimiento intuitivo de lo que puede ser una buena postura de meditación. 

La postura como un método de meditación 

La postura, además de servir como una importante base para la salud física y para la práctica de meditación, puede ser vista como una especie de meditación en sí misma. Una buena postura de meditación puede ayudar a contrarrestar algunos de los obstáculos más comunes de la meditación. La tradición budista habla específicamente de 5 obstáculos (nivaranas), éstos son: 1. Deseo de experiencias sensuales. 2. Odio. 3. Pereza y letargo. 4. Agitación y ansiedad. 5. Duda e indecisión. 

Observemos por un momento el obstáculo de la "pereza y letargo". Algunas veces ya sea nuestra mente o nuestro cuerpo se encuentran pesados y somnolientos, sin ningún interés en la meditación. En esas ocasiones en que, una vez sentados, sentimos poco interés en la práctica de meditación, lo que nos conduce a un estado en el que estaremos totalmente dispersos, soñando despiertos, por lo menos podemos decidir pasarnos la sesión de meditación tratando de mantener una buena postura. Sin importar el que nuestra mente sea incapaz de tomar un objeto de meditación más sutil podemos, por lo menos, hacer un esfuerzo por mantenernos despiertos y por sentarnos correctamente. Si persistimos llevando la atención hacia nuestro cuerpo, teniendo cuidado de no arquear o encorvar la espalda, este primer obstáculo de la "pereza y letargo" se dispersará antes de terminar la sesión, siendo así capaces de avanzar hacia una definitiva técnica de meditación. 

Asimismo a través de la concentración en la postura es posible hacer algo con respecto a su opuesto, el obstáculo de la "agitación y ansiedad". La agitación física nos señala lo incómodo que hallamos el sentamos quietamente; de una manera similar cuando la mente experimenta ansiedad, no se encuentra en paz. Un método para contrarrestar la agitación física y mental es simplemente el determinar mantenerse sentado completamente quieto. Si no podemos hacer que la mente se mantenga firme, si lo podemos hacer con el cuerpo, si así lo decidimos. 

Entonces tomando como base la firmeza de nuestro cuerpo como el principal objeto de nuestra práctica de meditación, la mente agitada finalmente se tranquilizará y estará en paz.

La postura de meditación ideal 

La postura que refleja o conduce a un estado de conciencia superior es conocida, en la terminología tradicional del yoga, como asana. La asana ideal de meditación es la postura de loto completo. También hay diferentes variaciones que son casi igual de adecuadas. Entre las que describiremos, sin duda, habrá una posición que para empezar nos acomode, pudiendo mejorarla posteriormente de una manera gradual. Si nos resulta difícil sentarnos con las piernas cruzadas, es casi igual de adecuado sentarse en un banquillo pequeño de meditación. También puede usarse una silla normal, pero teniendo en cuenta que por muy habitual que nos resulte esta postura no sabemos sentarnos correctamente, hemos de educarnos en la silla, lo mismo que para sentarnos en el suelo con las piernas cruzadas. 

Ajuste de la postura de meditación 

Es útil aprenderse la técnica para el ajuste de la postura, dado que así cada vez que nos sentemos a meditar, tendremos una forma sistemática de evaluar nuestra postura. La mayoría de las veces no nos llevará más de unos pocos minutos, aunque otras veces necesitaremos pasar un poco más de tiempo. 

Técnica para el ajuste de la postura 

Escoger un banquillo o cojín y colocar las piernas, lo mejor posible, en la posición elegida.

La pelvis deberá ajustarse de tal modo que el ángulo que forme sea más o menos recto, sin llevarlo demasiado hacia atrás o hacia delante. La posición correcta de la pelvis pone a estos huesos en un máximo contacto con el cojín. 

El mantenernos conscientes en estos huesos nos permite elevar la columna vertebral ligeramente para así enderezarla, evitando la rigidez. Si hacemos una respiración profunda uno o dos veces, nuestro pecho al igual que la caja torácica se abrirá. Los brazos y hombros deberán relajarse, acomodando las manos sobre el regazo, de tal forma que no ejerzan presión alguna en la posición relajada de los hombros y brazos. Podemos colocar una mano sobre la otra, como en el dhyani-mudra, o en cualquier otra posición adecuada. 

Para ajustar la posición de la cabeza deberemos damos cuenta de que el cuello es una extensión de la columna. Si es necesario podemos mover la cabeza hacia atrás y hacia delante hasta que se sienta equilibrada. Deberemos sentir el punto en donde el cráneo encuentra equilibrio con la columna vertebral, moviéndolo un poco hacia delante, de tal manera que la mirada se encuentre dirigida hacia el suelo cerca de nuestro asiento, tratando de relajar la cara, el mentón, la lengua y la garganta. 

Finalmente tendremos que revisar cómo nos encontramos en esta postura, especialmente, la alineación del tronco. Es necesario comprobar que no existan faltas básicas como encorvamiento o arqueo de la espalda, y que se haga cualquier ajuste que sea necesario. Sentarse derecho no significa poner la espalda completamente derecha o tensa como el palo de una escoba sino que debe estar bien erguida manteniendo la curvatura natural de la espalda.

Sentirse bien en la postura no implica que la asana esté bien. Como dijimos la postura conlleva un equilibrio y simetría de todo el cuerpo. Sin embargo, no es posible asumir que la postura está correcta cuando se sienta correcta. Con frecuencia lo que se siente correcto es tan sólo lo que estamos acostumbrados a sentir. Entonces, si alguien nos pone en una postura mejor nos suele resultar poco familiar e incomoda. Esto hará que queramos regresar a la postura familiar, aunque sea incorrecta y hasta dañina.

Aunque hayamos practicado la meditación por largo tiempo no debemos usar como guía lo que se siente correcto o incorrecto, sino que debemos aplicarnos criterios más objetivos, tenemos que ser serios en revisar con detalle nuestra postura y aprovechar cuando asistimos a la meditación en grupo para poner toda nuestra atención en esos primeros pasos de la práctica en los que se nos insiste en revisar y relajar conscientemente nuestro cuerpo. 

Dolor

Si existe dolor, es signo de que la postura es incorrecta. Es obvio que habrán incomodidades pasajeras, sensaciones de malestar, picores, quejas y dolores que serán mejor ignorar pues sino nunca terminarán, y si no decidimos aguantar y llevar nuestra atención a otra parte nunca llegaremos a asentarnos. Estas molestias, como hemos dicho, están conectadas frecuentemente con cierta agitación interna, así como con una mente desasosegada que se incomoda y se obsesiona con molestias menores. Si nos identificamos con dicha agitación no podremos ni siquiera relajarnos y molestaremos a otras personas que se encuentren meditando en la sala. 

El ejercicio místico de Oriente

Es interesante notar la diferente manera de enfocar el ejercicio físico en Oriente y en Occidente. En Oriente quienes se ejercitan en el dominio de su cuerpo suele ser faquires o yoguis y en Occidente, atletas. En Occidente se considera el ejercicio físico como una manera de desarrollar el cuerpo, músculos y articulaciones; es una práctica que implica un continuo sufrimiento y esfuerzo.

Hay poco reconocimiento de que el ejercicio físico además de ser una obligación o un método de fortalecimiento corporal, pueda ser un camino de meditación que conduzca a un crecimiento psicológico y espiritual. Necesitamos imbuirnos de que la asana es un ejercicio corporal y un ejercicio místico para la meditación.

Para los místicos hindúes el cuerpo es la morada de Brahma. Estos sabios eran conscientes de que, aunque el cuerpo se va deteriorando, sirve de instrumento para alcanzar la realización, y por ello ha de mantenerse en buen estado.

Las asanas purifican el cuerpo y la mente y tienen efectos preventivos y curativos. Su número es incontable, responden a las diferentes necesidades de los sistemas muscular, digestivo, circulatorio, glandular, nervioso, así como de otros sistemas del cuerpo.

Ellas ocasionan cambios a todos los niveles, desde el físico al espiritual. La salud es un equilibrio delicado del cuerpo, la mente y el espíritu. Por la práctica de asanas las distracciones físicas y mentales del sadhaka desaparecen, y se abren las puertas del espíritu.
Las asanas proporcionan salud, belleza, fuerza, firmeza, ligereza, claridad de palabra y expresión, sosiego de los nervios y una alegre disposición. Su práctica puede compararse con el crecimiento de un árbol del mango. Si el árbol ha crecido sano y fuerte, su esencia se encuentra en el fruto. De igual modo, la esencia destilada de la práctica de asanas es el despertar espiritual del sadhaka.

La asana tiene una doble cualidad: la relajación y la atención. Nos conduce a un estado de atención sin tensión y de relajación sin embotamiento ni pesadez. Este estado hace que verdaderamente el cuerpo se convierta en un vehículo para el despertar de la conciencia. 
Con la práctica de la asana comienza la técnica del yoga propiamente dicha. Asana designa la conocida postura que los Yoga-Sûtra (II, 46) definen como “estable y agradable”. Lo importante es que la asana proporciona al cuerpo una estabilidad armónica y a la vez reduce al mínimo el esfuerzo físico. Se regulan los procesos fisiológicos, y se permite de este modo a la atención ocuparse exclusivamente de la conciencia.

Al comienzo, la asana es incómoda y hasta insoportable. Pero, después de algún adiestramiento, el esfuerzo de mantener el cuerpo en la misma posición se torna mínimo. Ahora bien, y esto es de importancia capital: el esfuerzo debe desaparecer. la posición meditativa debe hacerse natural; sólo entonces facilita la concentración. La postura logra la perfección cuando desaparece el esfuerzo para mantenerla, de modo que no haya ya movimientos en el cuerpo.

El asana como técnica característica de la ascesis india se encuentra descrita en las Úpanishad y aún en la literatura védica, pero la alusiones a ella abundan más en la Epopeya y en los Purâna. Actualmente, la asana desempeñan un papel de importancia creciente en la literatura del Hatha-yoga.

El Maestro Samael nos aclara perfectamente las posibilidades del Hatha-yoga: 

"El Hatha-yoga resulta kinder cuando sólo atiende a las necesidades físicas y practica gimnasia. Empero, el Hatha-yoga tántrico ya no es kinder, es de hecho y por derecho propio escuela de regeneración, puesto que se relaciona con el Maithuna y con todas sus shadanas tántricas o sabias posturas mágico-sexuales" 
(Gran manifiesto del tercer año de Acuario).

"Nosotros no condenamos los ejercicios yoguis. Estos son muy útiles y coadyuvan en el desenvolvimiento interior. Empero, toda yoga que no enseñe el Maithuna y las sadhanas tántricas blancas, está incompleta."
 (El Matrimonio Perfecto)

En la mayoría de los tratados del Tantra y del Hatha-yoga se encuentran listas y descripciones de asanas. El objetivo de tales posiciones de meditación es siempre lo mismo: “La cesación absoluta de la perturbación proveniente de los contrarios” (Yoga-sutra, II, 48).

Se obtiene entonces cierta “indiferencia” de los sentidos; la conciencia ya no está perturbada por la “presencia del cuerpo”. Se llega a la primera etapa, hacia la intimidad con la conciencia.

El yogui en el estado de asana puede compararse a una planta o una estatua divina, en ningún caso podría equipararse al hombre a secas, que por definición es móvil, agitado, arrítmico. En el plano corporal la asana es concentración en un sólo punto; el cuerpo está firme, concentrado en una sola posición. Pone fin a las fluctuaciones y a la dispersión de los estados instintivos y mentales, la asana termina con la movilidad y la disponibilidad del cuerpo, reduciendo la infinidad de posiciones posibles que puede adoptar el ser humano a una sola postura, arquetípica, iconográfica. 

La meta inmediata que salta a la vista es la desidentificación o la superación de la condición humana, que resulta del rechazo a conformarse con las inclinaciones humanas más elementales. El rechazo a moverse, a dejarse llevar por la impetuosa corriente de los estados mentales continuará con toda una serie de “rechazos” de todo tipo.

Las asanas del Hatha-yoga

Las asanas representan las piezas claves del Hatha-yoga. Hay tantas como imaginarse pueda, pero ninguna de ella resulta gratuita y todas, desde las más complejas a las más simples, han sido personalmente verificadas por los yoguis.

Todos ellos son beneficiosos aunque indudablemente una veintena de ellos son los verdaderamente fundamentales. Las asana permite un triple control: sobre el cuerpo, las energías y la mente. Hace posible el conocimiento directo y vivencial (no intelectual ni analítico) del propio cuerpo, sus grandezas y limitaciones, y se convierte en medio para rescatar niveles más profundos de consciencia, experimentar el placer de la neutralización sensorial. Tal es el estado de atención pura que conlleva la asana, que permite la captación del aquí y ahora.

Con la asana el cuerpo se hace soporte de meditación, instrumento de concienciación y aún escuela de vida, porque con esa atención directa con que sentimos debemos proceder en la vida cotidiana. Hasta lo que tiene de incómodo y doloroso la asana hasta su perfeccionamiento resulta útil, porque fortalece la voluntad y el carácter. Desde niño habría que comenzar a practicar las asanas.

Toda asana implica unos requisitos muy precisos (movimientos lentos al hacerlo y deshacerlo, respiración pausada, mente fija en una zona del cuerpo y otros), se combate con ellos esa impulsividad que bien lejos está de la auténtica espontaneidad. 

La asana colabora en la integración mente-cuerpo, es un medio para potenciar la unidad psicosomática y proporciona un bienestar tal que por ello el yoga físico gana continuamente en adeptos y practicantes desde los primeros días de práctica. La asana es útil para combatir la tensión acumulada a lo largo del día, es inductorio de relajación profunda y renueva unas energías gastadas o mal empleadas. Si la asana es realizado con plena atención pura, sus implicaciones son, desde luego, mucho más vastas que las meramente fisiológicas. 

La asana armoniza, trabaja sobre las energías, controla músculos y nervios, restablece funciones, equilibra los principios vitales del organismo, ejerce masaje sobre órganos internos, dota elasticidad la musculatura y las articulaciones, abastece de sangre todas las partes del organismo y reporta estabilidad psico-mental.

Debemos aclarar que los tratados normales de Hatha-yoga en Occidente están incompletos, y por mucho que intenten presentarse como una solución físico-espiritual son como un jardín sin flores puesto que les falta la clave principal que el ser humano necesita para regenerarse, les falta las asanas tántricas. Todas las asanas son técnicas preparatorias y adquieren su verdadero objetivo cuando se complementan con el Tantra.


Tipos de asanas en el Hatha-yoga

Asanas de meditación y acción sobre las piernas.
Asanas de flexión de la espina dorsal hacia adelante.
Asanas de flexión de la espina dorsal hacia detrás.
Asanas de flexión lateral.
Asanas de control abdominal.
Asanas de inversión.

Al ser posturas estáticas trabajan a niveles muy profundos y pueden ser ejecutadas por toda clase de personas, cualesquiera que sean su edad o su grado de salud o enfermedad. Es así, naturalmente, el ejercicio ideal para gente mayor y enfermos. A través de la asana hay un mejoramiento orgánico. Todo asana es preventivo de determinados trastornos y, además, hace posible una saludable disciplina que robustece la voluntad y el carácter. Las posturas de yoga son utilizadas en Occidente por su doble efecto benéfico, a nivel físico y a nivel psicológico. Ciertamente, por la relajación que ocasionan infinidad de personas con ansiedad y angustia han encontrado un alivio en la práctica de las asanas.

Las asanas restablecen la armonía tónica básica, equilibran los impulsos nerviosos (los tónicos y los inhibidores), perfeccionan y regulan las diversas funciones del organismo, reactivan el funcionamiento de los órganos internos, pacifican el sistema emocional. 

No es posible pasar a exponer detalladamente cada aplicación fisiológica de cada asana. Sólo ese intento llevaría más de un volumen.

Asanas de meditación y acción sobre las piernas 

Las asanas de meditación son utilizados por todas las ramas del yoga. Son los apropiados para la concentración, la meditación, la repetición de un mantra y el pranayama. Todos ellos ayudan al recogimiento, al repliegue de la atención mental, a la neutralización sensorial y a la estabilidad psicomental. Exigen una respiración pausada y regular, la mayor estabilidad posible del cuerpo, la relajación neuromuscular, mantener la cabeza y el tronco, erguidos y una actitud mental de quietud. Con la práctica, una asana de meditación se vuelve confortable y puede ser mantenido con completa inmovilidad y total relajación neuromuscular. Ello requiere, no obstante, práctica perseverante y disciplina. Sólo la práctica hace posible el perfeccionamiento de una asana.

Todas las tradiciones místicas han observado posturas de meditación. En la India, y en Asia en general, se ha considerado que las posturas yóguicas de meditación son las más adecuadas para interiorizar la mente y conectarse con la conciencia. No hay nada de gratuito en tales posiciones. Son el resultado de milenios de investigación y tales esquemas corporales favorecen tanto la mente como las energías y aún el propio cuerpo. Para llegar a dominar estas posiciones se requiere asiduidad, paciencia y tener fe en que con un poco de esfuerzo uno puede conseguir muchas de las asanas que iremos describiendo. 

Se ha descrito que las asanas de meditación desencadenan los siguientes efectos:

-Dotan de elasticidad los músculos, nervios y articulaciones de las piernas, y mejoran el riego sanguíneo de las mismas.

-Aumentan el riego sanguíneo a la región pelviana desde las bifurcaciones de la aorta abdominal, estimulando los nervios coxígeo y sacro.

-Reducen considerablemente el consumo de anhídrido carbónico.

-Fortalecen el hueso sacro y tonifican las regiones sacra, coxígea y lumbar.

-Enseñan a mantener la columna vertebral erguida, lo que permite una respiración más libre y evita la opresión innecesaria sobre órganos internos.

-Estabilizan las corrientes psicomentales.

Aunque las asanas no pretendan directamente ser técnicas terapéuticas, en Occidente, sobre todo, se han utilizado para prevenir y corregir muchos trastornos. 

Cada una de estas asanas de meditación nos enseñan a prestar atención, a permanecer presentes en lo que estamos haciendo. Las asanas sólo pueden realizarse correctamente si ponemos atención en cada paso que realicemos. A continuación describiremos las asanas más importantes. Son posturas muy sencillas aunque su ejecución, dada nuestra poca flexibilidad, nos resulte bastante dificultosa. A veces, las diferencias de una a otra postura son mínimas. La forma de entenderlas es, más que siguiendo la descripción a nivel mental, animándonos a ejecutarlas físicamente, en el grado que podamos.

Padmasana, la postura de loto

Esta postura es también conocida con el nombre de kamalasana. Kamala, como padma, significa loto. Cuando la asana es ejecutada, presenta el aspecto del loto: de ahí el nombre más conocido de padmasana.

Muchos yoguis consideran que padmasana es la mejor asana para la contemplación. Los Rishis Gheranda, Saudilya y otros, tenían en elevado concepto a esta asana. La Padmasana es apropiada para personas delgadas y jóvenes.

Siéntate con las piernas juntas y estiradas. Flexiona la pierna izquierda y coloca el pie izquierdo sobre el muslo derecho, tan próximo como puedas al abdomen, quedando la planta del pie hacia arriba.
Seguidamente, dobla la pierna derecha y coloca el pie derecho sobre el muslo izquierdo, superponiendo, pues, la pierna derecha a la izquierda. Los talones quedan juntos, muy cerca el uno del otro. 

La columna vertebral y la cabeza deben mantenerse erguidas. Las manos descansan sobre las rodillas o entre los talones, la derecha sobre la izquierda. La rodilla y muslo derecho no deben separarse del suelo. Dirige la mente al entrecejo y cultiva una actitud de interiorización y quietud. Puedes mantener la postura varios minutos, evitando cualquier esfuerzo excesivo.

Tus piernas quedarán literalmente anudadas (y te costará trabajo desanudarlas). Los yoguis de la India cruzan las manos por detrás de la espalda y cogen cada uno de los dedos gordos de los pies con los de las manos. Pero es ésta una perfección poco accesible para un europeo.

Para poder realizar padmasana, generalmente se ha de comenzar con la práctica del medio loto, que consiste en colocar sólo uno de los pies sobre el muslo e introducir el otro debajo del muslo opuesto.

Efectos: Dota de extraordinaria elasticidad a las articulaciones y nervios de las piernas; fortalece y tonifica las regiones sacra y pélvica; favorece el plexo coxígeo y estimula el plexo esplénico; estimula las glándulas sexuales aumenta los jugos gástricos; combate el reuma y la artritis; mantiene el equilibrio de los diferentes elementos orgánicos.
Resulta la postura más ideal para la práctica del pranayama y la meditación; favorece la sublimación de energías; combate las fluctuaciones mentales y hace posible la interiorización.

Siddhasana, la postura perfecta

Sigue en importancia a la padmasana, la siddhasana. Algunos elogian esta asana al punto de considerarla superior a la padmasana, para el propósito de la meditación. Si se lograse dominio sobre esta asana, se adquirirían muchos siddhis (poderes siquicos). Muchos siddhas de antaño la practicaron. Por ello se le llama siddhasana.

La palabra siddha según el Glosario Teosófico de Blavatsky significa: santo, bienaventurado, afortunado; varón perfecto; ser humano que por su alto grado de perfección, saber y santidad ha alcanzado una condición semidivina; un ser semidivino, asceta, yogui o adepto dotado de poderes extraordinarios; vidente, adivino; se da igualmente este nombre a una jerarquía de Dhyân Chohans.

La palabra siddha en sánscrito, también, significa adepto, por eso a esta postura también se la conoce como la "postura del adepto". También se llama la "postura perfecta". Esta es una asana hermosa para la meditación

La forma de realizar esta postura es la siguiente: 

Siéntate en el suelo con la pierna derecha hacia la derecha y dobla la pierna izquierda. Coloca el talón izquierdo, hacia atrás, junto al perineo. La planta del pie permanecerá al lado de la cara interna del muslo derecho. Seguidamente flexiona la pierna derecha y coloca el talón junto al pubis. Los dedos del pie derecho se proyectan a lo largo de la pantorrilla izquierda. Los tobillos quedan cruzados. 

Mantén erguida la columna vertebral y apoya la barbilla sobre el esternón. Aminora el ritmo de la respiración y efectúa con las manos el jñana-mudra (símbolo de la sabiduría). Dirige la mente al entrecejo y mantén una actitud mental de serenidad. Empieza por mantener la postura de uno a varios minutos.

Efectos: Estimula el plexo sacro; abastece de sangre las regiones coxígea, sacra y lumbar; dota de elasticidad las articulaciones de las piernas y fortalece todos los músculos de las mismas; sirve de soporte para la práctica de la concentración y la meditación.

La postura perfecta es una de las posturas más difíciles del yoga.. La siddhasana es dura para un europeo que no se ha ejercitado en ella desde la infancia (como sucede entre los hindúes). Se precisan semanas y meses de esfuerzos perseverantes. Existe un ejercicio preparatorio para poder llegar a realizarla bien

Comencemos partiendo de lo más fácil a lo más difícil. Describimos a continuación otro método más fácil y detallado. Hay que sentarse en tierra, derecho el busto y separar las piernas cuanto sea posible.
Se dobla la pierna izquierda y, ayudándose con las manos, se sitúa la planta del pie pegando al muslo derecho, con el talón lo más cerca posible del pliegue de la ingle. Es esto lo más dificultoso. A fin de facilitar la operación, se puede colocar bajo las nalgas, hacia atrás, un pequeño cojín, o mejor, una manta plegada. Resultará así más cómodo mantener en el suelo la rodilla izquierda.

Se puede también situar el talón bajo el perineo (entonces la manta se impone). De esa forma el pie queda casi enteramente bajo el muslo derecho. Resulta un poco más duro. Con todo, algunos prefieren esta forma de proceder.

Esto no es más que una preparación. Más adelante se ejercitará en poner el pie derecho sobre la pierna izquierda. O, más bien, entre la pierna y el muslo izquierdos, continuando el pie izquierdo bajo el muslo derecho. La dificultad estriba entonces en mantener en el suelo la rodilla derecha. ¡Es difícil, pero se consigue!

La postura secreta

El material necesario (en los comienzos), además de la manta o de la alfombra en que se opera habitualmente, consiste en una almohada bastante larga y un cojín o, mejor, una manta enrollada.

Hay que sentarse en la almohada y deslizar bajo las nalgas la manta enrollada. Separar ampliamente los muslos. 

Doblar la rodilla izquierda y posar la pierna izquierda delante, de forma que el talón se coloque justamente en medio del cuerpo (bajo los órganos) y que el tobillo esté delante de la región púbica (ligeramente por debajo). Así, si se ha ejercitado en tomar la postura indicada en el ejercicio anterior, será necesario que se modifique un tanto, que se separe más los muslos, y situar el talón, hacia la derecha, verdaderamente en el centro y ligeramente deslizado bajo el perineo.
Doblar entonces la rodilla derecha y posar el pie derecho sobre el pie izquierdo, entrecruzados los tobillos. El talón derecho se encuentra también en el centro (o un poco hacia la izquierda; cubre, en parte, los órganos). La punta del pie derecho reposa en la pierna izquierda, o se mete ligeramente entre la pierna y el muslo. Los dedos del pie izquierdo pueden aparecer bajo la pierna derecha, por delante.
La única dificultad es la separación hasta el máximo, impuesta a los muslos (de lo que puede sobrevenir algún dolor en el pubis, dolor que será vencido después, ¡como los demás!).

Las manos se colocan sobre las rodillas. Es necesario que el busto se mantenga bien derecho. Se puede, a fin de ayudarse, apoyar la extremidad inferior de la columna vertebral contra un mueble.

Se mira fijamente ante sí, pestañeando lo menos posible. Se puede igualmente doblar la cabeza y contemplar fijamente el talón o incluso el ombligo. Es de rigor, absoluta inmovilidad.

La postura llamada perfecta en realidad es una variante de la postura secreta. Donde es preciso deslizar el talón izquierdo bajo el perineo, e incluso bajo el ano, y la planta del pie queda vuelta hacia arriba, y en ella reposan el muslo y la cadera derechos.

Hay que sentarse entonces como en la postura precedente tomando el pie derecho con la mano y colocándolo sobre la pierna izquierda; más exactamente, se le mete entre la pierna y el muslo izquierdos, haciendo que los dedos de los pies presionen la pantorrilla.

La manta enrollada bajo las caderas impide cierto “contoneo” y permite permanecer sin demasiado sufrimiento, a caballo sobre el talón.
Notemos que el éxito de estas posturas representa una victoria, y que toda victoria se paga. De unos a otros las dificultades varían mucho. Dependen, evidentemente, de ciertas particularidades anatómicas: largura o grosor de los muslos, adiposidad, etc. Pero más todavía de la voluntad y de la imaginación. Por la noche, antes de dormir, represéntate estas diferentes posturas y la manera de adoptarlas.

Swastikasana, la postura de tobillos entrelazados o postura próspera

Swastika significa "próspero" en sánscrito. Cuando se ejecuta esta postura el entrelazado de los tobillos da la apariencia de swastika.
Siéntate en una manta con cuatro pliegues. En esta postura se debe estar sentado con comodidad y con el cuerpo recto. Estira las piernas al frente. Dobla la pierna izquierda por la rodilla y coloca el talón contra la ingle del muslo derecho de tal manera que la planta del pie permanezca en estrecho contacto con el muslo. De modo similar, dobla la pierna derecha y sitúa el pie contra la ingle izquierda. Inserta los dedos del pie izquierdo entre la pantorrilla derecha y los músculos de los muslos. Esta postura es muy confortable para la meditación. Coloca las manos como en padmasana.

Sukhasana, la postura fácil o postura del sastre

Sukhasana es una postura fácil y confortable para realizar la meditación, ya que lo más importante es que la cabeza, cuello y tronco forme una línea recta. Esto se consigue normalmente cruzando las piernas. Sin embargo, si es necesario, uno puede también sentarse en una silla.

Siéntate en el suelo con las piernas juntas y estiradas. Flexiona la pierna izquierda y coloca el pie izquierdo debajo del muslo derecho. A continuación, dobla la pierna derecha y sitúa el pie debajo de la pierna izquierda. Las piernas, pues, quedan cruzadas. 

Sitúa las manos en las rodillas y mantén el tronco y la cabeza erguidos. Puedes mantener la postura durante un tiempo indefinido, pero evitando las molestias excesivas en las extremidades inferiores.

Esta postura es la más adecuada para la meditación para aquellas personas que tienen muy rígidas las articulaciones de las piernas, y para las de edad avanzada. Predispone para las otras posturas de meditación. Dirige la mente al entrecejo y mantén una actitud mental de interiorización y serenidad.

Efectos: Dota de flexibilidad a las articulaciones de las piernas, sobre todo a la coxo-femoral, tonifica los nervios coxígeos y sacro, facilita la relajación.


Ardha-padmasana, la postura de medio loto

Es esta una de las posturas más apropiadas para la meditación, mucho más al alcance para la mayoría de las personas que la postura de loto, y muy estable y firme.

Siéntate en el suelo con las piernas juntas y estiradas. Flexiona la pierna derecha y coloca el pie sobre el muslo izquierdo. Dobla la pierna izquierda e introduce el pie izquierdo debajo del muslo derecho. Mantén el tronco y la cabeza erguidos. Las manos pueden colocarse en las rodillas o la una sobre la otra junto al abdomen.


Mukthasana o guptasana

Estira las piernas. Dobla la pierna derecha por la articulación de la rodilla y mantén el talón contra el hueso púbico, por encima de los órganos. Dobla ahora la pierna izquierda y colocar el talón por encima del derecho.

Vajrasana

Ponte de rodillas. Siéntate sobre los talones con la columna recta. 

Una variante consiste separar las piernas a cada lado del cuerpo. Para ello, sentado con las piernas juntas y estiradas, flexiona la pierna izquierda hacia fuera y hacia atrás, colocando el pie izquierdo al lado de la nalga izquierda. Después flexiona la pierna derecha hacia fuera y coloca el pie derecho al lado de la nalga derecha. Las manos se sitúan sobre las rodillas y el tronco y la cabeza permanecen erguidos. Si sentarse entre las pantorrillas te resulta demasiado incomodo, únelas y siéntate sobre ellas. Las rodillas deben estar juntas. Regula la respiración y dirige la atención al entrecejo. Se puede realizar esta postura varios minutos.

Efectos: ejerce un profundo masaje sobre la articulación de la rodilla, dotándola de vigor y elasticidad, tonifica las regiones coxigea y sacra. Fortalece los músculos de las caras altas de los muslos.

Bhadrasana, la postura occidental 

Si nos es difícil sentamos en el suelo, por falta de agilidad o porque ya tenemos una cierta edad, está totalmente recomendado meditar sentado en una silla. Es la postura del Budha del futuro, el Budha Maitreya, al que se representa de este modo. Pero aún es este caso, aunque estemos sentados en una silla, debemos mantener una postura correcta. La espalda debe estar perfectamente recta, acercando un poco los omoplatos, lo que permite desplegar el pecho y por otro lado disminuir la presión habitual que se hace sobre los órganos internos, a nivel del abdomen, como hígado y riñones. 

Con el tronco y las piernas formamos un cuatro, las piernas separadas cuelgan hacia abajo rectas, en algunas representaciones de Maitreya se cruzan en equis por el tobillo, y las plantas de los pies bien apoyadas sobre el suelo.

Las manos, brazos y cabeza en las mismas posiciones explicadas anteriormente.

Cuando la espalda está erguida, la mente se encuentra más clara y luminosa. Debemos pues vigilar el no estar encorvados hacia delante, ni hacia atrás, ni hacia la izquierda o derecha, sino permanecer rectos.
El mentón está horizontal y ejerce una ligera presión hacia la nuez de Adán o el cuello. En lo que concierne a los ojos, los dejamos simplemente reposar, sin fijarse en nada en particular, sin cerrarlos ni mantenerlos abiertos, simplemente semiabiertos de forma natural, relajados, sin tensión artificial. La dirección de la mirada varía, sin embargo, según el tipo de meditación que efectuamos. Sí ponemos en práctica a la pacificación mental, shiné, los ojos se dirigen en la prolongación de la mirada hacia el suelo.

Postura del león

Por la noche antes de acostarnos, la meditación nos prepara para el descanso, nos desembaraza de todas las preocupaciones. Si nos entregamos al sueño agitados física y psicológicamente, el sueño no será tan reparador como debiera. De manera que aprovechemos las últimas horas del día para recuperarnos efectivamente a través de la meditación. 

Esta postura es muy propicia para seguir con nuestras practicas esotéricas al acostarnos por la noche. Podemos concentrarnos en Morfeo. Es urgente tener fe y saber suplicar. Nosotros debemos pedirle a Morfeo que nos ilustre y despierte en los mundos suprasensibles. A esta altura comienza a apoderarse del estudiante una somnolencia muy especial, y entonces adopta la postura del león: 

Acostado sobre su lado derecho, con la cabeza apuntando hacia el Norte, recoge las piernas hacia arriba lentamente hasta que las rodillas queden dobladas. En esta posición la pierna izquierda se apoya sobre la derecha; luego coloca la mejilla derecha sobre la palma de la mano derecha y deja que el brazo izquierdo descanse sobre la pierna del mismo lado.

Posición flamígera o de estrella de cinco puntas

Asana. Acuéstese el estudiante sobre una alfombra. Abra sus brazos y piernas a derecha e izquierda hasta quedar como una estrella de cinco puntas. Relaje todo su cuerpo. No piense en nada, ponga la mente en blanco. Concéntrese el estudiante en su Dios interno, comience a orar el Padre Nuestro demasiado lentamente, pensando en el sentido de cada petición, adormézcase hasta llegar al sueño profundo meditando en cada palabra, en cada frase, adorando... adorando... adorando...

Los ojos deben estar cerrados para que las cosas del mundo físico no os distraigan. El sueño debidamente combinado con la meditación resulta muy indispensable para el buen éxito de la meditación.

Es necesario tratar de relajar totalmente todos los músculos del cuerpo y luego concentrar la atención en la punta de la nariz, hasta sentir plenamente el pulso del corazón en ese órgano del olfato, luego seguiremos con la oreja derecha hasta sentir el pulso del corazón en ésta, después continuaremos con la mano derecha, pie derecho, pie izquierdo, mano izquierda, oreja izquierda y nariz nuevamente, sintiendo plenamente el pulso del corazón por separado en cada uno de estos órganos donde hemos fijado la atención.

El control sobre el cuerpo físico comienza con el control sobre el pulso. El pulso del corazón tranquilo se siente de una vez todo en su totalidad dentro del organismo, pero los gnósticos pueden sentirlo a voluntad en cualquier parte del cuerpo, ya sea la punta de la nariz, una oreja, un brazo, un pie, etc.

El control del pulso o control del segundo corazón, se logra totalmente mediante la absoluta relajación de todos los músculos. Mediante la atención podemos acelerar o disminuir las pulsaciones del segundo corazón y los latidos del primer corazón.

El samadhí, el éxtasis, el satorí, se suceden siempre con pulsaciones muy lentas, y en el maha-samadhi las pulsaciones terminan. Durante el samadhí la esencia, el buddhata, se escapa de la personalidad, entonces se fusiona con el Ser y viene la experiencia de lo Real en el vacío iluminador.

Sólo en ausencia del yo podemos platicar con el Padre, Brahma. Orad y meditad, para que podáis escuchar la voz del silencio.

Esta posición de la estrella pentagonal es formidable por su honda significación, pero las personas que por alguna circunstancia no pueden meditar en esta posición, entonces que mediten colocando su cuerpo en posición de hombre muerto.

Savasana, postura de hombre muerto

Esta posición es especialmente aconsejable cuando nuestro cuerpo está muy cansado. Bien hecha, nos recarga rápidamente de energía.

Cuando el cuerpo y la mente están constantemente sobrecargados, disminuyen la eficacia en la ejecución de sus naturales cometidos. La moderna vida social, la comida, el trabajo e incluso las denominadas distracciones, hacen difícil la relajación al hombre civilizado de hoy. No solamente le resulta difícil relajarse, sino que ha olvidado incluso el medio de que se sirve la naturaleza para recargar el cuerpo durante la relajación y el descanso. Incluso mientras descansan, la mayoría de los hombres siguen gastando una enorme cantidad de energía física y mental.

La mayor parte de la energía producida por el cuerpo se malgasta innecesariamente. Por cualquier motivo se malgastan enormes cantidades de energía en inútiles tensiones musculares.

No tiene ninguna utilidad aumentar la energía si va a ser malgastada sin sentido; ya que si aumentamos la producción sin controlar el desgaste inútil, habremos aumentado únicamente la magnitud de este desgaste. Por lo tanto, antes de aprender cualquier ejercicio físico o mental, debiera de aprenderse a observar la tensión muscular innecesaria y a relajarla. Todos los ejercicios de yoga se basan en este principio.

Todas las acciones físicas llevan tensión a los músculos. En ocasiones se observa esta tensión también durante el descanso, sin razón alguna. Cuando alguien aprende a conducir un coche, pone en ello una tremenda tensión física y mental. En sólo quince minutos se cansará, y los músculos le dolerán. Por otra parte, cuando un conductor experimentado conduce durante doscientos kilómetros, apenas siente fatiga, porque en este caso sus músculos han estado relajados durante la conducción. Aunque casi todos nosotros conducimos, solamente unos pocos saben hacerlo con perfecta relajación. Lo mismo puede aplicarse a los campos de las artes, pintura, música, etc. Todos los genios se relajan consciente o inconscientemente durante su trabajo; por este motivo resultan tan eficientes sus obras.

Antes de poder estudiar la relajación, es preciso conocer a su oponente, la contracción. Cuando deseamos ejecutar una acción, para completarla se suceden, una tras otra, cuatro cosas. En primer lugar, un pensamiento se destaca en la mente; digamos, coger un libro de la mesa. Esta onda de pensamiento se transmite al cerebro, y el cerebro envía un impulso a los músculos necesarios para ejecutar la acción, junto con una cantidad extra de energía pránica para estos músculos. El prana viaja por los nervios motores, enriquece los músculos y los impele a trabajar juntos en el mismo fin; finalmente, el libro está en las manos. 

Todas las acciones, conscientes o inconscientes, utilizan cierta cantidad de energía pránica. En la acción consciente, la mente consciente envía un mensaje a la mente subconsciente que inmediatamente obedece a la orden enviando el prana a la parte deseada. Cuando una acción es automática, esto es, cuando la mente consciente no juega ningún papel, la mente subconsciente asume todo el trabajo, enviando la orden y finalizando el cometido. Si la cantidad de energía pránica gastada es mayor de la que el cuerpo puede reponer, éste se siente débil. Esto es un modo de gastar energía.

Otro modo de gastar energía sin ningún movimiento muscular es a través de las emociones, tales como preocupación, aflicción, ansiedad, cólera y avaricia. Nadie está libre de emociones y solamente unos pocos pueden mantenerlas bajo control, al menos, dentro de un límite. Las emociones descontroladas pueden consumir rápidamente el prana almacenado en el cuerpo. Unos pocos minutos de cólera pueden costar más energía que un día completo de labor física. Observad una persona encolerizada; ved cómo todos sus músculos están tensos; notad su respiración irregular, su ceño fruncido y sus ojos inyectados. ¿Hay alguna parte del cuerpo inactiva durante esos momentos? Su corazón late con rapidez; la presión sanguínea aumenta; el sistema digestivo se altera. La explosión repentina de cólera produce un shock en el sistema nervioso. ¡Imaginad cuánta energía se necesita para restaurar el orden en los distintos músculos y órganos que estaban cooperando con las emociones! Este fenómeno no se limita a la cólera; todas las emociones tienen su influencia en el cuerpo. Para una persona que padezca de ansiedad y preocupaciones, ninguna cantidad de tónicos, inyecciones, vitaminas, o dieta equilibrada aportará solución a sus problemas.

Después de que la cólera, la preocupación y la tristeza han desaparecido, todavía hay otro "demonio" esperando engullir energía: se trata de la fatiga mental o tensión. Podemos comparar el desgaste de energía pránica producido por la tensión con el desgaste de agua que se produce al no cerrar un grifo y dejar que gotee hora tras hora. Del mismo modo permitimos que nuestro prana gotee en una continua tensión, lo que, a su vez, produce un desgaste y deterioro de nuestros músculos y órganos internos.

Cuando nos excitan las emociones bajas, la mente mantiene los nervios en constante acción y los músculos tensos, debido a estados mentales desenfrenados y descontrolados. En primer lugar, se malgasta una enorme cantidad de energía, debido a innecesarias actividades que no tratamos de detener ni de controlar y, en segundo lugar, mantenemos a nuestro organismo sometido a constante e inútil tensión. 

Permitiendo estos estados mentales y emocionales, incluso descansando los músculos están en tensión y cuando comenzamos la mínima tarea todo el sistema de músculos entra en acción, como si fuéramos a realizar el más extenuante de los trabajos. En tales condiciones, levantar un libro puede precisar tanta energía como la que sería necesaria para levantar a un hombre grueso; o escribir unas pocas páginas, producir tanto desgaste como si se tratara de escribir todo el libro, debido a nuestro constante desgaste de energía muscular. Observad cómo caminan algunas personas. Los músculos de sus hombros, brazos, piernas y estómago están innecesariamente tensos. También durante el sueño los músculos permanecen tensos y continúan gastando energía, aunque no nos demos cuenta de ello. 

Gastamos más energía en tener los músculos continuamente prestos para la acción, tensos, que en el trabajo útil realizado a lo largo de nuestra vida.

Para regular y equilibrar el trabajo del cuerpo y de la mente, es necesario aprender a economizar la energía producida por el cuerpo, lo cual constituye el principal propósito de la relajación.
Hay que recordar aquí, que nuestro cuerpo produce normalmente en un día, todas las sustancias y energía necesaria para el siguiente día. Pero a menudo ocurre que todas estas sustancias y energías se consumen en unos pocos minutos por medio del malhumor, cólera, irritación, etcétera, cuando alcanzan cierto grado de intensidad. En ocasiones, un simple rapto violento de cólera, puede destruir prácticamente todas las energías del hombre.

Este proceso de erupción y represión de las emociones violentas se convierte, a menudo, en un hábito regular, y el resultado es realmente desastroso no sólo para el cuerpo, sino también para la mente.
Durante la relajación no se consume prácticamente energía o prana, aunque algo se usa en mantener el cuerpo en condiciones normales, mientras el resto se está almacenando y conservando.

Durante la infancia el niño se relaja naturalmente; algunos adultos también poseen este poder de relajación. Tales personas son notables por su resistencia, fortaleza, vigor y vitalidad. Muchos grandes hombres de estado y sabios dependen de su poder de relajación, que les capacita para soportar la tremenda cantidad de trabajo y responsabilidad que pesa sobre sus hombros. Mahatma Gandhi y Swami Sivananda han sido algunos de los mejores ejemplos más recientes.

Observad un gato agazapado delante del agujero de un ratón, en actitud fácil y graciosa, sin ninguna tensión muscular o contracción, pero listo para la acción. Aunque exento de toda tensión en los músculos, el reposo del gato es un reposo vivo, que rara vez falla en el momento de la acción.

Los yoguis utilizan tres métodos para alcanzar la perfecta relajación. Estos métodos son a nivel físico, mental y espiritual. Ninguna relajación es completa hasta que el hombre alcanza el grado de relajación espiritual, que bien conocen los yoguis.

1. Relajación física. Todos sabemos que la acción es el resultado de un pensamiento originado en la mente consciente o subconsciente. Cuando deseamos ejecutar un acto, el pensamiento se genera en la mente, se transmite al cerebro y, simultáneamente, el cerebro telegrafía el mensaje a los músculos a través de los nervios, y aquellos se contraen. Del mismo modo que detrás de la contracción muscular hay pensamiento, también detrás de la relajación existe la vibración de un pensamiento. 

Igual que enviamos un mensaje para contraer los músculos, otro mensaje llevará la relajación a los músculos cansados. Este mensaje es conocido como autosugestión, o sugerir la relajación a los propios músculos y órganos.

2. Relajación mental. La constante tensión a que someten a la mente las innecesarias preocupaciones y ansiedades, se lleva más energía que las tensiones físicas. Durante la tensión mental se debe respirar lenta y rítmicamente durante unos minutos, concentrándose en la respiración. Poco a poco, la mente se calmará y se sentirá una sensación de ligereza, como si nuestro cuerpo fuera una pluma. En este estado se experimenta gran paz y bienestar.

3. Relajación espiritual. Sin embargo, tratando de relajar la mente, no se pueden desechar completamente todas las tensiones y preocupaciones, a menos que se llegue a la relajación espiritual.
Mientras el hombre se identifique a sí mismo con el cuerpo y la mente, habrá preocupaciones, temores, ansiedad y cólera, que, a su vez, comportan tensión. Los yoguis saben que, a menos que el hombre pueda sustraerse a sí mismo la idea del cuerpo y se separe de su ego, no tiene medio de obtener la relajación completa. 

Así pues, en la relajación espiritual hay que sustraerse e identificarse a sí mismo como el ser Todo-penetrante, Todo-poderoso, Todo paz y gozo, que es la pura conciencia dentro de nosotros, porque todas las fuerzas de poder, conocimiento, paz y fortaleza están en el alma y no en el cuerpo. 

El hombre ha sido presa de todas las emociones depravadas de la mente al identificarse a sí mismo con la mente y el cuerpo, y el único medio para liberarse de sus garras es asentar su naturaleza real: "Yo soy la pura conciencia o Ser". Esta identificación con el Ser completa el proceso de relajación. 

Una postura muy recomendable para una total relajación es la de savasana o postura del hombre muerto.

Después de tantos esfuerzos, que requieren las otras posturas para siquiera ejecutarlas por unos instantes, la postura de hombre muerto parece muy simple, pero realizarla como debe ser no es tan fácil y también nos requerirá práctica y paciencia.

Tenderse como un cadáver es todo un arte y más para quien siempre está en tensión. Estamos perpetuamente tensos, incluso extendidos en nuestro lecho o en el sofá no nos relajamos debidamente. ¡Qué más durante nuestras actividades! Raramente nos presentamos naturales, nuestro semblante y nuestro cuerpo no es distendido. 

Savasana (postura cadáver) puede efectuarse extendido o sentado. La posición más recomendable para obtener un grado profundo de relajación física y psicomental es la de decúbito dorsal, boca arriba. Seleccione una superficie firme. Debe evitar una superficie excesivamente dura o blanda. Puede utilizar una manta doblada en cuatro, una alfombra o una moqueta. Extiéndase y trate de colocar su cuerpo lo más cómodo posible. Cuerpo relajado, brazos estirados a lo largo de los costados y pies tocándose por los talones, con las puntas de los pies abiertas, hacia los costados, en forma de abanico. La mandíbula inferior debe quedar un poco caída, de tal manera que, aunque los labios sigan en contacto, se separen los dientes superiores de los inferiores. Cierre los párpados, pero evitando cualquier presión sobre ellos. Sitúe la cabeza en el punto de mayor comodidad, evitando tensiones en el cuello. Regule la respiración y trate de hacerla serena y uniforme.

Dirija la mente a los pies y a las piernas, y siéntalos. No se trata de pensar, sino de sentir, de percibir. Sienta los pies y las piernas. Afloje todos los músculos de los pies y las piernas. Flojos, muy flojos, abandonados, más y más abandonados. Ahora tome consciencia del estómago y del pecho. Todos los músculos del estómago y del pecho deben sumirse en un estado de laxitud y abandono. Asimismo, revise los brazos, la espalda y los hombros. Todos los músculos de estas zonas se van poniendo flojos, muy flojos, completamente flojos, relajados, más y más relajados. Sienta el cuello. Los músculos del cuello blandos y suaves, sin tensión ni rigidez. Ahora revise atentamente las distintas partes de la cara. La mandíbula inferior, ligeramente caída, floja y suelta, abandonada; los labios, fláccidos; las mejillas, blandas; los párpados, relajados, profundamente relajados; la frente y el entrecejo alisados, sin tensión. 

Todos los músculos del cuerpo flojos, sueltos, abandonados, más y más abandonados, más y más abandonados. La respiración lenta, pausada, uniforme, y todos los músculos del cuerpo en un estado de profunda relajación, profunda relajación.

Persista en relajar más y más, insistiendo en sentir y aflojar las zonas que experimenta todavía tensas. A medida que espira, aflójese más y más, más y más. Las palabras mentales no son necesarias. Lo importante es ir tomando consciencia del cuerpo y sumiéndolo en relajación. Trate día a día de profundizar, como si también quisiera relajar los órganos internos. Sienta su cuerpo por zonas y en conjunto. Vigile la respiración, la lengua, los ojos. Acentúe más y más la relajación. Cada vez que el aire salga de los pulmones, abandónese más y más. Es como si la respiración respirara por uno mismo y nos dejáramos mecer por ella y nos sintiéramos más flojos y más abandonados. Es como una ola que va y viene, nos envuelve, nos relaja.

Cuando el cuerpo esté relajado, tiene que tratar de ir silenciando su mente, sin pugnar directamente con ella, sin crear tensión ni conflicto, ignorando los pensamientos intrusos. Debemos parecer un cadáver, sin pensamientos, sin molestias. Cuanto más se relaja el cuerpo y se hace pausa en la respiración, más se acalla y serena el contenido mental.
Puede dedicar a la práctica de relajación de veinte a cuarenta minutos. Antes de abandonarla, debe respirar varias veces profundamente, proponerse salir de tal estado e ir moviendo las diferentes partes del cuerpo poco a poco. 

Nunca debe abandonarse la relajación de manera precipitada. No se preocupe en absoluto por fenómenos que puedan presentarse durante la relajación y que son síntomas de un excelente grado de aflojamiento, fenómenos tales como sensación de peso y liviandad, de calor o frío, pérdida del sentido del tiempo o del espacio, sensación de caída abismal, pérdida de consciencia de un miembro o todo el cuerpo, sensación de desdoblamiento o despersonalización. No tiene absolutamente nada que temer. Al contrario, dé la bienvenida a tales fenómenos si se presentan, porque son signo de progreso en la relajación. Evite las interrupciones.

Efectos: Elimina la tensión física y mental, previniendo así contra todos aquellos trastornos que se derivan de ella y que son muy numerosos. Previene o ayuda a combatir neurosis funcionales y neurastenia, insomnio y estados de irritabilidad, fatiga, agotamiento, fobias, trastornos emocionales, tics, espasmos diversos, perturbaciones cardiacas, determinadas úlceras, depresión y otras alteraciones físicas y psicológicas. 

La relajación neutraliza las tensiones generadas por la sociedad actual. Neutraliza las influencias deteriorantes del mundo circundante: ayudándonos a recogernos y tranquilizarnos, permitiéndonos una renovación interior; es fuente de energías y protege contra tensiones y conflictos externos; estabiliza la acción cardiaca y es método eficaz para prevenir el infarto de miocardio y colaborar eficazmente en la recuperación de aquellas personas afectadas por el mismo; aumenta la capacidad de resistencia y rendimiento del organismo; previene o combate diversos trastornos psicosomáticos, como asma, úlcera, estreñimiento, aerofagia y otros; colabora en la inhibición de los procesos psicomentales y descansa profundamente el centro mental; aumenta la capacidad de concentración y colabora en el desarrollo de la atención pura; facilita la toma de consciencia del propio cuerpo, desarrolla el autocontrol, intensifica los procesos de interiorización, colabora en la reconciliación con uno mismo y ayuda a superar conflictos internos; resulta especialmente útil en situaciones difíciles, como pueden ser una larga convalecencia, momentos de máxima tensión, un accidente, una guerra, etc. Tiende a combatir la angustia en todas sus formas.

En todas las asanas una vez que hemos conseguido una buena relajación del cuerpo y de la mente hemos de mantenernos en un estado de lucidez, de alerta-percepción a la vez que nos vamos impregnando de sueño. Sin cierta dosis de sueño, las meditaciones resultan muy intelectuales y arruinan el cerebro. El sueño debidamente combinado con la meditación resulta muy indispensable para el buen éxito de la meditación.

Para finalizar, podemos comentar, que obviamente las asanas o posturas de meditación no son algo exclusivo de la cultura oriental.
Para hacernos una idea, vamos a mencionar unas pocas asanas propias de otras culturas.

Runas nórdicas

Si analizamos las prácticas de las runas nórdicas podremos evidenciar que en ellas existe pranayama, oración, meditación y cierta postura sagrada. Hay muchas runas, aconsejamos leer el libro "Curso esotérico de magia rúnica".

El Chac Mool azteca 

El Chac Mool del México azteca es maravilloso. Realmente el Chac Mool existió; fue un adepto encarnado, uno de los grandes Iniciados de la poderosa civilización serpentina del antiguo México y de la gran Tenochtitlán.

El sepulcro del Chac Mool fue hallado y sus restos encontrados. Así está fuera de toda duda de que el Chac Mool existió realmente. Si se observa la figura en que está acostado el Chac Mool, veremos que está acostado en la misma posición en que se acostaban los Iniciados egipcios cuando querían salir en cuerpo astral pronunciando el mantram FA-RA-ON. Empero, algo curioso aparece en el ombligo del Chac Mool: es una escudilla o recipiente como para recibir algo. Realmente el plexo solar es maravilloso y el Chac Mool le dejó a la humanidad una gran enseñanza.

Es necesario saber utilizar la energía solar depositada en el plexo solar. Conviene que los aspirantes se acuesten en decúbito dorsal, los pies sobre la cama, rodillas levantadas. Es claro que al poner las plantas de los pies sobre la cama, las rodillas quedan levantadas, dirigidas hacia el cielo, hacia Urania.

El aspirante en esta posición se imaginará que la energía del sol penetra por su plexo solar haciendo vibrar y rotar de izquierda a derecha como las manecillas de un reloj cuando lo miramos de frente. Este ejercicio puede hacerse una hora diaria. El mantra básico de este centro magnético es la vocal U. Esta vocal se puede vocalizar alargando el sonido así: UUUUUUUU. Un plexo solar bien despierto anima a todos los chacras del organismo maravillosamente.

Giros de los derviches

También existen determinadas posturas de meditación que no son estáticas. Por ejemplo, de la cultura musulmana son muy conocidas las danzas de los derviches. Reshad Feild, describe una escena del ritual giratorio de los derviches, de la siguiente manera:

“Comenzó a girar, muy lentamente primero, sus brazos cruzados sobre el pecho. Poco a poco los giros se hicieron más rápidos; luego fue extendiendo los brazos mientras el ritmo aumentaba y el sonido del tambor se hacía más intenso… Estaba en perfecto equilibrio, con la cabeza levemente inclinada hacia atrás y a la izquierda. Sus ojos relucían... En el momento de mayor intensidad, el derviche detuvo su girar de manera repentina. No parecía estar mareado. Simplemente se detuvo, cruzó los brazos sobre el pecho e hizo una profunda reverencia.”

Cuando los giros se hacen más rápidos el derviche despliega los brazos, y los mantiene abiertos, la mano izquierda palma arriba para recibir la gracia de Dios y la derecha palma abajo para pasarla a la tierra. Mientras gira, su mente se concentra en meditación en Dios y en su girar está en calma completa con una firme intención dirigida siempre hacia Dios.

Las inclinaciones y postraciones

Otro aspecto a mencionar son las inclinaciones y postraciones, muy típicas durante las liturgias de los diferentes cultos.

El pranayama egipcio, precisamente se caracteriza por sus postraciones al final del mismo. Concretamente después de realizar seis pranayamas completos, (inhalación-retención-exhalacion por las dos fosas nasales), el devoto se arrodilla en tierra. Coloca las palmas de las manos en el suelo tocándose entre sí los dedos pulgares. Inclinado hacia delante, postrado en tierra, con la cabeza hacia Oriente, apoya su frente sobre el dorso de sus manos, al estilo egipcio. Esta posición se acompaña de la mantralización, por siete veces consecutivas, del mantra RA.

En el culto católico, los monjes de diferentes órdenes han observado, tanto durante el culto como durante sus oraciones privadas o meditaciones, toda una serie de posturas místicas como son las inclinaciones, genuflexiones (de rodillas), postraciones, giros, etc.

Asanas principales de la iconografía hinduista y budista

Las asanas yoguicas, las podemos ver en la rica iconografía hinduista y budista. Deidades, budas y santos son representados en las posturas más variadas, en correspondencia a la enseñanza de la que son transmisores. Las principales asanas iconográficamente son, por orden alfabético:

-Alidhasana (también llamada ardhaparyanka), o postura tensa que se adopta al disparar un arco, soportando todo el peso con la pierna derecha (cuando se hace con la izquierda, se llama pratyalidhasana o natyasana).

- Ardhapadmasana o “de medio loto”, se denominan así a todo un conjunto de posturas en las que no se cruzan totalmente las piernas; por ejemplo, sentado sobre el suelo con las piernas dobladas y pegadas pero sin cruzarse, o semidobladas formando un rombo.

-Bhadrasana o “virtuosa”, más popularmente conocida como “la europea”, "la occidental"; cuando el personajes aparece sentado en un tronco o cualquier otro asiento, con las piernas colgando relajadamente, las rodillas separadas y los pies abiertos o cruzados por los tobillos. Característica del Budha Maitreya.

-Lalitasana, relacionada con el erotismo, aunque es una postura relajada, sentada con una pierna doblada sobre el asiento y la otra colgando; cuando la figura se encuentra en el suelo, una pierna se pliega hacia el hombre y la otra se dobla en el suelo (cuando el personaje es un noble o se sienta sobre un trono, se llama rajalilasana o “postura real”).

-Padmasana, o “postura del loto”, propia de los personajes en meditación, con las piernas entrecruzadas horizontalmente de manera que las plantas de los pies miren hacia arriba. Paryankasana, parecida a la anterior, pero que indica la naturaleza esotérica de la divinidad, pues sólo se ve una pierna, mientras la otra permanece oculta bajo la ropa.

-Pratyalidhasana, que indica desapego por lo material; es un postura erguida, cuando el personaje está de pie con la pierna derecha ligeramente flexionada.

-Sopashryasana es la postura sentada en cuclillas, con los tobillos cruzados, en la que los ascetas pasan mucho tiempo, para lo que se atan las rodillas al cuerpo con un trozo de tela patta.

-Yogamaharajalilasana o “gran postura real de yoga”, en la que las posiciones estáticas y dinámicas se combinan.

Palabras del Dalai Lama

Todos los grandes meditadores de cualquier época nos darán exactamente los mismos pasos que hasta ahora hemos ido explicando, basándonos en las más antiguas tradiciones hinduistas y budistas. Por ejemplo, a modo de resumen y sin especificar una postura concreta, el XIVº Dalai Lama, máximo jefe espiritual y temporal conocido actualmente en el budismo, Tenzin Gyatso, al hablar de la meditación nos recuerda: 

"En primer lugar, observad vuestra postura: disponed las piernas en la posición más cómoda; colocad la columna vertebral tan recta como una flecha. Colocad las manos en la postura del equilibrio meditativo: a cuatro dedos por debajo del ombligo, la mano izquierda abajo y la derecha encima, y los pulgares tocándose para formar un triángulo. Esta colocación de las manos tiene conexión con el lugar donde se genera el calor interno en el interior del cuerpo.
 Con el cuello inclinado ligeramente, dejad que la boca y los dientes estén en su posición normal, con la parte superior de la lengua tocando ligeramente el paladar, cerca de los dientes superiores. Dejad que los ojos miren relajadamente hacia abajo; no es necesario dirigirlos hacia la punta de la nariz, pueden dirigirse hacia el suelo delante de vosotros, si os parece más natural. No abráis los ojos demasiado ni los cerréis con fuerza; dejadlos entreabiertos. A veces se cierran ellos solos; esto está perfectamente bien."

Palabras de Swami Sivananda

Una vez que hemos elegido una postura para nuestra práctica, es interesante retirarse a una habitación tranquila. Hemos de adoptar una postura de meditación o asana que dará estabilidad a nuestro cuerpo y nos ayudará en nuestro objetivo de recogimiento espiritual. Con nuestro cuerpo de aliado, nuestra mente ha de fijarse en Brahma, en el Ser. Solamente entonces seremos constantes en la práctica de la meditación y nos sentiremos dichosos.

Aquellos que lleguen a meditar cuatro o cinco horas de un tirón, pueden tomar dos asanas. Después de dos horas se puede cambiar de asana.

Si somos principiantes debemos empezar por mantener una asana correcta y una mente centrada por diez o quince minutos y luego iremos aumentando el tiempo. Practicando diariamente, en un año se puede dominar una asana con la que permanecer concentrados un par de horas.

El cuerpo obtiene un descanso real con estas asanas. Cuando la asana se vuelve estable, no sentirás el cuerpo. Cuando has alcanzado el dominio sobre la asana ni el frío ni el calor te molestaran.

Hay que sentarse en la asana con el estomago vacío, se puede tomar una pequeña taza de leche o te antes de hacer asana.

No se puede practicar la meditación sin una postura firme.
Si el cuerpo es inestable, la mente también será inestable. Hay una conexión íntima entre el cuerpo y la mente. No se debe mover el cuerpo lo más mínimo. Hay que ser firme como una estatua o una roca.
Si se mantiene el cuerpo, la cabeza y el cuello erecto, la espina dorsal también estará derecha. Y así, si estás establecido firme en tu asiento, en una asana, entonces se pueden realizar con facilidad los ejercicios de pranayama. No serás vencido por el sueño.

¡No más palabras! Retírate a una habitación solitaria. Cierra tus ojos. Ten una profunda y silenciosa meditación. Siente su presencia. Repite su nombre, OM, con fervor, alegría y amor. Llena tu corazón con prema (amor divino), destruye los pensamientos, caprichos, fantasías y deseos cuando se lean en la superficie de la mente.

Interioriza la mente vagabunda y fíjala en el Señor. Entonces la meditación será profunda e intensa. No abras los ojos. No te muevas del asiento. Fúndete en él. Bucea profundamente en los rincones de tu corazón. Sumérgete en el brillante Atman. Bebe el néctar de la inmortalidad. Disfruta ahora del silencio. ¡Hijo del néctar! ¡Regocíjate! ¡Paz! ¡Silencio! ¡Gloria!